Por Felipe Martin C. Director Ejecutivo en MAS Recursos Naturales
Pasé gran parte de mi niñez y juventud en la orilla del Lago Vichuquén, cuyas aguas forman parte esencial de mi historia personal y comunitaria. Por eso, ver su cierre administrativo hasta 2026 y su estado crítico por cianobacterias representa un símbolo de fracaso colectivo en la gestión ambiental. La imagen de un lago teñido de verde, con el turismo paralizado y la vida comunitaria en pausa, refleja una crisis que no supimos detener a tiempo.
Esta crisis no surgió de la noche a la mañana. Tal como confirma el Informe Técnico del Instituto Forestal (INFOR), existe evidencia social y ambiental ignorada por años. El levantamiento en terreno ratifica cambios físicos drásticos tras el terremoto de 2010, salinidad del agua, malos olores y pérdida de biodiversidad, elementos percibidos cotidianamente por la comunidad. Los vecinos han observado rellenos ilegales y ausencia de alcantarillado, mientras autoridades y privados miraban hacia otro lado.
El diagnóstico técnico trasciende lo ambiental y expone fallas estructurales de gobernanza. Pese a esfuerzos y acuerdos voluntarios, la gestión de la cuenca ha sido fragmentada e ineficiente. El informe es categórico al advertir vacíos normativos en calidad ambiental, falta de planes reguladores adecuados y ausencia de una solución sanitaria integral. Además, la politización de la apertura de la barra del estero Llico ha desviado el foco desde soluciones estructurales basadas en evidencia científica.
La recuperación de Vichuquén no se logrará con medidas de emergencia, sino mediante una gobernanza clara, colaborativa y vinculante. Es urgente avanzar hacia la declaratoria de “Área Degradada”, activando los instrumentos de la Ley 21.600, e implementar un Comité de Gestión Ecosistémica con participación efectiva de la comunidad. Solo así será posible ejecutar la “Acción Madre”: regular científicamente la barra y cortar los flujos contaminantes.
No existe economía local viable sobre un ecosistema colapsado. Esta crisis debe transformarse en un modelo de gestión territorial basado en ciencia y voluntad política. Con la convicción de aportar a la recuperación urgente del Lago Vichuquén, confío en que ha llegado el tiempo de las acciones concretas y no de más palabras.
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