El Ejecutivo prepara el ingreso de un proyecto con más de 40 medidas que mezcla reconstrucción por incendios, rebajas tributarias y señales pro inversión. La propuesta instala una discusión clave en el Congreso: cómo reactivar la economía y qué rol tendrá el Estado en ese proceso
El Presidente José Antonio Kast eligió su primera cadena nacional para fijar posición. No fue solo un repaso del primer mes. Fue la instalación de un marco de gobierno donde el crecimiento económico aparece como condición para ordenar el resto de las prioridades, desde la seguridad hasta la política social. “Les voy a hablar del Chile que queremos construir… para que nuestro país vuelva a crecer, a crear empleo y a recuperar la esperanza”, dijo, marcando desde el inicio el tono de su administración.
El anuncio central fue el envío de un proyecto de reconstrucción y desarrollo económico. Más de 40 medidas que no se quedan en la emergencia de los incendios, sino que avanzan hacia definiciones económicas de mayor alcance, combinando reposición de viviendas con incentivos a la inversión y ajustes al gasto público.
En palabras del propio Mandatario, “tenemos un solo objetivo, que Chile sea un país donde el trabajo honesto alcance para vivir bien”, conectando directamente empleo, ingresos y calidad de vida.
Reactivación económica como prioridad
El eje del mensaje estuvo puesto en la inversión. El Gobierno plantea que el principal problema hoy es el freno al crecimiento y que parte de esa situación se explica por trabas administrativas y regulatorias, lo que obliga, según su diagnóstico, a intervenir en el funcionamiento del Estado.
En ese punto, Kast fue directo: “vamos a romper con el estancamiento… vamos a romper la burocracia que paraliza y ahoga la inversión”, una señal que apunta tanto al aparato público como al debate político.
El Ejecutivo busca respaldar ese giro con cifras. En su primer mes, ingresaron 32 proyectos de inversión al sistema ambiental por cerca de US$20.000 millones, dato que el Gobierno utiliza como indicador de recuperación de confianza. La apuesta es sostener ese ritmo mediante cambios que reduzcan tiempos y costos para nuevos proyectos.
Impuestos en el centro de la discusión
El componente tributario será uno de los focos de la tramitación. El Presidente instaló la idea de que la carga actual afecta directamente la inversión y el empleo, abriendo la puerta a ajustes en esa línea. “Chile tiene hoy el impuesto de primera categoría más alto de su historia, y esa brecha le cuesta al país inversión, empleo y futuro”, afirmó, anticipando uno de los debates más sensibles del proyecto.
Esa definición se conecta con una idea que cruzó todo el discurso. El crecimiento económico aparece como requisito para sostener políticas sociales, lo que ordena la discusión en el Congreso. “El crecimiento no es un fin en sí mismo, es el medio para que las personas vivan mejor”, sostuvo el Mandatario, reforzando la secuencia que propone su gobierno.
Medidas sociales y ajuste fiscal
El proyecto también incluye medidas de impacto directo. Entre ellas, la exención del pago de contribuciones para adultos mayores sobre su primera vivienda y la ampliación de recursos para reconstrucción, en un intento por responder a la urgencia social. Estas acciones buscan dar viabilidad política a una iniciativa que incorpora cambios más amplios.
En paralelo, el Ejecutivo avanza en ordenar el gasto. Incentivos al retiro en el sector público, control fiscal y mayor fiscalización forman parte del paquete, en línea con el diagnóstico del Gobierno sobre el funcionamiento del Estado. Son medidas que, más allá de su alcance inmediato, configuran una señal de ajuste.
La discusión que viene
El discurso dejó instalada una línea clara frente al debate económico. El Presidente vinculó directamente crecimiento con financiamiento de derechos sociales, afirmando que “sin crecimiento, no hay recursos para la salud ni para la educación de calidad”, lo que tensiona posiciones dentro y fuera del Congreso.
A eso sumó una crítica directa: “quienes hoy dicen que primero hay que recaudar y después crecer llevan doce años demostrando que esa secuencia no funciona”. La frase apunta al corazón de la discusión y anticipa un choque político durante la tramitación.
Un proyecto que obliga a definiciones
El diseño del proyecto no es neutro. Al reunir reconstrucción, rebajas tributarias y ajustes al Estado en una sola iniciativa, el Gobierno eleva el costo político de rechazo, obligando a la oposición a fijar posición sobre el conjunto. En ese contexto, Kast defendió la propuesta señalando que “este proyecto no es una agenda ideológica, es una respuesta concreta a tres urgencias reales”.
La discusión recién comienza, pero el tono ya está marcado. Más que una ley de reconstrucción, el proyecto abre una conversación sobre crecimiento, inversión y el rol del Estado en la economía chilena, con efectos que irán más allá de la contingencia inmediata.



