El analista internacional advierte que el Escudo de las Américas podría condicionar inversiones, seguridad y relaciones comerciales. Cuestiona la falta de una estrategia nacional para negociar con Washington sin comprometer los vínculos económicos de Chile con China
Por Daisy Castillo Triviños
La incorporación de Chile al Escudo de las Américas, la iniciativa impulsada por Estados Unidos para enfrentar el crimen organizado transnacional, abrió un debate que va mucho más allá de la cooperación policial. Las inversiones, el acceso a minerales críticos, las relaciones comerciales con China y la autonomía del Estado forman parte de un escenario donde las decisiones de política exterior pueden tener consecuencias directas sobre la economía nacional.
Para el analista internacional Guillermo Holzmann, el problema no radica únicamente en los compromisos que asuma el gobierno del presidente José Antonio Kast. Su preocupación apunta a una debilidad estructural: Chile construyó su inserción internacional sobre la apertura comercial y los tratados de libre comercio, pero carece, a su juicio, de una estrategia de largo plazo para enfrentar la creciente competencia entre las grandes potencias.
En conversación con Poderyliderazgo.cl, Holzmann examina las consecuencias de esta nueva relación internacional, marcada por la controversia sobre los alcances económicos y políticos del Escudo de las Américas. También advierte sobre los riesgos para la minería, la energía y la agroindustria, así como el papel que deberán cumplir el Congreso y las instituciones del Estado para resguardar los intereses nacionales.
Chile frente a la nueva estrategia de Estados Unidos
¿Qué cambia para Chile con el Escudo de las Américas y la nueva política exterior de Donald Trump?
Donald Trump representa una disrupción en el sistema internacional. La acción unilateral de Estados Unidos debilita las normas que estaban vigentes hasta ahora y hace prevalecer su posición en las relaciones con los demás países.
Estados Unidos sigue siendo una potencia global con capacidad de incidencia sobre todo el sistema internacional. Lo que estamos viendo es un debilitamiento del multilateralismo y de las instancias de cooperación entre las naciones. El manejo de los aranceles demuestra cómo Washington establece condiciones que obligan a los países a negociar directamente.
Chile basó históricamente sus relaciones internacionales en el comercio, la apertura de mercados y los tratados de libre comercio con Estados Unidos, China y muchas otras naciones. Ese esquema privilegiaba el comercio por sobre las materias de seguridad.
Sin embargo, las estrategias de Seguridad y Defensa Nacional estadounidenses, junto con el Escudo de las Américas, cambian esa lógica. Estados Unidos plantea una negociación bilateral integral, donde el comercio se vincula con la seguridad, la migración, el medioambiente y la lucha contra el crimen organizado.
¿Qué dificultades enfrenta Chile para negociar bajo esas condiciones, considerando sus relaciones con Washington y Pekín?
Chile se encuentra en una situación compleja porque tiene como socios principales a Estados Unidos y China, y necesita negociar con ambos.
Esto genera dificultades para la Cancillería, los ministerios de Defensa, Agricultura y Minería, y para la propia Presidencia de la República. Nosotros negociamos tradicionalmente esas materias de manera diferenciada, mientras Estados Unidos propone abordarlas integralmente.
Chile intenta concentrar la negociación comercial en los aranceles y procurar que estos se reduzcan, pero existe un reconocimiento implícito de que Estados Unidos establece sus propias condiciones.
Lo lógico sería que esa negociación se desarrollara bajo el paraguas del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, incluso incorporando acuerdos específicos. El problema es que no existe suficiente claridad pública sobre la estrategia con que el Estado chileno pretende enfrentar esta negociación.
China, inversiones y desarrollo regional
¿Qué riesgos enfrenta Chile si Estados Unidos comienza a condicionar sus relaciones comerciales y las inversiones provenientes de China?
Si Chile no logra que la negociación se haga bajo el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, va a quedar en una situación muy compleja para negociar con China.
Si conseguimos mantener esa lógica con Washington, podríamos utilizar el mismo criterio bajo el tratado que tenemos con China y establecer acuerdos específicos que sean compatibles con los intereses de ambos países.
Chile está en una encrucijada respecto de qué intereses quiere privilegiar. En seguridad mantiene una integración directa con Estados Unidos, mientras que comercialmente presenta una mayor integración con China. Pero necesita de ambos en términos de inversiones, exportaciones y desarrollo de su plataforma productiva.
Detrás de estas negociaciones también aparecen los tipos de empresas que participan en Chile, sus propietarios finales y el origen del financiamiento. A Estados Unidos le interesa preferentemente que no haya insumos ni financiamiento chino en determinadas áreas estratégicas.
Eso configura un escenario de riesgo para nuestro país, porque debemos compatibilizar las inversiones existentes, las oportunidades futuras y los compromisos de seguridad con Estados Unidos.
¿Cómo podrían afectar esas exigencias a la minería, la energía y las regiones donde se concentran los principales proyectos de inversión?
Es fundamental saber qué va a pasar. Si Chile no negocia bien, Estados Unidos va a imponer lo que quiere, y eso va a significar una situación crítica para nuestro país en su relación con China.
Particularmente, puede afectar las proyecciones de inversión en minerales y recursos energéticos. Ahí puede surgir un problema a nivel regional, con las gobernaciones y con las regiones donde se concentran esos recursos y proyectos.
El asunto ya no está solamente en la seguridad, sino en el comercio, las inversiones y los impactos sobre sectores como la minería, la agroindustria y las actividades agropecuarias.
Lamentablemente, no existe mayor información pública respecto de cómo Chile está enfrentando esas materias. Las consecuencias de una negociación inadecuada podrían complicar no solamente a este gobierno, sino también al siguiente.
Autonomía, Congreso y estrategia de largo plazo
¿El Escudo de las Américas podría comprometer la soberanía chilena mediante operaciones extranjeras o reformas exigidas por Estados Unidos? ¿Qué papel debería cumplir el Congreso?
Dentro de estos mecanismos existen posibilidades de realizar operaciones conjuntas, pero Estados Unidos no va a colocar tropas en otros países si no existe aprobación de las respectivas naciones.
Chile no está en una situación donde necesite una intervención de esas características y Estados Unidos tampoco considera que la requiera. Además, nuestro país dispone de mecanismos propios de cooperación regional, como el Acuerdo de Santiago y distintos instrumentos bilaterales y multilaterales.
El asunto más complejo aparece en los compromisos institucionales y legislativos. Chile probablemente tendrá que avanzar en modificaciones de su sistema penal, tipificar determinados delitos, fortalecer la persecución de organizaciones criminales y establecer sanciones más severas.
Ahí entra el Congreso. Las decisiones corresponden al Ejecutivo, pero algunas medidas pueden requerir cambios legislativos importantes.
Estados Unidos va a presionar para fortalecer las capacidades institucionales contra el crimen organizado, pero también para proteger sus inversiones. Chile debe considerar no solamente lo que exige Estados Unidos, sino también lo que conviene a sus propios intereses nacionales.
Usted sostiene que Chile carece de una estrategia de política exterior de largo plazo. ¿Cuál es la principal consecuencia de esa debilidad?
Chile mantuvo históricamente una posición de independencia y pragmatismo, pero muy dependiente del juego de las potencias y de cómo se mueve el sistema internacional.
La política exterior chilena no tiene definidos intereses nacionales de largo plazo. Tiene intereses basados en valores y principios, pero no una estrategia que haya sido consensuada con la élite política o en el Congreso.
Tenemos lo básico: Chile defiende su territorio y puede avanzar en soberanía efectiva conforme a sus capacidades, pero depende considerablemente del sistema internacional.
Los países que no definen intereses nacionales de largo plazo quedan más expuestos a las condiciones que establecen las grandes potencias. Eso ocurre con buena parte de América Latina, aunque Brasil representa, de alguna manera, una excepción.
Frente a ese diagnóstico, ¿qué fortalezas tiene Chile para defender sus intereses y qué debería hacer el Estado?
Chile tiene una opción concreta, basada en la credibilidad que posee dentro de la institucionalidad internacional, más allá del debilitamiento que esta pueda experimentar.
También cuenta el respeto que Estados Unidos tiene por Chile, por su posición internacional y por la cantidad de recursos que posee nuestro territorio, que son fundamentales desde el punto de vista geoestratégico.
Pero hoy la forma en que Chile comunica sus estrategias es bastante débil. Si uno lee la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, encuentra una definición clara de lo que ese país pretende. Chile debería tener algo parecido desde su propia perspectiva, pero eso no lo tenemos.
Por lo tanto, el asunto queda necesariamente en el ámbito político y político-partidista, donde una oposición y un oficialismo buscan cohesión, pero terminan condicionados por las relaciones con Estados Unidos y China.
El gobierno está preocupado de su programa, pero no existe suficiente claridad respecto de la incidencia estratégica que puede tener el Escudo de las Américas. Eso puede complicar no solamente a esta administración, sino también a la siguiente.
Chile frente a una disputa que definirá su autonomía estratégica
La advertencia de Holzmann excede la coyuntura del Escudo de las Américas. Chile debe resolver cómo proteger su inserción internacional cuando Washington vincula cada vez más la seguridad con el comercio y las inversiones, mientras China mantiene una posición determinante en las exportaciones nacionales. La controversia por el cable submarino entre Chile y China y las advertencias estadounidenses refleja cómo la competencia entre ambas potencias puede influir sobre decisiones de infraestructura y desarrollo económico.
Para las regiones mineras, energéticas y agroindustriales, las consecuencias potenciales también son relevantes. Las perspectivas del próximo ciclo de inversiones mineras dependen de condiciones regulatorias, financiamiento y acceso a mercados internacionales.
La interrogante que deja el análisis de Holzmann es si Chile conseguirá transformar sus ventajas económicas y geoestratégicas en capacidad de negociación, o si las decisiones de las grandes potencias terminarán condicionando el desarrollo de sus territorios.



