Tarapacá y Aysén registran las mayores tasas de notificación del país, mientras el aumento entre personas mayores amplía la preocupación sanitaria. Una solicitud parlamentaria exige explicar qué ocurre con la prevención, el diagnóstico y la respuesta territorial
La sífilis sigue avanzando en Chile y comienza a revelar un problema que va más allá del aumento de los contagios. En algunas regiones, las tasas de notificación prácticamente duplican el promedio nacional, mientras la infección también crece entre personas mayores de 60 años, un grupo tradicionalmente menos considerado en las campañas preventivas.
La enfermedad tiene tratamiento y puede curarse, pero su persistencia abre interrogantes sobre el acceso a información, los hábitos de prevención y la capacidad del sistema sanitario para detectar oportunamente nuevos casos.
La preocupación adquirió una dimensión política en Aysén, donde el incremento acumulado de las notificaciones llevó a solicitar explicaciones al Ministerio de Salud. La pregunta no es menor: ¿existe una mayor propagación de la infección o los servicios sanitarios están identificando casos que anteriormente pasaban inadvertidos? Distinguir ambas situaciones resulta fundamental para determinar qué medidas deben reforzarse y cómo distribuir los recursos disponibles.
El último informe epidemiológico anual del Ministerio de Salud contabilizó 11.155 casos de sífilis en Chile, con una tasa de 55,2 por cada 100.000 habitantes, el mayor nivel de la década examinada. Las cifras corresponden a 2025 y constituyen el último balance anual comparable disponible. Más allá de ese registro, la evolución sostenida de la enfermedad y sus diferencias territoriales plantean un problema sanitario que permanece vigente.
Tarapacá y Aysén encabezan las tasas regionales
El mapa de la sífilis muestra realidades considerablemente distintas. Tarapacá registra 90,3 casos por cada 100.000 habitantes y Aysén alcanza 90,1, situándose como las regiones con mayores tasas de notificación. Ambas superan en aproximadamente un 63% el promedio nacional. También destacan Antofagasta, Arica y Parinacota, Coquimbo y Valparaíso, con indicadores superiores al conjunto del país.
En Aysén, la tasa aumentó 8,8 veces durante el quinquenio examinado por el Ministerio de Salud, pasando de 10,2 a 90,1 casos por cada 100.000 habitantes. La magnitud de esa evolución motivó la intervención de la diputada Alejandra Valdebenito, quien solicitó a la Subsecretaría de Salud Pública un análisis técnico de las causas y antecedentes sobre los programas de prevención, pesquisa, tratamiento y seguimiento, incluidos sus plazos, cobertura territorial y presupuesto.
La solicitud, contenida en el oficio N.º 23118, todavía no registra una respuesta en el sistema público de la Cámara de Diputadas y Diputados. Su importancia radica en establecer si la evolución de la enfermedad requiere ampliar los exámenes disponibles, mejorar las estrategias de prevención o fortalecer ambas líneas de intervención. La situación también refleja la necesidad de adaptar las decisiones sanitarias a cada territorio, una materia vinculada con la mayor participación de las regiones en la planificación de la red pública de salud.
Casos y tasas de sífilis por región
| Región | Casos | Tasa por 100 mil |
|---|---|---|
| Tarapacá | 371 | 90,3 |
| Aysén | 98 | 90,1 |
| Antofagasta | 510 | 70,6 |
| Arica y Parinacota | 185 | 70,2 |
| Coquimbo | 598 | 67,2 |
| Valparaíso | 1.326 | 65,0 |
| O’Higgins | 608 | 58,8 |
| Atacama | 186 | 58,0 |
| Magallanes | 102 | 55,4 |
| Metropolitana | 4.604 | 54,3 |
| Maule | 615 | 52,1 |
| Biobío | 813 | 48,1 |
| Los Ríos | 195 | 47,1 |
| La Araucanía | 450 | 43,4 |
| Los Lagos | 366 | 39,9 |
| Ñuble | 126 | 24,1 |
| Total nacional | 11.155 | 55,2 |
Fuente: Ministerio de Salud, informe epidemiológico anual 2025. El total incluye dos casos sin región de residencia identificada.
El comportamiento también presenta contrastes en la zona centro-sur. O’Higgins registró 608 casos, frente a los 524 del período anterior, mientras Maule pasó de 254 a 615 notificaciones. Magallanes, por el contrario, disminuyó de 126 a 102 casos. Estas variaciones muestran que el aumento nacional no representa una trayectoria uniforme y que cada territorio requiere una evaluación específica de sus factores de riesgo y capacidad diagnóstica.
La enfermedad también crece entre personas mayores
La mayor concentración de diagnósticos continúa entre personas de 20 a 39 años, pero la evolución entre mayores de 60 años introduce una preocupación adicional. En las mujeres de ese grupo, la tasa de notificación se duplicó, pasando de 14,4 a 28,8 casos por cada 100.000 habitantes. Entre los hombres, las notificaciones aumentaron de 419 a 909 durante el período analizado.
El investigador de la Universidad de Talca, Sergio Wehinger, llamó la atención sobre la velocidad del crecimiento en una población históricamente menos considerada en las campañas preventivas. El académico enfatizó que “la sexualidad no termina a determinada edad. La educación, el uso de preservativo y la prevención de las infecciones de transmisión sexual tampoco deberían terminar”.
La advertencia adquiere especial relevancia en un país que envejece y donde las políticas sanitarias deben adecuarse a una población con necesidades cada vez más diversas. La prevención de infecciones de transmisión sexual forma parte de esa realidad, aunque suele recibir menor atención que otras prestaciones vinculadas con las enfermedades crónicas y los cuidados. El cambio demográfico que experimenta Chile obliga a incorporar también la salud sexual de las personas mayores.
El problema no se limita a la edad. La infección puede producir lesiones pequeñas e indoloras que pasan inadvertidas, facilitando su transmisión cuando no existe un diagnóstico oportuno. Aunque la sífilis es curable mediante antibióticos, superar la enfermedad no genera inmunidad y una persona puede volver a adquirirla si se expone nuevamente.
Desde el Hospital Clínico de la Universidad de Chile, el inmunólogo Alejandro Afani, director del Centro de VIH, vinculó el aumento de las infecciones de transmisión sexual con la menor percepción de riesgo y las insuficiencias en educación sexual. El especialista sostuvo que “Hace falta fortalecer las campañas de educación sexual y entregar información clara sobre prevención, tanto del VIH como de otras infecciones de transmisión sexual”.
La preocupación también alcanza a las mujeres y su acceso a herramientas preventivas. Afani advirtió sobre el bajo uso y la escasa difusión del preservativo femenino, mientras estudios recientes identifican diferencias entre hombres y mujeres en el uso habitual de protección. La prevención aparece así como un problema que combina información, conductas individuales, relaciones de pareja y capacidad de los servicios sanitarios para orientar y acompañar a la población.
La prevención y la respuesta sanitaria bajo examen
La evolución de la sífilis deja una señal que difícilmente puede abordarse únicamente mediante campañas generales. Las diferencias entre regiones, el incremento entre personas mayores y la concentración de casos en adultos jóvenes obligan a revisar cómo se distribuyen los esfuerzos de diagnóstico y prevención, especialmente en territorios donde las tasas superan ampliamente el promedio nacional.
La infección también puede transmitirse durante el embarazo, con consecuencias graves para el feto cuando no existe diagnóstico y tratamiento oportuno. En este ámbito, las notificaciones de sífilis congénita disminuyeron de 67 a 29 casos dentro del período examinado, una evolución favorable que contrasta con el incremento general de la enfermedad y demuestra la importancia de mantener controles y mecanismos de detección específicos. La prevención de infecciones también forma parte de la agenda legislativa sobre salud reproductiva y diagnóstico temprano.
El sistema público dispone de mecanismos de diagnóstico y tratamiento, pero la permanencia de tasas elevadas plantea interrogantes sobre el alcance efectivo de esas prestaciones. La existencia de herramientas médicas no garantiza que todas las personas conozcan los riesgos, accedan oportunamente a exámenes o mantengan las medidas necesarias para prevenir nuevas infecciones.
La fiscalización iniciada desde Aysén introduce una pregunta que puede extenderse al resto del país: ¿qué información dispone la autoridad para distinguir entre un aumento real de la transmisión y una mayor capacidad de detección? Esa diferencia resulta decisiva para evaluar las políticas existentes y determinar si los recursos están llegando a los territorios y grupos de población que más los necesitan.
Chile enfrenta así una enfermedad conocida, tratable y prevenible, pero cuya evolución demuestra que el problema está lejos de resolverse. Las cifras permiten identificar dónde se concentran las mayores tasas y qué grupos presentan incrementos preocupantes. La tarea pendiente es comprender las causas, cerrar las brechas de prevención y convertir esa información en medidas sanitarias capaces de modificar la trayectoria de la infección.



