En el Limarí, un programa de manejo agronómico y riego elevó rendimientos de uva pisquera de 12 mil a 38 mil kilos por hectárea, según Corfo. La experiencia involucra a 15 cooperados y abre nuevas oportunidades productivas
Durante más de cuatro décadas, Wilson Arancibia trabajó cultivando uva pisquera en Monte Patria, una de las comunas agrícolas del Limarí. Sus cerca de cinco hectáreas forman parte de un territorio donde la escasez hídrica obligó a los productores a buscar nuevas formas de sostener sus cultivos. Ahora, la posibilidad de renovar instalaciones de riego y utilizar energía solar abre una oportunidad para mejorar la productividad de su predio.
Su experiencia forma parte de un programa desarrollado junto a la Cooperativa Control Pisquero, que comenzó a mostrar resultados significativos luego de dos años de ejecución. Según informó Corfo, los rendimientos agrícolas aumentaron aproximadamente de 12 mil a 38 mil kilos de uva por hectárea, en una iniciativa que involucra a 15 cooperados y contempla una inversión superior a $73 millones, financiada en partes iguales con recursos del Gobierno Regional de Coquimbo y aportes privados, además del respaldo de la corporación de fomento.
Los avances adquieren especial relevancia en una provincia que enfrenta una sequía estructural y que durante 2026 sufrió nuevos daños en su infraestructura agrícola debido a las precipitaciones. Como quedó en evidencia durante la emergencia que afectó los canales y sistemas de riego del Limarí, contar con mayores reservas de agua no garantiza su aprovechamiento cuando las instalaciones de distribución y conducción presentan deterioro.
Del riego deteriorado a una mayor productividad
La transformación comienza con intervenciones concretas en los predios. Modernizar instalaciones, reemplazar líneas de riego obstruidas y mejorar el manejo agronómico permite aprovechar mejor el agua disponible, una condición fundamental para pequeños productores que deben enfrentar costos operacionales crecientes y restricciones para financiar nuevas inversiones.
En el caso de Wilson Arancibia, las mejoras apuntan directamente a instalaciones que necesitan renovación. “Los materiales que vamos a recibir son de riego. Vamos a mejorar el sistema de la caseta, porque tenemos una bomba de energía y ahora queremos cambiarlo a energía solar y también vamos a cambiar las líneas de riego que están ya muy viejas, antiguas, con los goteros muy tapados”, explicó el agricultor.
Durante el II Encuentro Hídrico realizado en Ovalle, el director regional de Corfo, Juan Pablo Arriagada, presentó los resultados del programa y confirmó su renovación para un tercer año. “Hemos tenido mejoras importantes en la productividad, pasando aproximado de 12.000 kilos por hectárea hasta 38.000 kilos por hectárea, lo que habla de una multiplicación de por tres en la rentabilidad por hectárea. Esto es súper importante en un contexto de desafío, de crecimiento económico”, sostuvo.
Sin embargo, el aumento del rendimiento físico no equivale necesariamente a una mejora proporcional de la rentabilidad. Para establecer ese resultado se requiere conocer los costos de producción, la inversión por predio, los precios de comercialización y los márgenes obtenidos por los agricultores. Tampoco se informó si las cifras corresponden al promedio de los 15 participantes o a experiencias particulares dentro del programa.
El presidente de la Cooperativa Control Pisquero, Mauricio Stay, entregó una apreciación más general sobre los resultados obtenidos por los asociados. “Los productores han visto incrementada su productividad al doble, lo que es un gran avance para los cooperados de Control. Como cooperativa, creemos que el trabajo bien realizado va en pos de una mejor producción de uva pisquera a nivel regional”, manifestó.
Aunque las estimaciones de Stay y Arriagada presentan diferencias, ambas apuntan a mejoras productivas relevantes. La información disponible no permite establecer si corresponden a distintos grupos de agricultores, períodos de medición o indicadores, una precisión necesaria para dimensionar el alcance efectivo del programa.
Una industria que moviliza empleo, transporte y comercio regional
La importancia de estas experiencias supera los límites de los predios intervenidos. Control Pisquero reúne a más de 400 cooperados, que trabajan una superficie superior a mil hectáreas distribuidas entre los valles de Huasco, Elqui, Limarí y Choapa. Su producción abastece a la industria elaboradora de pisco mediante una cadena económica que involucra agricultores, trabajadores de temporada, transportistas y servicios asociados.
Para la vendimia de 2026, la cooperativa proyectó un movimiento económico superior a $8.600 millones y alrededor de 13 mil puestos de trabajo temporales vinculados a la actividad. Estas cifras corresponden a estimaciones de la organización para la temporada, no a resultados comprobados del programa de riego. Sin embargo, permiten dimensionar el alcance territorial de una industria cuya actividad sostiene numerosos encadenamientos productivos en el Norte Chico.
La modernización agrícola también tiene consecuencias sobre la capacidad de abastecimiento. La cooperativa proyectó cubrir durante la vendimia de 2026 sus necesidades de uva mediante la producción de sus asociados y de su predio Campo Lindo, en Ovalle, reduciendo la necesidad de recurrir a proveedores externos. Para una industria sometida a variaciones climáticas, mantener rendimientos estables representa una condición importante para planificar sus operaciones.
Mauricio Stay destacó especialmente que las mejoras iniciales se consiguieran durante años de escasez hídrica. “Una de las grandes ventajas de este programa, es que se trabajó en sequía, entonces, esta doble producción que tuvimos fue con escasez hídrica. Sobre lo que podemos hacer ahora, con la cantidad de agua que tenemos en los embalses, no tenemos medición, pero creemos que van a ser grandes años para los productores agrícolas”, afirmó.
Las expectativas de una mejor temporada deberán contrastarse con los resultados efectivos de las cosechas. El aumento de las reservas de agua puede favorecer la actividad, pero la capacidad de los agricultores para aprovecharlas continuará dependiendo del estado de los canales, la disponibilidad de infraestructura y el financiamiento para incorporar nuevas tecnologías.
El próximo paso: convertir productividad en mejores ingresos
La renovación del programa por un tercer año permitirá dar continuidad al trabajo con los cooperados y evaluar la evolución de las mejoras agronómicas. Su proyección también dependerá de la recuperación de los sistemas de conducción y distribución de agua, una necesidad que las organizaciones agrícolas plantearon durante la emergencia de invierno. La urgencia de restablecer el riego para proteger la producción de los valles del norte demuestra que las inversiones prediales requieren una infraestructura territorial capaz de sostenerlas.
Para el Limarí, los resultados informados representan una oportunidad de fortalecer una actividad que combina tradición agrícola, industria y empleo rural. Pero el siguiente paso será determinar cuánto aumentan efectivamente los ingresos de los productores, qué costos implica mantener las mejoras y si estas experiencias pueden extenderse a otras explotaciones.



