El fenómeno arrancó techumbres, dañó el Colegio Tricahue y dejó a miles de clientes sin electricidad. Mientras vecinos intentan proteger sus casas ante nuevas lluvias, autoridades evalúan daños y preparan ayudas para iniciar la difícil recuperación comunal
La tarde del lunes terminó entre techumbres arrancadas, árboles caídos y familias intentando recuperar lo que había quedado de sus viviendas. En Villa Jardín, uno de los sectores más golpeados de Requínoa, los vecinos comenzaron a retirar escombros mientras crecía la preocupación por las lluvias anunciadas para las siguientes horas. El tornado había pasado cerca de las 17:30, dejando a su paso daños que transformaron la rutina de esta comuna de la Región de O’Higgins en una emergencia.
El fenómeno fue clasificado preliminarmente por la Dirección Meteorológica de Chile como un tornado EF2, asociado a vientos de entre 179 y 218 kilómetros por hora. El primer balance de Senapred identificó alrededor de 70 viviendas afectadas, daños severos en el Colegio Tricahue, postes eléctricos derribados y una persona con lesiones leves. La magnitud de los destrozos llevó a declarar alerta roja comunal y activar una respuesta coordinada entre autoridades nacionales, regionales y municipales.
La emergencia también dejó en evidencia la dependencia de las comunidades respecto de servicios esenciales y de la capacidad de respuesta pública. Las interrupciones eléctricas, los problemas de conectividad y la necesidad de disponer rápidamente de materiales para reparar viviendas recordaron las dificultades territoriales para acceder oportunamente a servicios básicos, especialmente cuando un fenómeno extremo altera simultáneamente la vida doméstica, la actividad económica y el funcionamiento de los establecimientos educacionales.
Un colegio destruido y decenas de familias afectadas
Uno de los impactos más visibles ocurrió en el Colegio Tricahue, donde el viento destruyó parte importante de las instalaciones. El alcalde de Requínoa, Waldo Valdivia, confirmó daños en el gimnasio, techumbres y ventanales, además del desplazamiento de un contenedor hasta una vía pública. Pese a la violencia del fenómeno, no se reportaron estudiantes lesionados en el establecimiento.
Los sectores de Villa Jardín y Los Perales también concentraron afectaciones. En algunas viviendas desaparecieron las cubiertas y quedaron materiales dispersos sobre calles y propiedades. La prioridad de las familias pasó rápidamente de dimensionar los daños a conseguir protección para sus hogares, mientras los equipos municipales comenzaban a identificar las necesidades más urgentes y las autoridades confirmaban la suspensión de clases en Requínoa para este martes 27 de octubre.
Cortes eléctricos y una noche de emergencia
La interrupción del suministro eléctrico añadió dificultades a las labores de recuperación. CGE informó que inicialmente 8.046 clientes quedaron sin energía, cifra que comenzó a disminuir durante la tarde y noche del lunes. La caída de postes y los daños en las redes complicaron las reparaciones, mientras se dispuso atención prioritaria para personas electrodependientes y se evaluó el uso de generadores.
La delegada presidencial regional, Susana Pinto, reconoció las dificultades para recuperar rápidamente el servicio. “Va a ser difícil la reposición durante la noche en este sector en particular”, señaló, al anunciar la instalación de torres de iluminación y el apoyo de equipos técnicos. También se coordinó presencia policial para resguardar los sectores afectados y facilitar los trabajos de despeje.
El impacto se extendió al transporte. Los daños en las inmediaciones de la infraestructura ferroviaria obligaron a suspender servicios entre Rancagua y San Fernando, alterando los desplazamientos de pasajeros. La emergencia dejó así consecuencias que superaron las viviendas directamente alcanzadas por el tornado.
La respuesta del Estado y el desafío de recuperar los hogares
El director regional de Senapred, Marcelo Montesinos, informó el despliegue de materiales para reparaciones de emergencia, incluidos plásticos protectores, planchas de zinc y kits para techumbres. A ello se sumó la coordinación de apoyo del Ejército para retirar escombros y colaborar en las primeras reparaciones. Paralelamente, el municipio y el Ministerio de Desarrollo Social comenzaron a levantar las Fichas Básicas de Emergencia (FIBE), necesarias para evaluar los daños y determinar la eventual entrega de ayudas económicas a las familias.
El Gobierno también anunció la visita del ministro de Vivienda y Urbanismo, Iván Poduje, para este martes, mientras continúan las evaluaciones de infraestructura y necesidades habitacionales. Las medidas inmediatas apuntan a proteger los inmuebles y recuperar servicios, pero el alcance de las reparaciones definitivas dependerá del catastro y de los recursos que finalmente se movilicen.
En Requínoa, la recuperación comienza con necesidades concretas: volver a tener techo, electricidad y condiciones seguras para vivir. Para las familias afectadas, las ayudas anunciadas deberán traducirse en soluciones oportunas, antes de que nuevos episodios de lluvia agraven los daños.
La emergencia también devuelve actualidad a las preocupaciones de O’Higgins por los recursos destinados a proyectos y necesidades comunales. Más allá de la respuesta inicial, el desafío para las autoridades será sostener la recuperación hasta que las familias puedan regresar a su vida cotidiana, una tarea cuyo resultado se medirá en los hogares reparados y los servicios efectivamente restablecidos.



