Cerrar menú
  • Inicio
  • Agenda Pública
  • Negocios y Empresas
  • Territorios
  • Diálogos de Poder
  • PL Mujer
  • Opinión
  • Radar de Poder
Quiénes somos | Publicidad | Suscríbete
Facebook X (Twitter) Instagram YouTube LinkedIn WhatsApp
Quiénes somos | Publicidad | Suscríbete
LinkedIn X (Twitter) Facebook Instagram YouTube WhatsApp
Poder y Liderazgo
  • Inicio
  • Agenda Pública
  • Negocios y Empresas
  • Territorios
  • Diálogos de Poder
  • PL Mujer
  • Opinión
  • Radar de Poder
Poder y Liderazgo
Columnas

El modelo hace agua, la presión rompe la calle

Editor General25 de octubre de 2026Actualizado:25 de octubre de 2026
Carlos Cantero O. Doctor en Sociología y Geógrafo
Compartir
Facebook Twitter LinkedIn Email
Agrega Poderyliderazgo.cl como tu fuente favorita de noticias en Google

Por Carlos Cantero O. Geógrafo y Doctor en Sociología


Todo empezó con estudiantes movilizados en las aulas, conscientes de sus razones, distintas en cada caso. Pero hay un mínimo común: la desigualdad, el deterioro de los bienes públicos, el abandono del bien común, la falta de probidad y la corrupción. El fenómeno cruza América Latina y tiene dimensiones globales.

América Latina vive esta tensión en versión extrema. Según la CEPAL, es la región más desigual del planeta, atrapada entre bajo crecimiento, desigualdad persistente e instituciones débiles. Aquí el gradiente es más empinado y la válvula más obturada: millones protestan y millones emigran, con todas sus consecuencias.

Chile, el “oasis” de América Latina -como lo llamó el presidente Piñera días antes-, estalló el 18 de octubre de 2019 al grito de “No son 30 pesos, son 30 años”. Treinta años de crecimiento con graves desigualdades, servicios deficientes, derechos sociales privatizados y un ascenso social que no llegó a las mayorías. Las cifras brillaban; la vida cotidiana no. Ese malestar convocó a más de un millón de personas a las calles.

Como se ha hecho habitual, la derecha denuncia el ataque artero de la izquierda; cuando gobierna la izquierda, ocurre al revés. Y la izquierda, invariablemente, intenta apropiarse del malestar. Con frecuencia, tras esos reventones de violencia se imponen gobiernos de derecha o ultraderecha.

La izquierda exhibe organizaciones de alcance global, con mayor coordinación, unidad, solidaridad y vocación de alianzas. Es lo que llamo la función HUB, la capacidad de actuar como nodo que conecta y coordina causas diversas, en redes distribuidas. Pero ambas tendencias equivocan su análisis y su diagnóstico.

La pugna social es más profunda y compleja: es un repudio transversal a la forma de ejercer el poder político. El modelo de desarrollo capitalista es indudablemente mejor al favorecer la libertad, el emprendimiento y la iniciativa privada. Pero requiere ética, sentido de justicia social y equilibrio entre el bien privado y el bien público para el fortalecimiento de los bienes comunes básicos. ¿Qué presión acumulada convierte un reclamo estudiantil en una revuelta nacional?

En relación con las movilizaciones y reivindicaciones, hay que decirlo con fuerza: ¡la violencia es inaceptable! Existen grupos radicalizados y anárquicos que dan rienda suelta a impulsos irracionales de destrucción y saqueo. Pero en el análisis no puede confundirse la chispa con el combustible. Delincuentes y antisociales no crean el malestar, lo aprovechan abusiva y criminalmente. Apagar la chispa sin retirar el combustible solo posterga el próximo estallido.

En septiembre de 2026, secundarios de la periferia norte de París protestaron por la falta de profesores y el deterioro de sus liceos. El 17 de octubre, más de medio millón marchaba por Francia: profesores, padres, sindicatos, jubilados y antiguos chalecos amarillos. Hubo barricadas, saqueos, el ayuntamiento de Limoges en llamas y más de dos mil detenidos.

En Albania, una protesta universitaria derivó en revuelta contra la corrupción. En Bélgica, estudiantes rechazan recortes en educación, salud y prestaciones. En Italia, la consigna es directa: “Dinero para las escuelas, no para la guerra”. En España, la muerte de una anciana desalojada de su casa a los 87 años desató un clamor por la vivienda: “Ni una Maricarmen más”. En Bolivia, el alza del diésel; en Serbia y Filipinas, la corrupción.

Propongo leer estas revueltas con la ley del gradiente. En física, los fluidos van de las zonas de alta a las de baja presión y, a mayor diferencial entre ambas, mayor fuerza, velocidad y energía del flujo. En lo socioeconómico, la presión se acumula donde confluyen la frustración, las promesas incumplidas, los bienes públicos de mala calidad, la corrupción ideológica y la asfixia cotidiana. Si las instituciones y la política no abren cauce, la presión busca salida en la calle o en la frontera: protesta o migración.

Ted Robert Gurr lo explicó con la privación relativa: la gente no se rebela por la miseria, sino por la distancia entre lo que cree merecer y lo que recibe. Recurro a Maturana y Varela para completar el cuadro: la sociedad es una red viva e interdependiente; si una parte se desequilibra, todo el sistema lo resiente. La protesta es el intento, a veces violento o desesperado, del cuerpo social por recuperar el equilibrio.

El patrón de la chispa gatillante se repite. La crisis de 2008 rompió el contrato: rescate para los bancos, austeridad para los ciudadanos. En Túnez, en 2010, el vendedor Mohamed Bouazizi se inmoló tras ser humillado por la policía y encendió la Primavera Árabe contra la autocracia, la corrupción y la falta de futuro.

En 2011, los indignados del 15-M, afectados por el desempleo y los recortes, gritaban “No nos representan”, y Occupy Wall Street denunciaba la concentración de la riqueza: el 1% frente al 99%. En 2013, Brasil estalló por el alza del pasaje y los gastos del Mundial: “No son 20 centavos”.

En 2018, los chalecos amarillos reaccionaron contra un impuesto al combustible y expusieron la fractura entre periferia precarizada y élite desconectada. En 2019, la ola se globalizó: Ecuador, por el fin del subsidio a los combustibles; Líbano, por un impuesto a WhatsApp que destapó décadas de corrupción; Irak, por desempleo y servicios inexistentes; Hong Kong, en defensa de sus libertades; Colombia, contra reformas que cargaban a los mismos de siempre.

Luego, Sri Lanka en 2022, donde el colapso económico obligó a huir al presidente; Perú, donde el sur andino excluido se rebeló tras la caída de Castillo; Kenia en 2024, donde jóvenes irrumpieron en el Parlamento contra nuevos impuestos; y Bangladesh, donde una protesta por cuotas en el empleo público derribó al gobierno.

En 2025 se alzó la Generación Z: en Nepal, contra el bloqueo de redes sociales y los privilegios de la élite; en Madagascar, por los cortes de agua y luz; en Marruecos, por hospitales en vez de estadios; en Perú, contra la corrupción y la inseguridad. Geografías y regímenes distintos; el mismo mínimo común.

Manuel Castells, en “Redes de indignación y esperanza”, identificó el hilo común: movimientos sin líderes, coordinados en las redes, que expresan indignación antes que un programa. La sociedad digital acelera el proceso. El gradiente ya no se intuye: la desigualdad se ve, se compara y se siente, y la emoción viaja más rápido que la razón. A eso se suman la vacuidad de referentes de justicia, la ausencia de liderazgos altruistas y autoridades despreciadas, sin seguidores, abandonadas por sus votantes a meses de su triunfo.

El modelo hace agua por sus propias grietas. Thomas Piketty demostró que, cuando el rendimiento del capital supera al crecimiento, la riqueza se concentra y se hereda. Joseph Stiglitz advirtió que la desigualdad no es un accidente del mercado, sino fruto de reglas diseñadas por quienes más tienen.

Branko Milanovic mostró con su curva del elefante que la globalización elevó a las élites y estancó a las clases medias y trabajadoras de los países desarrollados. Ahí están los movilizados de todo el mundo.

Peter Mair constató que los partidos abandonaron su función de puente entre la sociedad y el Estado. Colin Crouch lo llamó posdemocracia: las formas siguen intactas, pero las democracias no funcionan; las decisiones se toman en círculos cerrados de élites ajenas. Cuando el ciudadano constata que la equidad es solo retórica, la legitimidad se quiebra, por igual a izquierda y derecha. La salida no está en más represión, demagogia ni corrupción ideológica.

Hay que reducir el gradiente con un piso común de dignidad -educación de calidad, salud oportuna y digna, trabajo decente, vivienda y seguridad- bajo el cual nadie caiga por el lugar donde nació. Y una reconstrucción ética de la representación o, dicho sin rodeos, de la política, lo político y los políticos, que devuelva el bien común al centro. Es tarea del Estado, la empresa, la sociedad civil y la ciudadanía.

De Túnez a Santiago, de Nairobi a Ciudad de México, la calle repite el mismo mensaje en idiomas distintos: es la presión de millones que sienten que la izquierda y la derecha les negaron el futuro. La pregunta no es quién tiene la culpa, sino si sabremos leer el gradiente antes que la próxima chispa haga estallar la sociedad, aquí o allá.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor (a) y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poderyliderazgo.cl


 

Print Friendly, PDF & Email

Artículos relacionados

Pedro Carvallo. Observatorio Social, Universidad del Alba

“Así es la cosa no más”: la resignación frente al futuro

25 de octubre de 2026
Carmen de la Maza. Directora ejecutiva de Fundación ALMA

El compromiso lector exige invertir en las familias

25 de octubre de 2026
Cristhian Acori. Seremi de Energía Región de Coquimbo

Tarifas eléctricas: Un alivio para el bolsillo familiar

22 de octubre de 2026
DIÁLOGOS DE PODER
Guillermo Holzmann, analista internacional, examina los riesgos del Escudo de las Américas para la autonomía de Chile, las relaciones con Estados Unidos y China y las inversiones estratégicas.

Guillermo Holzmann: “Si no negocia bien, Estados Unidos va a imponer lo que quiere”

CASINO MONTICELLO
LO MÁS LEÍDO
“Así es la cosa no más”: la resignación frente al futuro
Caída del fondo E abre frente penal: Fiscalía recibe denuncia contra AFP
Histórico: María Soledad Acevedo es la primera mujer general del Ejército en 216 años
Mapa del empleo femenino revela las desigualdades regionales de Chile
Más recursos, menos autonomía: Contraloría, Servel y Fiscalía cuestionan restricciones de Hacienda
Atacama busca convertir inversión minera en contratos para proveedores locales
HUMOR GRÁFICO POR TOPO LAGOS
RED PACTO GLOBAL CHILE
PROYECTO ILUSTRADOR

Recibe nuestra selección editorial

Noticias, entrevistas y análisis seleccionados por Poder y Liderazgo directamente en tu correo.

loader
Poderyliderazgo.cl

Revista digital independiente de información y análisis sobre poder, liderazgo y territorios, con una mirada nacional desde las regiones y foco en las decisiones públicas y privadas que inciden en el desarrollo de Chile.

[email protected]

+56 9 7212 8299

SECCIONES
  • Agenda Pública
  • Negocios y Empresas
  • Territorios
  • Diálogos de Poder
  • PL Mujer
  • Opinión
  • Quiénes Somos
  • Política de Privacidad
SÚMATE A NUESTRA COMUNIDAD DIGITAL
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
  • YouTube
  • LinkedIn
  • WhatsApp
© 2016 - 2026 Poderyliderazgo.cl. Todos los derechos reservados. Un medio de Consorcio Periodístico Regional SpA.

Type above and press Enter to search. Press Esc to cancel.