Radar de Buk advierte que el promedio nacional oculta brechas profundas entre territorios: norte minero con mayores ingresos, sur agrícola con informalidad crítica y zonas metropolitanas donde el empleo formal pierde dinamismo pese a concentrar la mayor ocupación privada.
Chile no tiene un solo mercado laboral. Tiene varios, superpuestos, desiguales y cada vez más difíciles de explicar desde el promedio nacional. Mientras el país registra una desocupación de 9,1% y acumula 40 meses consecutivos sobre el 8%, las regiones muestran realidades que avanzan en direcciones distintas: territorios donde la minería empuja salarios sobre la media, zonas agrícolas donde la informalidad se instala como salida de sobrevivencia y grandes centros urbanos donde el volumen de empleo formal puede esconder señales de deterioro.
Esa es la principal advertencia del Radar del Mercado Laboral de Buk, análisis que procesa datos administrativos y anonimizados de nómina de más de 860 mil trabajadores, equivalentes al 18% del empleo privado formal del país.
El informe muestra que en el último trimestre se perdieron 39 mil empleos formales, mientras el empleo informal aumentó en 107 mil puestos, una señal que refuerza una lectura incómoda: parte relevante de las nuevas ocupaciones está naciendo fuera de la protección del empleo regulado, mientras las empresas también enfrentan una creciente brecha de talento.
El dato nacional, por sí solo, ya no alcanza. Según Buk, la brecha entre regiones llega hasta 88% en la mediana salarial, con diferencias que separan de manera nítida al norte minero del sur agrícola. Atacama alcanza una mediana de $1.710.000 y Antofagasta llega a $1.700.000, ambas por sobre la mediana nacional de $1.350.000. En el otro extremo, Ñuble apenas alcanza $909.000, más de $800.000 por debajo de Atacama.
Tres mercados bajo un mismo promedio
El informe identifica al menos tres realidades laborales. La primera corresponde al norte minero, integrado por Antofagasta, Atacama, Coquimbo y Tarapacá, donde los ingresos son más altos, pero la rotación también muestra un mercado más volátil. Antofagasta registra una rotación laboral de 26,7%, casi el doble del promedio país, que llega a 14,7%. La zona paga más, pero también se mueve más rápido, presionada por ciclos productivos intensivos y una fuerte competencia por trabajadores.
La segunda realidad está en el sur agrícola, donde la baja movilidad no necesariamente significa estabilidad. La Araucanía registra una rotación de 8,6% y Ñuble de 9,1%, cifras inferiores al promedio nacional, pero asociadas a menores oportunidades formales para cambiar de empleo. Esa lectura se vuelve más crítica cuando se observa la informalidad: 34,7% en La Araucanía y 30,5% en Ñuble, ambas por sobre el promedio nacional de 27%.
La tercera está en las regiones que concentran el empleo formal privado: Región Metropolitana, Valparaíso, Biobío y Maule. En conjunto reúnen el 65% del empleo formal privado, con un peso determinante de la Región Metropolitana, que por sí sola concentra el 45%. Ese volumen puede ordenar el promedio nacional, pero también suavizar señales de retroceso, como la caída real de 1,3% en los salarios de la Región Metropolitana, pese a mantener una mediana de $1.390.000.
| Zona laboral | Señal principal | Dato clave |
|---|---|---|
| Norte minero | Mejores salarios, alta rotación | $1.710.000 en Atacama |
| Sur agrícola | Baja movilidad, informalidad crítica | 34,7% en La Araucanía |
| Regiones centrales | Alta concentración, deterioro salarial | 65% del empleo formal privado |
Informalidad bajo la lupa
Los hallazgos fueron analizados en un conversatorio con representantes del sector público y privado, entre ellos el director del Trabajo, David Oddó, y el fiscal de la Sociedad Nacional de Agricultura, Manuel Ignacio Hertz. La preocupación central estuvo puesta en la pérdida de dinamismo del empleo formal y en el avance de ocupaciones informales, especialmente en territorios donde las oportunidades reguladas son más escasas.
“La informalidad y las cifras actuales nos preocupan de sobremanera. Está dentro de nuestros planes de trabajo atacar estos temas con fuerza. También mantener el empleo formal, pero tenemos foco en destinar gran parte de nuestros recursos a la informalidad”, señaló David Oddó, director del Trabajo.
Desde el mundo agrícola, Manuel Ignacio Hertz, fiscal de la Sociedad Nacional de Agricultura, apuntó a las dificultades normativas para contratar trabajadores en sectores donde la temporalidad y la demanda de mano de obra generan presiones específicas. “Hoy día la nueva ley de migraciones, de alguna manera, ha puesto una camisa de fuerza que hace muy compleja la contratación. El límite del 15% para trabajadores extranjeros en empresas de más de 25 personas también es una complejidad. Eso ayuda harto a no promover la formalidad”, advirtió.
La discusión toca un punto sensible para las políticas públicas: la formalización no depende solo de fiscalización, sino también de condiciones productivas, regulatorias y territoriales. Una misma regla puede operar de manera distinta en una zona minera, en una región agrícola o en un centro urbano con alta concentración de servicios. Por eso, el informe plantea que el diseño de estrategias laborales debe mirar datos territoriales específicos y no solo agregados nacionales.
Brechas que también tienen rostro de mujer
El análisis también confirma que las desigualdades laborales no se expresan solo por región. El desempleo femenino llega a 10,5% y la brecha salarial de género alcanza 16,8%, equivalente a 5,8 puntos porcentuales sobre el promedio OCDE. Son cifras que muestran una falla estructural persistente, incluso en un mercado donde las diferencias territoriales ya son profundas.
Para Buk, la conclusión es directa: las empresas y las políticas públicas no pueden seguir operando con una lectura plana del mercado laboral. El norte enfrenta desafíos de retención y rotación; el sur requiere formalización, oportunidades y mejores ingresos; las grandes regiones urbanas necesitan mirar con más cuidado el deterioro real de los salarios. Chile no solo enfrenta un problema de empleo. Enfrenta un problema de lectura territorial del empleo.
El promedio nacional puede ordenar la conversación, pero no explica la vida laboral concreta de las regiones. Detrás de una misma cifra conviven trabajadores que ganan casi el doble que otros, territorios donde cambiarse de empleo es una opción real y zonas donde la informalidad se transforma en el camino disponible. El mapa laboral del país ya no se entiende desde una sola estadística: se entiende desde las brechas que separan ingresos, oportunidades y formalidad.



