[Opinión] ¿Los niños primero?

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Por: Claudia Hasbún F. Consejera Regional RM. Directora Nacional ANEF


“Los niños primero” fue el eslogan que acompañó el lanzamiento de una mesa de trabajo para alcanzar un “Acuerdo Nacional por la Infancia”, hace  casi dos años. Poner a los niños en el primer lugar era la consigna, pero de eso nada. Las palabras se las ha llevado el viento y la desprotección en que se encuentran los niños ya es absoluta. Este fin de semana, una guagua fue atacada con gas pimienta por un contingente policial que disparó este elemento desde sus patrullas blindadas, mientras abandonaba una feria libre en el sector de Bajos de Mena, en Puente Alto.

Inaceptable, inhumano, cobarde. Las palabras se aprietan en mi garganta al ver las imágenes de un bebé inocente, herido en una contienda desigual, sin tener arte ni parte en la guerra que se desató el 18 de octubre de 2019, cuando el Gobierno se negó a escuchar al pueblo, un pueblo que no se siente suyo, pero, al que, como gobernante, debe garantizar seguridad, proteger y cuidar.

Lamentablemente, este no es un hecho aislado. Niñas y niños heridos en La Araucanía; niñas y niños olvidados en el Sename; niñas y niños baleados en sus propios barrios, niñas y niños trabajando como soldados para bandas de narcotraficantes, ante la impotencia de los vecinos, en el más completo abandono. La delincuencia real está desatada. Si antes morían producto de las balas locas, hoy también lo hacen baleados a quemarropa por antisociales que saben que al gobierno no le importa.

En lugar de preocuparse de atacar el fondo del problema, el Gobierno anuncia que endurecerá las penas frente a los homicidios. ¿De qué nos sirve? ¿Acaso eso nos va a devolver a Tamara? ¿A Itan? ¿A Tomás? ¿Calmará la pena de sus familias y los nervios de la comunidad que hoy se pregunta si sus hijos serán los próximos?

En lugar de despilfarrar recursos, haciendo un fuerte al medio de la Alameda y proponer soluciones “parche” y simplistas, el Gobierno debiera hacer, de una vez por todas, lo que no ha hecho en todo este tiempo: gobernar, apoyándose en especialistas con conocimiento técnico y fomentando la participación ciudadana. Hoy se requiere garantizar derechos sociales que abran nuevas oportunidades a quienes han sido vulnerados por este modelo reproductor de injusticia social.

Chile no puede seguir esperando, ¿cuántos niños muertos hacen falta para estremecer a la cabeza estatal? La guerra contra el pueblo tiene que terminar y Carabineros de Chile también. Necesitamos una policía cercana, en lugar de una represiva; poder mirar un uniforme con confianza, en lugar de temor; una policía que se adapte a cada realidad, trabajando en conjunto con los territorios.

Y, necesitamos, sobre todo, políticas públicas de largo plazo con un enfoque sistémico hacia todos los reproductores de las desigualdades, desde las viviendas, pasando por un sistema de cuidado, hasta un modelo de educación inclusivo; en lugar de verborreas que no hacen más que acrecentar el descontento social que el Gobierno se niega a escuchar. Pasemos a la acción, dejemos de lado el egoísmo y las diferencias, pongamos, verdaderamente, primero a los niños y niñas.

La nueva Constitución la debemos redactar devolviéndoles a ellos todos los sueños y esperanzas que este sistema y esta sociedad les ha robado. Porque ellos van a ser nuestro motor mañana, es que tenemos que ponerlos al centro, como eje central de todo lo que vayamos construyendo con miras a ese horizonte nuevo que todos merecemos.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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