El sistema frontal dejó canales, compuertas y predios dañados en la provincia. Con la temporada de riego a menos de tres semanas, productores pisqueros, crianceros y autoridades buscan acelerar catastros, obras y ayudas de emergencia
En la provincia de Limarí, la lluvia dejó una paradoja difícil de explicar a quienes miran el territorio desde lejos. Después de años esperando agua, ahora existe el riesgo de no poder conducirla hasta los cultivos. Los caudales aumentaron y los embalses comenzaron a recibir nuevos aportes, pero el sistema frontal también cubrió canales con barro, dañó compuertas y golpeó caminos e instalaciones agrícolas.
El agua llegó, pero parte de la red que debía distribuirla quedó herida. Mientras las autoridades levantan catastros y anuncian instrumentos de emergencia, agricultores y organizaciones de regantes miran un calendario que no admite retrasos: la temporada de riego podría comenzar dentro de 15 a 20 días.
Ese es el tiempo disponible para despejar canales, reparar estructuras, recuperar sistemas tecnificados y determinar qué obras pueden volver a funcionar antes de que los parrones, frutales y cultivos comiencen a necesitar agua de manera regular.
El agua volvió a un territorio golpeado por la sequía
La emergencia encuentra a Limarí después de una prolongada escasez hídrica que redujo la superficie cultivada, debilitó a la ganadería caprina y obligó a las comunidades rurales a convivir con restricciones permanentes. Durante los últimos años, la región debió aprobar recursos extraordinarios para enfrentar la sequía y sostener los sistemas rurales de agua potable.
El sistema frontal cambió abruptamente esa escena. La falta de agua dejó de ser por algunos días la única preocupación, pero fue reemplazada por otra igualmente urgente: recuperar las obras que permiten almacenarla, distribuirla y utilizarla en los predios.
En Ovalle, Monte Patria, Punitaqui, Combarbalá y Río Hurtado, los equipos públicos comenzaron a recopilar información mediante la Ficha de Afectación Silvoagropecuaria. El levantamiento busca identificar daños en canales, compuertas, cultivos, caminos interiores, instalaciones productivas y sistemas de riego.
La declaración de emergencia agrícola para toda la Región de Coquimbo permite movilizar recursos, entregar forraje a los crianceros y activar instrumentos especiales. Sin embargo, entre el anuncio de una ayuda y su llegada al terreno existe un tramo administrativo que los agricultores conocen bien: inspecciones, evaluaciones técnicas, postulaciones y aprobación de obras.
Por eso, el subsecretario de Agricultura, Francesco Venezian, puso el énfasis en los plazos durante sus reuniones con autoridades locales, organizaciones de regantes y representantes del sector pisquero.
“Tenemos la premura de poder iniciar la temporada de riego lo antes posible. Estamos hablando de 15 a 20 días y necesitamos habilitar canales, riego tecnificado y las compuertas dañadas. El objeto de esta reunión fue eso: qué es lo que se está haciendo y cómo articulamos las labores iniciales”.
El problema no consiste solamente en conseguir financiamiento. Primero es necesario ingresar a los sectores afectados, remover sedimentos, evaluar la estabilidad de las obras y establecer cuáles pueden repararse con rapidez. Cada día perdido reduce el margen disponible antes del inicio de la temporada.
Los productores pisqueros miran el calendario
La preocupación es especialmente visible en la cadena pisquera. En los valles de la Región de Coquimbo, cientos de pequeños agricultores dependen de sistemas de conducción que conectan ríos, embalses y canales con sus parrones. Cuando esa infraestructura se interrumpe, la afectación no termina en una compuerta: alcanza a productores, cooperativas, transportistas, trabajadores de temporada y servicios rurales.
En Limarí, la producción de uva pisquera continúa vinculada a familias que han permanecido durante generaciones en el territorio. La historia de Alberto Barraza y su decisión de mantener el cultivo familiar en Río Hurtado refleja una realidad extendida en la provincia: producir no significa únicamente administrar un negocio, sino sostener una forma de vida en medio de la incertidumbre hídrica.
El presidente de la Cooperativa Control Pisquero, Mauricio Estay, valoró la coordinación iniciada por el Ministerio de Agricultura, aunque advirtió que la recuperación requerirá un trabajo que supere la respuesta inmediata.
“Es súper importante también la preocupación que ha tenido de poner los instrumentos disponibles del Ministerio de Agricultura a disposición para salir de este momento en conjunto. Nosotros, como cooperativa, estamos disponibles porque esto debemos trabajarlo como región”.
La misma preocupación expresó Hernán López, director de la Cooperativa CAPEL. Para sus asociados, explicó, las necesidades no terminan con la limpieza de los canales ni con la reposición de una obra dañada.
“Ha sido muy importante esta instancia de poder plantear las necesidades que tienen nuestros cooperados en lo inmediato, en el mediano plazo y en el largo plazo. Nos vamos claros respecto de cuáles son los instrumentos que podemos aplicar para que puedan reponer sus unidades productivas”.
Las declaraciones muestran que la emergencia tiene distintos tiempos. La urgencia es restablecer el riego, pero luego vendrá la recuperación de los predios, la reposición de infraestructura, la reorganización de las faenas y la evaluación de las pérdidas económicas.
Para los productores más pequeños, incluso una interrupción breve puede tener consecuencias prolongadas. Muchos llegan a esta emergencia después de temporadas reducidas por la sequía, con menores ingresos y una capacidad limitada para financiar reparaciones por cuenta propia.
Cuando el calendario agrícola corre más rápido
La Comisión Nacional de Riego abrió un concurso especial por más de $6.520 millones para rehabilitar obras dañadas en Atacama, Coquimbo y Valparaíso. Las postulaciones se mantendrán abiertas hasta el 31 de agosto.
El instrumento representa una oportunidad para reconstruir canales y sistemas de conducción. No obstante, también expone la diferencia entre el tiempo institucional y el agrícola. Mientras el concurso permanecerá abierto durante todo agosto, los regantes advierten que la temporada podría comenzar antes de que termine el mes.
La respuesta dependerá entonces de la capacidad para acelerar inspecciones, formular proyectos y ejecutar reparaciones provisionales. Los recursos serán relevantes, pero solo producirán un efecto concreto cuando el agua vuelva a circular por las obras dañadas.
INDAP activó además una prórroga automática para los créditos de usuarios de Atacama y Coquimbo, junto con asistencia técnica y medidas para contener pérdidas productivas. Para los crianceros, una de las prioridades será la entrega de forraje, debido a los daños provocados por la lluvia y las dificultades de acceso a sectores rurales.
La emergencia agrícola ocurre mientras municipios, empresas, organizaciones sociales y comunidades intentan atender necesidades que van desde viviendas dañadas hasta caminos interrumpidos y actividades económicas paralizadas. La red solidaria activada en Coquimbo después del temporal permitió responder a las primeras urgencias, pero la recuperación productiva requerirá recursos, coordinación y presencia pública durante varios meses.
En Limarí, sin embargo, la primera prueba llegará mucho antes. Será cuando los agricultores abran las compuertas y esperen que el agua avance nuevamente por los canales.
La lluvia devolvió un recurso que la provincia había esperado durante años. La carrera ahora consiste en impedir que ese alivio quede detenido entre el barro, las obras destruidas y los tiempos de la burocracia.



