Con 1.500 integrantes y presencia en todo Chile, la Gran Logia Femenina busca ampliar su voz pública. Su Gran Maestra aborda poder, desigualdad, cuidados y las razones por las que todavía considera necesarios espacios propios para mujeres
La Gran Logia Femenina de Chile nació en 1983 y durante sus 43 años de trayectoria extendió su presencia de Arica a Punta Arenas. Actualmente reúne a 1.500 mujeres, cuenta con 40 logias en Chile, una extraterritorial en Perú, cinco comités y un triángulo, además de vínculos con organizaciones de otros países de América Latina.
María Andrea Villalobos encabeza la institución durante el período 2026–2028. Periodista de la Universidad de Chile, fundó hace doce años el Departamento de Comunicaciones de la organización, lo dirigió hasta 2024 y fue asesora comunicacional de las tres Grandes Maestras anteriores.
La conversación sobre su papel se cruza con un debate que excede a la propia masonería. Aunque más mujeres alcanzan posiciones de liderazgo, las brechas de representación e influencia siguen presentes en directorios y espacios de decisión. Villalobos plantea que esos avances son reales, pero insuficientes mientras la distribución del poder continúe mostrando diferencias entre hombres y mujeres.
En entrevista con Poderyliderazgo.cl, aborda el sentido de mantener una masonería exclusivamente femenina, la relación entre poder e influencia, las desigualdades asociadas al trabajo y los cuidados, y el lugar que las mujeres pueden ocupar en una sociedad donde, afirma, todavía necesitan espacios propios para reflexionar, organizarse e incidir.
Usted asumió este año como Gran Maestra de una institución integrada exclusivamente por mujeres. ¿Qué significa para usted ejercer ese liderazgo y qué sello quiere imprimir a su gestión?
La Gran Logia Femenina de Chile es una institución que tiene 43 años y es especialmente en los últimos años en que hemos logrado crecer hasta todas las capitales regionales del país. Hoy está integrada por 1.500 mujeres muy diversas en edades, profesiones y trabajos; también diversas en ideas políticas y religiosas, pero muy unidas en una búsqueda de transformación interior profunda.
Se trata de un trabajo que apunta a una mayor conciencia individual, pero siempre con el objetivo de aportar a la sociedad, desafío acuciante en el mundo complejo que hoy vivimos. Mi objetivo como Gran Maestra en estos tres años es seguir creciendo y fortaleciéndonos como una organización con una voz laica y que refleje nuestra mirada librepensadora.
En lo interno, tenemos también demandas acuciantes, principalmente casas donde trabajar. Nosotras nos mantenemos con nuestras propias cuotas sociales y es difícil contar con lugares donde trabajar.
La masonería ha estado históricamente asociada a espacios de influencia, formación de liderazgos y reflexión sobre los asuntos públicos. Desde su posición, ¿cómo entiende usted el poder y qué diferencia existe entre ejercerlo, influir y simplemente ocupar posiciones visibles?
Efectivamente, hubo grandes aportes de masones ilustres, especialmente en el período de construcción de nuestra República, quienes impulsaron leyes laicas y referidas a una educación más accesible para todos; y también durante el Siglo pasado tuvimos presidentes masones que impulsaron el fomento de la educación, de mayor igualdad para las mujeres y de industrialización y fomento a la economía del país, como es el caso de Pedro Aguirre Cerda.
Pero no es el caso de la masonería de mujeres, si bien nos dedicamos semanalmente a la reflexión sobre variados temas relativos a lo humano, se centra más en el proceso de crecimiento interior. Más bien, nos definiría como una espiritualidad de carácter laico.
Nosotras buscamos formar mujeres lideresas y empoderadas, capaces de influir en sus entornos con una propuesta de entendimiento y diálogo en las comunidades o microespacios donde desarrollan sus vidas.
La masonería nació como una institución esencialmente masculina y la propia Gran Logia Femenina sostiene que las mujeres todavía necesitan espacios propios de reflexión. ¿Por qué sigue siendo necesaria una masonería exclusivamente femenina en el Chile de 2026 y qué dice eso sobre nuestra sociedad?
Por supuesto, si nos comparamos con un Siglo atrás, hay avances en muchos campos para las mujeres, pero es una realidad que la sociedad sigue siendo patriarcal. Los problemas de injusticia y desigualdad afectan a hombres y mujeres, pero sin duda que para nosotras siempre es más duro: el desempleo nos ataca más a nosotras, los salarios son más bajos para las mujeres y enfrentamos más trabas para acceder a puestos de mayor responsabilidad. Esto, sin hablar de temas como la violencia o el cuidado, donde las mujeres habitualmente están en desventaja.
Nosotras necesitamos espacios propios de reflexión, donde no sólo impere la fraternidad, sino también la sororidad. No es fácil pedirle a una mujer que trabaje, cuide a sus hijos y a sus padres, se preocupe de la casa y, además, dedique tiempo a sí misma para reflexionar sobre los fenómenos humanos, de la naturaleza y del universo.
Para nosotras es un verdadero privilegio este espacio protegido y lo queremos preservar así, por lo menos, en este momento.
Hoy vemos más mujeres encabezando empresas, instituciones, universidades y organismos públicos. ¿Ese avance refleja una transformación real en la distribución del poder o las principales decisiones del país continúan concentrándose mayoritariamente en estructuras masculinas?
Pienso que existe una transformación real en la distribución del poder. Hoy, vemos mujeres presidentas de organismos gremiales, muchas mujeres diputadas y senadoras, juezas, ministras y presidentas de organismos del Estado, pero aún resta mucho por avanzar como para decir que las decisiones fundamentales son equitativas en materia de género. Todavía son los hombres quienes tienen mayor influencia en las decisiones sociales.
La Gran Logia Femenina defiende el libre pensamiento y plantea que sus integrantes no deben permanecer ajenas a los grandes temas de la sociedad. Desde esa mirada, ¿cuáles son hoy los debates sobre mujeres, igualdad y participación que Chile todavía no está abordando con suficiente profundidad?
Creo que el cambio cultural donde más resta por avanzar es el del Cuidado, siempre son las mujeres quienes deben “sacrificarse” por la familia, sean hijos o padres por los que deben velar. Sin duda que, generalmente, es un acto de amor el que las mujeres prefieran quedarse en la casa y no salir a trabajar, pero también es, porque ganan menos y la sala cuna no es universal y sigue ligada a la madre.
La baja natalidad del país no tiene por qué ser responsabilidad de las mujeres en forma individual cuando se trata de un tema de Estado. Las mujeres son un aporte real al PIB.
Cuando termine su período como Gran Maestra en 2028, ¿qué transformación quisiera haber dejado dentro de la institución y qué mensaje espera que la masonería femenina pueda transmitir a las nuevas generaciones de mujeres que aspiran a liderar e incidir en la sociedad?
Mi sueño es que seamos muchas más para transmitir valores que nos definen como humanidad: la justicia, la igualdad, el respeto, la tolerancia, la empatía y la capacidad de escuchar al otro/a como legítimo otro/a. La Masonería es un camino válido como muchos otros, pero lo que nos distingue es que nuestra aspiración es llevar a la práctica los valores que propugnamos, no sólo dejarlo en el ámbito contemplativo.
A la sociedad le falta más amor y humanidad como decía nuestra gran Gabriela Mistral y, en ese sentido, deseamos hacer realidad este sueño, cada una en su ámbito, aquí y ahora.
Una voz que buscará ampliar su alcance
El período que Villalobos proyecta hasta 2028 abre una etapa en que la Gran Logia Femenina buscará crecer y fortalecer una identidad que durante cuatro décadas se desarrolló principalmente desde espacios propios. La posibilidad de ampliar esa presencia también puede situar su mirada sobre igualdad, cuidados y participación dentro de una conversación pública donde el liderazgo femenino comienza a medirse cada vez más por capacidad de influencia y no solo por representación numérica.
Ese tránsito tendrá una dimensión interna, vinculada al crecimiento de la organización, pero también otra hacia la sociedad. A medida que nuevas generaciones de mujeres ocupen espacios profesionales, gremiales y ciudadanos, la construcción de liderazgos capaces de incidir en decisiones seguirá ganando relevancia, especialmente en ámbitos donde las estructuras de poder todavía muestran diferencias entre hombres y mujeres.



