Por Maritza Blanco V. Periodista. Máster en Dirección de Comunicaciones
Chile es un país hermoso -el más bello del mundo, a mi parecer- y también es vulnerable a diferentes emergencias causadas por terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, sequías y temporales.
Las lluvias que azotan al país han traído históricas cifras en precipitaciones, fuertes vientos, activación de quebradas y ríos, pero también han dejado de manifiesto cuán importante es la comunicación en situaciones de emergencia.
El rol de los medios de comunicación nacionales y regionales ha sido importantísimo para mantener información actualizada y permanente entre las autoridades y la ciudadanía. Además, los medios se han transformado en un apoyo directo para quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.
Recuerdo conversar varias veces estos temas con Rodrigo Reveco -ingeniero y experto mundial en catástrofes, emergencias y rescate internacional (el mismo que diseño la capsula fénix y lideró el rescate de los 33 mineros)- respecto de la importancia de gestionar eficazmente una crisis frente a la adversidad y en ese contexto, se destacaba la relevancia que tiene la comunicación en situaciones emergencias y la importancia de incorporar el apoyo en Salud Mental para la contención emocional.
Y es que, desde la empatía que se tiene con alguien que se encuentra en estado de shock producto de una situación extrema hasta la capacidad de prestar ayuda, se requiere de un buen manejo comunicacional. Se trata de construir confianza y de contener -por un lado- pero también de entregar información oportuna para que la ciudadanía tome medidas preventivas.
La comunicación en emergencias actúa como una herramienta de información no sólo a través de los medios de comunicación, sino también como un apoyo de suma relevancia para las autoridades. Cuando hay una situación de riesgo una comunicación clara, precisa y oportuna salva vidas. Es así de claro.
Dicho de otro modo, a través de ella se busca aminorar conductas arriesgadas y enfocar el mensaje de manera efectiva en la población para persuadir su comportamiento, proteger a la comunidad, construir confianza y aminorar la incertidumbre.
Comunicar en este contexto va más allá de entregar boletines, estadísticas y puntos de prensa; es también contener a la población del miedo que genera una situación compleja y ante esto, vale la pena saber qué percepciones tiene la opinión pública respecto de una emergencia (pues la percepción de riesgo muchas veces no está equiparada al riesgo real de la misma) y en esto último, nuevamente los medios tienen un rol fundamental.
Creo relevante destacar el esfuerzo y cobertura de los medios de comunicación y autoridades, que han hecho de la comunicación un componente esencial en la gestión de esta emergencia antes y durante -también debe ser después-.
Y es que, ante una situación compleja, todo plan comunicacional a instalar siempre debe enfocarse en los afectados, construir confianza, tener fuentes creíbles, vocerías capacitadas que manejen datos, mantener la coherencia en los mensajes entregados en diversos canales de comunicación y promover la información actualizada con mensajes simples que no generen dudas ni interpretaciones en la opinión pública.
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