Los polinucleótidos ganan espacio en medicina estética bajo un nombre que puede inducir a error. El procedimiento busca mejorar progresivamente la calidad de la piel, aunque la evidencia científica todavía exige cautela frente a algunas promesas
“ADN de salmón” se convirtió en una de esas expresiones hechas para circular en redes sociales. Bajo ese nombre se promociona un tratamiento de medicina estética que promete una piel más hidratada, firme y luminosa, pero lo que se utiliza en realidad son polinucleótidos purificados, no tejido de pescado inyectado directamente en el rostro.
Los compuestos proceden habitualmente de material biológico de salmón o trucha que pasa por procesos de purificación y esterilización. El doctor Cristóbal Carrasco, jefe de Medicina Estética de Clínica Terré, explica que “no se inyecta salmón ni tejido de pescado en la piel” y que el objetivo de los polinucleótidos es estimular los propios mecanismos de reparación y regeneración cutánea.
El interés por estos procedimientos no es completamente nuevo. Los polinucleótidos ya habían comenzado a ganar espacio en la medicina estética chilena, principalmente como una alternativa orientada a mejorar la calidad de la piel sin generar el volumen asociado a algunos rellenos.
No es un relleno ni produce un cambio inmediato
Esa diferencia es relevante. Mientras determinados usos del ácido hialurónico buscan rellenar o definir estructuras, los polinucleótidos apuntan a estimular procesos regenerativos de manera progresiva. Carrasco sostiene que ambos tratamientos incluso pueden ser complementarios, porque persiguen objetivos diferentes.
Tampoco se trata de un resultado instantáneo. Según el protocolo descrito por Clínica Terré, los cambios suelen comenzar a apreciarse después de varias semanas y generalmente se requieren entre tres y cuatro sesiones, separadas por períodos de 14 a 21 días. “No existe un tratamiento estético que detenga el proceso natural de envejecimiento”, advierte Carrasco, quien recalca que los resultados dependen de la edad, tipo de piel, exposición solar, tabaquismo y cuidados cotidianos.
¿Y cuánto respaldo científico existe? Una revisión sistemática publicada en Journal of Cosmetic Dermatology analizó nueve estudios y 219 pacientes y encontró resultados prometedores en textura, arrugas y elasticidad, pero calificó la evidencia disponible como de calidad baja a moderada y pidió investigaciones más rigurosas.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 llegó a una conclusión similar: encontró mejoras en hidratación, elasticidad y algunos parámetros de textura, sin complicaciones graves en los ensayos analizados, pero solo pudo reunir cinco estudios y 315 pacientes. Los propios investigadores advierten que todavía faltan estudios más amplios y protocolos estandarizados.
Por eso, el principal riesgo del “ADN de salmón” puede estar también en el nombre y las expectativas que genera. Es un procedimiento médico mínimamente invasivo y no una fórmula milagrosa de rejuvenecimiento. Carrasco recuerda que “que sea mínimamente invasivo no significa que esté exento de riesgos” y que su indicación debe considerar una evaluación previa, el producto utilizado y la capacitación del profesional que realiza las microinyecciones.



