El proyecto científico utilizó infraestructura logística y laboratorios del Instituto Antártico Chileno, aportando datos relevantes para la conservación de ecosistemas antárticos y la comprensión de riesgos sanitarios, en el marco del Sistema del Tratado Antártico.
Tras 15 días de intensas jornadas de trabajo en el Continente Blanco, el equipo internacional de investigadoras e investigadores del programa POLARIN concluyó con éxito su primera campaña científica en la Antártica, marcando un hito para esta red de investigación polar.
La expedición fue encabezada por Alexander Williams, de la Universidad de Hong Kong, junto a Roseanna Mayfield, de la Universidad de Nottingham, y Martha Jane Ledger, también de la Universidad de Hong Kong.
La campaña se desarrolló en el marco del proyecto Pathopast, iniciativa que forma parte de POLARIN y que busca investigar patógenos antárticos históricos a partir de registros biológicos conservados en el ambiente. Durante el trabajo de terreno, las y los científicos recolectaron muestras en lagos de la isla Rey Jorge, así como heces de pingüinos del sector, cumpliendo el 100% de los objetivos planificados.
El equipo utilizó como centro de operaciones la Base Profesor Julio Escudero, infraestructura perteneciente al Instituto Antártico Chileno (INACH), desde donde se coordinó la logística, el acceso a los sitios de muestreo y el uso de capacidades de laboratorio disponibles en terreno.
Trabajo de terreno y desafíos logísticos
En ese contexto, Alexander Williams explicó que “la logística y el clima fueron nuestros mayores desafíos. Sin embargo, tuvimos la suerte de poder coordinar nuestro trabajo de campo para que coincidiera con excelentes condiciones climáticas”. El investigador detalló que el traslado de equipos pesados hacia y desde los sitios de muestreo fue exigente, pero permitió obtener testigos de sedimento lacustre y muestras biológicas clave para el desarrollo del estudio.
Asimismo, Williams indicó que los antiguos depósitos de heces de pingüino, preservados en los sedimentos de los lagos antárticos, constituyen un archivo genético inexplorado de microbios antiguos. Estos registros pueden facilitar el análisis de patógenos históricos presentes en el ecosistema antártico.
“Comprender a qué patógenos han estado expuestos los pingüinos en el pasado puede proporcionar valiosas pistas sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas antárticos a las enfermedades actuales”, agregó el investigador, destacando que los resultados de esta línea de trabajo pueden aportar información relevante tanto para la conservación de la Antártica como para los intereses de la salud global.
Infraestructura científica y cooperación internacional
Durante las dos semanas de permanencia en isla Rey Jorge, el equipo aprovechó las capacidades logísticas y de laboratorio de la base Escudero, considerada un punto estratégico para la ciencia nacional e internacional en el Continente Blanco. La operación permitió articular trabajo interdisciplinario y cooperación entre instituciones de distintos países.
El programa POLARIN, del cual forma parte el INACH, corresponde a una red internacional de infraestructuras y servicios de investigación polar, orientada a abordar desafíos científicos en las regiones ártica y antártica. La red integra estaciones de investigación, buques científicos y rompehielos, observatorios, infraestructuras de datos y repositorios de testigos de hielo y sedimentos, promoviendo un enfoque colaborativo de alto estándar.
Por su parte, el INACH, organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores, cumple un rol central en la Política Antártica Nacional, incentivando la investigación científica de excelencia, la participación activa de Chile en el Sistema del Tratado Antártico y el fortalecimiento de Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco. Además, la institución organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN) y desarrolla acciones de divulgación del conocimiento antártico hacia la ciudadanía.



