[Opinión] Globalización Salarial

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Por: Joaquín Jiménez. Director The Bonding


El confinamiento dio un impulso abrupto para que las empresas implementaran el home office sin vuelta atrás. De hecho, hay una alta probabilidad de que distintas oficinas extiendan la tendencia Work from Home aún después de los límites indeterminados de la pandemia. Más allá del aislamiento obligado, el Covid-19 ha demostrado que es factible realizar las operaciones de las distintas áreas de una compañía de manera remota sin bajar la productividad y reduciendo los costos para las empresas.

Este nuevo escenario ha quitado los prejuicios del teletrabajo, abriendo la idea a los altos ejecutivos de que no hay necesidad de que sus colaboradores asistan a las oficinas para desarrollar sus tareas. Esta apertura de paradigma, ha impulsado a los líderes empresariales a explorar otros mercados laborales en busca de talento proveniente de otras ciudad o, incluso, de otras latitudes.

La inclusión de personas de regiones o del exterior, no sólo aumenta la diversidad dentro de la fuerza laboral, sino también permite a las compañías reducir sus gastos. Esto es posible gracias a la diferencia en el costo de vida entre una ciudad de región o provincia versus las grandes capitales de Latinoamérica. Por ejemplo, el gasto mensual de una persona que vive en Santiago en comparación con otra que reside en el sur del país es de al menos un 30% más cara. Esto quiere decir, que una compañía que ofrece un sueldo de $1.300.000 para un cargo ejecutado en Santiago puede ofrecer una remuneración de $1.000.000 a un colaborador de región.

En el caso de contrataciones de otros países, los empleadores pueden acceder a talento de alta calidad proveniente de mercados donde los estándares salariales sean más bajos. Tal es el caso de Chile, país que presenta uno de los sueldos más altos de la región, debido a que la calidad de vida es también más cara. La realidad actual, viene a romper con las tendencias salariales conocidas hasta ahora, ya que propone la encrucijada de tener que optar entre un sueldo más alto o ceder un porcentaje de remuneración por vivir en una zona más tranquila y apacible.

En este contexto, no solo la empresa contratante puede verse beneficiada, sino también el colaborador, quien puede ejercer su trabajo desde cualquier lugar teniendo acceso a una mejor calidad de vida. Otro punto relevante de esta transformación, es que puede contribuir a la descentralización de los países. Junto con esto, las empresas contarán con más recursos para invertir en regalías para sus colaboradores.

Ahora bien, el nuevo panorama que ha presentado la pandemia lleva a cuestionar y replantear la manera de medir y establecer los rangos salariales. Desde ahora, la ubicación del trabajador puede ser un elemento clave, asignando un valor según los distintos costes de las ciudades. Esto podría dejar atrás las desigualdades de raza y género al momento de ofrecer un sueldo y lo enfocaría en el talento y capacidad de organización de los trabajadores, sumado al gasto mensual en su lugar de residencia. El desafío ahora es afinar este nuevo sistema de remuneraciones, ya que el home office llegó para quedarse.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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