El galardón, que cumple 20 años, inicia su proceso desde el norte con foco en innovación aplicada, transición energética y articulación entre empresas, academia y sector público, en un momento clave para el desarrollo productivo del país
El lanzamiento del Premio Nacional de Innovación Avonni 2026 en Antofagasta no fue solo un acto protocolar, sino una señal estratégica. La decisión de abrir el proceso desde la principal región minera y energética del país refuerza el vínculo entre innovación, desarrollo productivo y transformación territorial.
La convocatoria, organizada por ForoInnovación junto a actores públicos y privados, abre postulaciones hasta el 30 de junio y busca identificar proyectos con impacto real en industrias clave. En un contexto de transición energética y presión por diversificar la matriz productiva, el foco ya no está solo en ideas, sino en soluciones capaces de escalar y transformar sectores completos.
Innovación como herramienta de desarrollo productivo
El mensaje central del lanzamiento apunta a un cambio de enfoque: la innovación deja de ser un concepto aspiracional para convertirse en un instrumento concreto de competitividad y desarrollo país.
Desde la organización del premio se destacó que, tras dos décadas de trayectoria, el desafío ya no es visibilizar iniciativas, sino consolidar un ecosistema donde la colaboración entre actores permita escalar soluciones. La confianza entre sector público, privado y academia aparece como condición crítica para ese proceso.
Este punto adquiere especial relevancia en regiones como Antofagasta, donde la minería y la energía enfrentan presiones simultáneas: avanzar en sostenibilidad, incorporar nuevas tecnologías y responder a exigencias globales de productividad.
En ese marco, la innovación aplicada —particularmente en energía y minería— se posiciona como una herramienta para enfrentar restricciones estructurales y generar nuevas ventajas competitivas.
Transición energética y vínculo con startups
Uno de los ejes más relevantes del lanzamiento fue el llamado a fortalecer la relación entre grandes empresas y startups tecnológicas. Desde el sector energético se planteó la necesidad de avanzar hacia una innovación más abierta, colaborativa y con pruebas en condiciones reales.
La categoría Energía, impulsada por Colbún, busca precisamente acelerar ese vínculo, permitiendo validar tecnologías en terreno y reducir la brecha entre desarrollo y aplicación. Este enfoque apunta a resolver uno de los principales cuellos de botella del ecosistema: la dificultad para escalar soluciones innovadoras.
El panel “Energías limpias, minería que innova” reforzó esta mirada, destacando que la transición energética no solo implica cambiar fuentes de generación, sino también transformar procesos, modelos de negocio y capacidades tecnológicas en toda la cadena productiva.
El proceso de postulación considera 12 categorías, además de reconocimientos regionales y especiales, abarcando desde innovación social hasta soluciones digitales, salud, energía y minería. Tras el cierre de postulaciones, los proyectos serán evaluados por mesas de expertos y un jurado público-privado definirá a los ganadores.
Más allá del reconocimiento, el Premio Avonni se posiciona como un espacio de articulación donde se define qué tipo de innovación se impulsa en Chile. La interrogante de fondo no es solo qué proyectos ganan, sino qué capacidades está construyendo el país para enfrentar sus desafíos productivos, energéticos y tecnológicos en los próximos años.



