[Opinión] ¿Bajo qué lógica se deja sin primera prioridad de vacunación a los adultos mayores?

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Por: Dr. Fernando Soto P. Especialista Broncopulmonar


La letalidad de los adultos mayores por Covid 19 en Chile es muy alta, en especial en el grupo de mayores de 80 años, donde llega incluso al 20%. Es decir, en promedio uno de cada 5 mayores de 80 años que se infecta por Covid 19 se muere.

De los poco más de 22.000 fallecidos totales en el país desde marzo de 2020 a la fecha, el 80% tiene 60 años o más, confirmando que los adultos mayores son los mas vulnerables frente a la enfermedad.

La letalidad promedio a nivel país de Covid 19 es de 3,3 %, 6 veces menos que la de los mayores de 80 años, dato que reafirma lo anterior.

La letalidad del personal de salud es de 0,2%, 16 veces menos que el promedio nacional, y 100 veces menos que la de los mayores de 80 años, por muchas razones, comenzando porque el promedio de edad del personal de salud está bajo los 50 años, la evidente mejor preparación en estrategias de prevención y cuidado, la experiencia en manejar personas con enfermedades infectocontagiosas, etc.

La letalidad de las Fuerzas Armadas, grupo que ha sido señalado por el Presidente y por el SEREMI de Gobierno de la Región como dentro de los grupos prioritarios a vacunar, no ha sido dada a conocer. Se trata de casi 75.000 personas de las diversas ramas de las Fuerza Armadas y Carabineros.

Solo se sostiene como argumento que son un grupo relevante por su tarea de conservar el orden público, pero no se han dado a conocer argumentos sanitarios.

Lo mismo se ha señalado como justificación de priorización para los empleados públicos, sin que contemos con los datos de letalidad de Covid 19 en ese grupo.

Pregunto entonces, con respeto: ¿por qué no se da prioridad al grupo demostradamente más vulnerable para fallecer frente a la enfermedad que produce el Covid 19, es decir a los adultos mayores?, ¿por qué, si en otros países, que comparten las mismas altas tasas de letalidad en los adultos mayores sí son priorizados para ser vacunados?, ¿qué letalidad tienen las Fuerzas Armadas que justifica su inclusión en los grupos prioritarios para vacunar, por sobre los realmente vulnerables?, ¿y los empleados públicos?

Hasta ahora, la lógica de incluir al personal de salud tiene que ver con el argumento que estamos más expuestos al contagio. Eso es cierto, y de hecho la tasa de contagio del personal de salud es el doble respecto al resto de la población, lo que confirma que efectivamente nos contagiamos más. Pero lo más relevante, y afortunado, es que fallecemos mucho menos que cualquier otro grupo, y este factor pudiera considerarse como relevante en mi opinión.

La vacunación ha sido siempre una de las principales estrategias en la prevención y por tanto en el control de las enfermedades. Los procesos de vacunación siempre son complejos por la logística que requieren ya que deben abarcar un alto porcentaje de la población objetivo para ser eficaces, y se entiende que requieren importantes recursos humanos, tecnológicos y económicos.

También se entiende que el abordaje, al no poder ser masivo en el corto plazo por las razones mencionadas y otras, se haga priorizando grupos de riesgo, y solo quiero recordar que en este caso, como en todas las enfermedades, el gran riesgo de las personas afectadas por una patología que dentro de sus consecuencias provoca muertes es justamente fallecer por ella. Desde esa mirada, siempre se han privilegiado en los procesos de vacunación a nivel mundial a los grupos vulnerables y con riesgo de desarrollar complicaciones o fallecer.

Por eso en influenza por ejemplo, desde la lógica sanitaria se priorizan los adultos mayores, luego las embarazadas, niños menores de 6 años y portadores de patologías crónicas. ¿Por qué? Porque si enferman, tienen alto riesgo de desarrollar neumonía o bronconeumonía y fallecer, no por otra razón, y en el caso de las embarazadas para prevenir el riesgo de que la enfermedad las afecte a ellas y a la evolución de su embarazo.

No vacunar primero a los adultos mayores deja por tanto en mi opinión una incómoda sensación de que no se valora como lo más relevante el riesgo de fallecer por esta enfermedad, criterio sanitario, sino más bien se privilegian otros criterios como preservar la capacidad de atención sanitaria, preservar la capacidad de mantener el orden público, y preservar el funcionamiento del aparataje publico administrativo del Estado.

Si valoramos la vida, en especial la de los adultos mayores, que son los más afectados hasta ahora por la pandemia, demos como país una señal potente al respecto. Vacunemos como prioridad a los adultos mayores.


El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poder y Liderazgo.


 

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