Estudio global de Stanton Chase advierte que la alta dirección acelera la adopción de inteligencia artificial, pero enfrenta brechas de alfabetización digital, baja medición de retorno y escasa comunicación hacia sus equipos
La inteligencia artificial ya se instaló como una prioridad en las empresas, pero su avance está dejando al descubierto una contradicción en la alta dirección: muchos gerentes exigen resultados, eficiencia y productividad con IA, aunque más de la mitad reconoce brechas para comprender, liderar y medir correctamente su impacto.
El dato surge de un estudio global de Stanton Chase, elaborado a partir de respuestas de 214 altos ejecutivos y miembros de directorios en más de 45 países, que advierte una distancia creciente entre la confianza que despierta la IA y la capacidad real de las organizaciones para convertir esa expectativa en retornos medibles, gobierno interno y preparación del talento.
Según el reporte, el 56% de los ejecutivos identifica brechas de alfabetización en IA dentro del C-suite, mientras el 62% reconoce falta de visión estratégica más allá de usos tácticos. La señal es clara: el problema no está solo en la tecnología, sino en la conducción empresarial que debe decidir cómo aplicarla, medirla y explicarla a sus equipos.
| Indicador clave | Dato del estudio | Qué revela |
|---|---|---|
| Brechas de alfabetización IA en el C-suite | 56% | Más de la mitad de la alta dirección no domina plenamente la herramienta que impulsa. |
| Falta de visión estratégica en IA | 62% | La adopción sigue concentrada en usos tácticos, sin una hoja de ruta clara. |
| Empresas sin retorno financiero medible | 65% | La inversión avanza sin evidencia suficiente de impacto en ingresos o costos. |
| Organizaciones aún en experimentación | 77% | La mayoría sigue en pilotos, planificación o pruebas internas. |
| Empresas en Latam sin responsable claro | 39% | La región muestra mayor indefinición sobre quién lidera la transformación. |
| Organizaciones sin comunicación laboral sobre IA | 43% | Los equipos reciben presión por adaptarse, pero poca claridad sobre cambios futuros. |
Confianza sin retorno claro
El estudio muestra que la confianza ejecutiva en la IA está aumentando. El 59% de los encuestados declara sentirse más confiado que hace un año respecto del impacto de esta tecnología en los negocios. Sin embargo, esa expectativa todavía no se traduce en resultados verificables para la mayoría de las empresas.
El 65% de las organizaciones no puede demostrar retornos financieros medibles derivados de la IA. Un 34% reconoce que no observa impacto concreto, mientras otro 31% cree que existe un efecto positivo, pero no logra cuantificarlo. Solo el 18% puede apuntar a resultados financieros comprobables, ya sea por reducción de costos, aumento de ingresos o mejoras de eficiencia.
La madurez de implementación también aparece limitada. El 77% de las empresas no ha logrado llevar la IA más allá de la experimentación, mientras apenas un 3% afirma tenerla plenamente integrada en sus operaciones centrales. En la práctica, muchas compañías están invirtiendo en herramientas, pilotos y automatizaciones sin contar aún con métricas sólidas para saber si esas decisiones generan valor real.
Analfabetismo digital en la cima
El concepto de analfabetismo digital resume el núcleo del problema. La alta dirección no solo debe autorizar inversiones en IA, sino también comprender sus límites, riesgos, oportunidades y efectos sobre la organización. Cuando esa capacidad no existe, la transformación queda reducida a pruebas aisladas, presión por resultados y decisiones poco coordinadas.
El informe identifica tres brechas especialmente relevantes: falta de visión estratégica, baja alfabetización en IA y debilidades en liderazgo del cambio. Estas capacidades están conectadas. Una gerencia que no entiende la tecnología difícilmente podrá definir una hoja de ruta clara, priorizar inversiones, anticipar riesgos o explicar a sus equipos qué cambios vienen.
El propio estudio recoge respuestas anónimas de ejecutivos que apuntan en esa dirección. Una de ellas plantea que la principal lección fue adoptar antes “un enfoque claro desde arriba, con una estrella norte definida”, en vez de depender solo de innovación desde las bases y casos de uso aislados. Otra respuesta sintetiza el problema al señalar que la transformación es “menos sobre tecnología y más sobre preparación organizacional”.
Latam aparece más rezagada
La indefinición sobre quién debe liderar la transformación con IA golpea con más fuerza a Latinoamérica. A nivel global, el 29% de los encuestados afirma que el CEO asume personalmente los resultados de esta agenda, mientras el 20% la asigna al CTO o CIO y el 18% habla de responsabilidad compartida.
En Latam, sin embargo, el 39% de los ejecutivos reconoce que no está claro quién lidera la transformación con IA. La cifra contrasta con el 9% registrado en Norteamérica, el 12% en EMEA y el 20% en APAC. El dato instala una alerta para empresas regionales que buscan acelerar productividad sin haber resuelto antes la gobernanza interna.
La brecha también aparece en la estrategia de talento. Un 38,9% de los ejecutivos latinoamericanos describe su enfoque como oportunista o sin dirección clara, por encima de Norteamérica y EMEA. Esto significa que muchas compañías quieren incorporar IA, pero todavía no han definido si formarán capacidades internas, contratarán talento externo o combinarán ambas rutas.
Equipos exigidos, pero poco informados
El informe advierte además una tensión laboral relevante. El 43% de las organizaciones no ha comunicado a sus trabajadores qué funciones podrían ser eliminadas o transformadas por la IA. En Latam, el silencio llega al 50%, lo que amplifica la incertidumbre en equipos que ya reciben presión por adoptar nuevas herramientas y mejorar productividad.
Esa falta de información convive con expectativas concretas de cambio. El 62% de los ejecutivos espera que entre 6% y 30% de su fuerza laboral deba salir o transitar hacia roles fundamentalmente distintos dentro de los próximos cinco años. En tecnología, la mitad de los encuestados proyecta que al menos 16% de su dotación enfrentará ese tipo de transformación.
La edad también aparece como una variable sensible. Aunque el 61% afirma que no influye en las decisiones de capacitación o asignación de proyectos de IA, un 29% reconoce o sospecha que sí está jugando algún rol. El riesgo es dejar fuera a trabajadores con experiencia, juicio profesional y conocimiento institucional que podrían aportar más valor si reciben formación adecuada.
Liderar antes de automatizar
La conclusión del estudio es que la IA no está fallando solo por falta de herramientas. El mayor déficit está en la capacidad de liderazgo para convertir tecnología en estrategia, resultados y confianza interna. Exigir productividad con IA sin comprender su impacto puede acelerar errores, aumentar resistencia laboral y debilitar la toma de decisiones.
Para las empresas, el paso urgente no es sumar más plataformas, sino ordenar la conducción. Definir quién responde por la transformación, cómo se mide el retorno, qué riesgos se aceptan, cómo se protege la información y de qué manera se preparará a los equipos será tan importante como la propia inversión tecnológica.
En ese sentido, el analfabetismo digital en la cima no es una etiqueta provocadora, sino una advertencia empresarial. La inteligencia artificial puede elevar productividad, abrir nuevos modelos de negocio y mejorar decisiones, pero solo si quienes la exigen también entienden cómo gobernarla.



