Por Rafael Rosell Aiquel, Rector Universidad del Alba
En Chile hablamos con frecuencia de descentralización, pero pocas veces la ejercemos en ámbitos donde resulta decisiva: la generación de conocimiento. La investigación sigue concentrada en los grandes centros urbanos, reproduciendo una lógica que muchas veces deja fuera las realidades concretas de las regiones.
Sin embargo, los desafíos más urgentes —como la salud infantil— no esperan. La alta prevalencia de caries en niños y niñas no es solo un problema odontológico; es una expresión de desigualdad y acceso, y también de políticas públicas que deben fortalecerse desde la evidencia.
Por eso, resulta especialmente relevante que iniciativas de investigación aplicada comiencen a emerger desde las propias regiones. No como excepción, sino como convicción. Investigar desde el territorio permite comprender mejor los problemas y, sobre todo, diseñar soluciones más pertinentes y efectivas.
En la región de Coquimbo estamos avanzando en esa dirección. El reciente proyecto sobre caries infantil y flora bacteriana oral no solo busca generar conocimiento científico, sino hacerlo en articulación con el mundo público, integrando al Gobierno Regional y a Fundación Integra en un esfuerzo común. La investigación aplicada desde regiones gana relevancia en salud pública, mientras la articulación con actores territoriales fortalece su impacto.
Este tipo de colaboración no es accesorio: es estructural. Las políticas públicas de calidad requieren evidencia, pero también requieren conocimiento situado. El conocimiento situado es clave para decisiones públicas efectivas, y se construye cuando la academia dialoga con la realidad social.
Como Universidad del Alba, hemos asumido una definición clara: ser una universidad regional, con vocación pública y con capacidad de aportar soluciones concretas a los desafíos del entorno. La educación superior regional cumple un rol estratégico en el desarrollo, y su presencia en territorios como La Serena responde a una apuesta institucional.
Descentralizar la investigación no es un gesto simbólico. Es una condición necesaria para construir un país más equitativo, donde el conocimiento no solo se produzca en las regiones, sino que también transforme sus realidades. La descentralización del conocimiento impacta el desarrollo territorial, y permite reducir brechas estructurales en el acceso a soluciones.
Porque cuando la investigación se hace desde el territorio, su impacto deja de ser teórico y se vuelve profundamente humano. El conocimiento territorializado conecta con las personas, y convierte la investigación en una herramienta concreta de transformación social.
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