El proyecto Chile–China Express activó sanciones de EE.UU. y un debate sobre seguridad de datos. Washington ve riesgos de espionaje; Beijing busca ampliar su huella digital. Para Chile, el desafío es convertir conectividad, resiliencia y menor latencia en productividad, inversión y desarrollo regional sostenible
El proyecto Chile–China Express, impulsado por China Mobile para conectar Valparaíso con Hong Kong mediante un cable submarino de fibra óptica, sacó a Chile del plano técnico y lo puso en el centro de una disputa estratégica entre Estados Unidos y China. Lo que parecía una iniciativa de conectividad pasó a ser un caso de infraestructura crítica con implicancias políticas, económicas y de seguridad.
La controversia escaló cuando el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, afirmó que la iniciativa podría “minar la seguridad regional”, y Washington resolvió revocar las visas al ministro de Transportes y Telecomunicaciones, Juan Carlos Muñoz; al subsecretario de Telecomunicaciones, Claudio Araya; y a su jefe de gabinete, Guillermo Petersen.
Desde la embajada en Santiago, Brandon Judd defendió la medida señalando que “es nuestra decisión soberana quién entra a nuestro país”. La respuesta del Ejecutivo chileno fue una nota de protesta y un mensaje directo del Presidente Gabriel Boric: el Gobierno “jamás ha realizado ningún tipo de actividad que socave la seguridad ni de Chile ni de ningún otro país” y “Chile es y será autónomo en las decisiones que tome”.
En tabto, la embajada de China en Chile respondió con dureza y acusó a Washington de interferir en decisiones soberanas del país, señalando que la medida refleja un “desprecio por la soberanía, la dignidad y los intereses nacionales de Chile”.
Desde la legación china añadieron que el proyecto es de cooperación económica y tecnológica, y que politizar la conectividad solo daña la confianza y el desarrollo, rechazando que exista un riesgo de seguridad como el descrito por EE.UU.
Del proyecto técnico al conflicto político: sanciones, soberanía y transparencia
En el Congreso, el diputado Jaime Mulet (FRVS) endureció el tono y pidió citar a Muñoz y Araya para que entreguen explicaciones públicas. “Lo que está pasando es realmente grave: alguien le ha mentido al país, probablemente le mintieron también al Presidente de la República”, afirmó.
Luego cuestionó el procedimiento administrativo: “Aquí hay versiones absolutamente contrapuestas y contradictorias… no es un trámite cualquiera, se le estaba haciendo un trámite exprés a una empresa de la República Popular China”, agregando que concesiones de este tipo suelen tardar años y no semanas.
Mulet también pidió aclarar si “se firmó un decreto y luego se retiró”, criticó el carácter reservado del proceso y remarcó que “alguien acá no ha dicho la verdad y eso es lo más grave”. Cerró con un llamado institucional: “Hay que defender la soberanía de Chile siempre, pero la soberanía es completa, de todos”. Con ello, la discusión dejó de ser solo regulatoria y se convirtió en un debate de gobernanza y confianza pública en torno a proyectos estratégicos.
Por su parte, el senador y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, Iván Moreira (UDI), criticó con dureza la medida de EE.UU. de revocar las visas a tres funcionarios chilenos por el proyecto del cable submarino.
Moreira afirmó que, si bien “hay que fortalecer la relación con Estados Unidos”, no puede basarse en “presiones y disuasión” por un proyecto que, a su juicio, se enmarca en las normas legales chilenas y no puede justificar sanciones diplomáticas.
El legislador enfatizó que que condicionar así las relaciones bilaterales por una iniciativa tecnológica es “incompatible” con una cooperación estratégica entre ambos países.
Cables submarinos y su rol tecnológico
| Cable | Ruta principal | Impacto clave |
|---|---|---|
| Chile–China Express (propuesto) | Valparaíso – Hong Kong | Conexión directa Sudamérica–Asia; menor latencia y diversificación de rutas, con debate por infraestructura crítica. |
| Humboldt | Valparaíso – Polinesia Francesa – Sídney | Primer enlace SA–Oceanía; hub digital y mayor resiliencia del sistema. |
| SAm-1 | EE.UU. – Chile – Brasil – Argentina | Backbone interamericano histórico; redundancia y continuidad de servicio. |
| 2Africa | África – Europa – Medio Oriente – Asia | Megacable global; salto de capacidad y reducción de costos mayoristas. |
| Marea | Virginia Beach – Bilbao | Baja latencia y gran capacidad para nube y contenidos. |
Infraestructura crítica, datos y desarrollo: el dilema estratégico de Chile
Detrás de la advertencia de Washington hay tres ejes. El primero es el control de infraestructura crítica: los cables submarinos transportan más del 95% del tráfico mundial de internet, incluyendo comunicaciones gubernamentales, transacciones financieras y datos empresariales. Para EE.UU., quien controla la red tiene potencial acceso a información sensible o capacidad de interrumpir comunicaciones en escenarios de tensión.
El segundo eje es la influencia del Estado chino sobre sus empresas. Autoridades estadounidenses sostienen que la legislación de China obliga a compañías y ciudadanos a cooperar con las agencias de inteligencia cuando el gobierno lo requiere.
Bajo ese criterio, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) ha reiterado —y volvió a reafirmar en 2025— que China Mobile representa “riesgos sustanciales e inaceptables para la seguridad nacional”, por su eventual vulnerabilidad a presiones estatales para facilitar actividades de inteligencia, incluso fuera de su territorio.
El tercer elemento es geopolítico. La advertencia de Marco Rubio de que el proyecto podría “minar la seguridad regional” refleja que los cables submarinos se han convertido en un nuevo espacio de competencia global. La lectura en Washington es que una red con fuerte presencia china aumenta la influencia tecnológica y política de Beijing y reduce los márgenes de maniobra de sus competidores.
Desde el punto de vista de los riesgos concretos, los reguladores estadounidenses enumeran cuatro: intercepción de datos, vulnerabilidades tecnológicas (incluida la instalación de “puertas traseras”), dependencia tecnológica de infraestructura crítica y capacidad de interrupción del flujo de información en escenarios de crisis.
Al mismo tiempo, el proyecto tiene incentivos claros. Para China, un enlace directo entre Valparaíso y Hong Kong expande su huella digital en el Pacífico Sur y abre una puerta hacia Sudamérica, donde el mercado de datos de Brasil representa un objetivo estratégico.
Para Chile, el Ejecutivo ha puesto sobre la mesa tres beneficios: mejor conectividad con Asia (menor latencia y menos dependencia de rutas vía EE.UU. o Europa), desarrollo de un hub digital regional (atracción de centros de datos, inversión y empleo especializado) y diversificación de infraestructura para ganar resiliencia. Este enfoque convive con el cable Humboldt, impulsado junto a Google para unir Sudamérica con Oceanía, que refuerza la estrategia de no depender de una sola ruta.
Riesgos y beneficios en disputa
| Dimensión | Argumento de EE.UU. | Incentivo para China | Impacto potencial en Chile |
|---|---|---|---|
| Datos | Riesgo de intercepción y puertas traseras | Ampliar huella digital | Menor latencia y mejores servicios |
| Infraestructura | Dependencia y capacidad de interrupción | Reducir dependencia de rutas occidentales | Resiliencia con múltiples rutas |
| Geopolítica | “Seguridad regional” | Más influencia tecnológica | Hub digital, inversión y empleo |
Conectividad como ventaja competitiva: una hoja de ruta para el crecimiento
La discusión por el Chile–China Express confirma que la conectividad es hoy una palanca de competitividad país. Para una economía pequeña y abierta, más y mejores rutas de datos no son un lujo: son condición para subir productividad, atraer inversión, escalar exportaciones de servicios y fortalecer polos tecnológicos regionales. El desafío estratégico es convertir infraestructura en ventaja sistémica, con reglas que aseguren seguridad, interoperabilidad y continuidad operacional.
En esa línea, Víctor Oelckers, gerente general de Inchcape Shipping Services, manifestó que el proyecto Chile–China Express es fundamental para la autonomía digital de Chile, dado que “mejora la conectividad de Chile en Internet. Hoy día Chile es totalmente dependiente de Estados Unidos, los únicos cables que tenemos de fibra óptica submarina para conectarnos al mundo dependen de Estados Unidos. Esto permitiría ampliar la cobertura y disminuir el riesgo en caso de que le pasara cualquier cosa a esos cables”.
En este escenario, para Chile se traduce obligadamente en una política de Estado: estándares de ciberseguridad y gobernanza de datos, auditorías independientes, transparencia en concesiones y una arquitectura de múltiples rutas que reduzca riesgos.
La decisión que tome Chile no solo ordenará su mapa de cables; definirá su posición en la economía digital del Pacífico y su capacidad de crecer con autonomía en un contexto de competencia entre potencias.



