La directora ejecutiva de Fundación Rassmuss en Chile aborda el bienestar docente como parte del desafío lector. Analiza resultados de Alfadeca, formación continua, alianzas territoriales y una estrategia de salud mental que alcanza a diversas comunidades educativas
Por Richard Andrade C.
Aprender a leer sigue siendo uno de los grandes desafíos de la educación chilena, especialmente para los niños que enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad. Las dificultades que aparecen durante los primeros años escolares pueden extenderse a toda la trayectoria educativa, mientras las escuelas enfrentan la necesidad de mejorar los aprendizajes con docentes que requieren formación, acompañamiento y herramientas para responder a distintas realidades dentro del aula.
Desde 2018, Fundación Rassmuss desarrolla el programa Alfadeca, que actualmente está presente en nueve regiones, 37 comunas y 127 escuelas. Según los resultados entregados por la institución, el 88% de los estudiantes de segundo básico participantes terminó 2025 como lector, cifra que alcanzó el 92% en Atacama. Detrás de estos resultados existe un modelo que combina metodologías de enseñanza, evaluación permanente y acompañamiento docente, junto con alianzas entre comunidades educativas, organismos públicos y empresas.
Para Mariana Sanfuentes, directora ejecutiva de Fundación Rassmuss en Chile, fortalecer los aprendizajes también exige atender las condiciones en que trabajan quienes enseñan. Su planteamiento se incorpora a un debate sobre la permanencia de los docentes en el sistema escolar, la formación continua y el bienestar emocional de las comunidades educativas.
En conversación con Poderyliderazgo.cl, examina las brechas lectoras, los resultados del programa en distintas regiones, las alianzas que permiten sostener su implementación y la incorporación de la salud mental al trabajo de la fundación.
¿Dónde identifica Fundación Rassmuss las principales brechas en el aprendizaje de la lectura en Chile?
Una de las principales brechas que vemos en Chile es que muchos niños y niñas avanzan en su trayectoria escolar sin haber desarrollado las habilidades fundamentales de lectura. Esto es especialmente preocupante porque aprender a leer es la base para todos los aprendizajes posteriores.
Las cifras muestran la magnitud del desafío. Según el Simce 2025, más de la mitad de los estudiantes de 4° básico no alcanza los aprendizajes esperados en lectura, mientras que PISA 2025 mostró que un 38% de los jóvenes chilenos de 15 años no llega al nivel mínimo de competencia lectora.
Las dificultades comienzan tempranamente y, si no se abordan a tiempo, tienden a profundizarse. Sabemos también que estas brechas afectan con mayor fuerza a los estudiantes de contextos más vulnerables, ampliando las desigualdades educativas.
Por eso valoramos que hoy exista una meta país para que los niños y niñas lean comprensivamente antes de terminar 2° básico. Es justamente el objetivo con el que trabajamos en Alfadeca desde 2018: intervenir temprano, antes de que las brechas se profundicen y sean mucho más difíciles de revertir.
¿Qué resultados ha conseguido Alfadeca y cómo comprueban sus avances en el aprendizaje de los estudiantes?
Alfadeca es un programa de enseñanza de la lectura y escritura que implementamos en establecimientos educacionales, principalmente públicos, a través de una metodología multisensorial, estructurada y sistemática.
Los resultados han sido alentadores. En 2025, el 88% de los estudiantes de 2° básico que participaron en Alfadeca terminó el año como lector. El programa ha seguido creciendo y este 2026 ya estamos presentes en nueve regiones del país.
Para nosotros, medir los aprendizajes es fundamental. Contamos con evaluaciones que permiten monitorear el progreso de los estudiantes durante el año y con Decatest, evaluación validada Oxford MeasurEd, que permite escuchar individualmente a cada estudiante y conocer con precisión cómo está progresando en su proceso lector y el resultado del programa.
Estos datos no solo nos permiten comprobar resultados, sino también identificar oportunamente a quienes necesitan mayor apoyo y ajustar las estrategias pedagógicas.
Atacama es un buen ejemplo de lo que se puede lograr con un trabajo sostenido. Estamos en la región desde 2021 y, en 2025, el 92% de los estudiantes de 2° básico participantes terminó el año como lector. Es un resultado que nos entusiasma, pero también nos desafía a seguir ampliando nuestra presencia.
¿Qué diferencias han encontrado al implementar el programa en distintas regiones y qué aprendizajes les deja esa experiencia?
Hoy Alfadeca está presente en nueve regiones, 37 comunas y 127 escuelas, y una de las principales cosas que hemos aprendido es que, aunque las realidades educativas son muy diversas, los desafíos de la enseñanza de la lectura son bastante comunes.
La metodología y sus objetivos son los mismos, pero la forma de llevarlos a la sala tiene que dialogar con cada realidad. No es lo mismo trabajar en una escuela rural de Catemu, con cursos pequeños, que en un establecimiento de mayor tamaño en Copiapó o en Cerro Navia, que fue la comuna donde comenzó Alfadeca.
Ahí el rol de los docentes es fundamental. Son ellos quienes conocen a sus estudiantes, sus ritmos, sus contextos familiares y las dinámicas de cada curso. Nuestro trabajo es entregarles buenas herramientas, formación y acompañamiento, pero también espacio para que puedan apropiarse de ellas.
Atacama nos ha dejado, además, otro aprendizaje muy importante: el valor de construir una red territorial. Partimos trabajando en dos escuelas y hoy estamos presentes en 51, llegando a más de 2.000 estudiantes, gracias a una articulación que involucra a los Servicios Locales de Educación Pública, las comunidades educativas y empresas comprometidas con la región.
La principal lección es que los buenos resultados no dependen de un solo elemento. Se necesita una metodología probada, docentes y equipos directivos comprometidos, acompañamiento permanente y continuidad en el tiempo.
¿Qué aportan las alianzas con empresas al trabajo educativo y cómo aseguran la continuidad de esas iniciativas?
La colaboración público-privada ha sido fundamental para llevar Alfadeca a comunidades educativas que, de otra manera, tendrían mayores dificultades para acceder a este tipo de apoyo.
En Atacama, por ejemplo, el apoyo de CMP, Pucobre, SCM Carola, Lundin Mining, Aguas CAP, Canal Ltd y Cemin ha contribuido a que pasemos de dos a 51 escuelas. En la Región de Valparaíso también contamos con el apoyo de Minera Las Cenizas y Generadora Metropolitana.
Y su aporte va más allá del financiamiento. Son empresas que conocen el territorio, tienen vínculos con las comunidades y entienden sus desafíos. Cuando una compañía decide invertir en que los niños de la región aprendan a leer, no solo está aportando a una escuela: está invirtiendo en el desarrollo futuro de ese territorio y en las personas que mañana serán sus vecinos, técnicos, profesionales, proveedores y emprendedores.
Nuestro desafío es justamente ese: que las iniciativas que funcionan no sean esfuerzos aislados, sino que puedan sostenerse, crecer y llegar a más comunidades. Para eso se necesita una red amplia de actores públicos y privados que compartan una misma prioridad.
Creemos que mejorar la educación es una tarea compartida, en la que el sector público, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil tienen mucho que aportar.
¿Qué han aprendido del trabajo directo con los docentes y qué consideran necesario mejorar en las aulas?
Una de las principales lecciones es que la formación docente funciona mejor cuando es continua y está conectada directamente con lo que ocurre en la sala de clases. Una capacitación aislada puede entregar buenas ideas, pero cambiar prácticas requiere acompañamiento. Al mismo tiempo, el desafío es que ese proceso permita dejar capacidades instaladas en las escuelas, de manera que los equipos puedan sostener y fortalecer esas prácticas con autonomía en el tiempo.
Por eso cada escuela Alfadeca cuenta con una mentora o mentor que trabaja junto a los docentes, observa clases, entrega retroalimentación y mantiene un vínculo permanente con la escuela. Ese acompañamiento se complementa con Súper Profe, nuestro plan de formación basado en el Marco para la Buena Enseñanza del Mineduc, que instala prácticas efectivas basadas en evidencia.
Enseñar a leer y escribir requiere conocimientos específicos. Y también hemos aprendido algo muy sencillo pero importante: los docentes necesitan sentirse acompañados. Por eso buscamos generar una red donde puedan compartir experiencias, intercambiar buenas prácticas y conversar con otros profesores que están enfrentando desafíos similares.
También hemos visto que el liderazgo de los equipos directivos hace una diferencia enorme. Cuando una dirección y su equipo técnico entienden que la lectoescritura es una prioridad de toda la escuela, y no solamente del profesor, el trabajo se fortalece.
En la sala de clases, uno de los cambios más importantes es el monitoreo permanente de los aprendizajes para actuar a tiempo. Detectar rápidamente a un estudiante que se está quedando atrás permite intervenir antes de que esa brecha se vuelva más difícil de superar. Y hay algo que tampoco debemos olvidar: reconocer los avances. Para un niño que está aprendiendo a leer, darse cuenta de que hoy puede hacer algo que hace unas semanas no podía es tremendamente movilizador.
¿Por qué la fundación decidió incorporar la salud mental a su trabajo en Chile y qué esperan conseguir en esta área?
La salud mental siempre ha sido un tema que nos preocupa, pero durante la pandemia vimos con mucha claridad que se estaba convirtiendo en uno de los grandes desafíos sociales del país. Desde la fundación nos preguntamos cómo podíamos aportar desde nuestro rol y una de las respuestas fue ayudar a generar información de calidad y acercarla a las personas.
Así nace Sana Mente, programa que coproducimos junto a CNN Chile y Grupo CAP, que busca instalar la salud mental, la neurociencia y el bienestar en la conversación pública con información seria, pero al mismo tiempo cercana y fácil de entender.
El programa se emite hace 5 años y, a partir de ese trabajo, se han desarrollado cerca de 100 cápsulas animadas y se han generado alianzas con más de 20 instituciones públicas y privadas. En 2025, Sana Mente alcanzó a más de 228 mil espectadores en televisión y superó 1,5 millones de visualizaciones en YouTube.
Para nosotros ha sido especialmente importante que estos contenidos puedan llegar también al mundo educativo. Gracias a un convenio con el Ministerio de Educación, las cápsulas están disponibles como recursos pedagógicos y durante 2025 se desarrollaron cinco rutas de aprendizaje sobre bienestar para estudiantes de 3° y 4° medio.
Lo que buscamos es entregar herramientas concretas para que niños, jóvenes, adultos puedan entender mejor lo que les pasa, hablar sobre salud mental, reconocer cuándo necesitan ayuda y saber dónde buscarla.
Ese aprendizaje también lo hemos llevado a Alfadeca. Sabemos que detrás de cada sala de clases hay docentes que enfrentan una carga muy importante y cuyo bienestar influye directamente en su capacidad para enseñar y acompañar a sus estudiantes. Si queremos cuidar los aprendizajes de los niños, también tenemos que preocuparnos de quienes están todos los días frente a ellos.
Cuidar a quienes enseñan para fortalecer los aprendizajes
La experiencia de Alfadeca plantea un desafío que va más allá de ampliar su cobertura territorial. Mantener los avances requiere formación continua, equipos directivos comprometidos y acompañamiento permanente a los profesores. En Atacama, el crecimiento desde dos hasta 51 escuelas refleja también la importancia de construir alianzas capaces de sostener el trabajo educativo.
La incorporación de la salud mental a las iniciativas de Fundación Rassmuss amplía esa tarea. El bienestar de los docentes se incorpora a una discusión que también alcanza las obligaciones de los establecimientos, en el contexto de la nueva ley de convivencia escolar y bienestar educativo, que establece medidas preventivas y de protección para las comunidades educativas.



