El SEA recibió cuatro iniciativas energéticas en septiembre, frente a veinte un año antes. La caída redujo la inversión declarada y profundizó un retroceso acumulado, mientras las aprobaciones ambientales mantienen una cartera millonaria pendiente de ejecución efectiva
La inversión energética chilena cerró septiembre de 2026 con una señal de alerta. El ingreso de nuevos proyectos al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA) cayó 80% respecto del mismo mes de 2025, pasando de veinte iniciativas a solamente cuatro. La disminución también alcanzó los montos comprometidos, que retrocedieron desde US$2.396 millones hasta US$908 millones, según el último reporte del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA).
Las cifras reflejan una contracción en la presentación de nuevas inversiones, precisamente cuando Chile necesita ampliar su infraestructura de generación, transmisión y almacenamiento eléctrico. Aunque un resultado mensual no permite establecer por sí solo un cambio permanente en las decisiones empresariales, la magnitud de la disminución adquiere relevancia al observar el comportamiento de los primeros nueve meses del año.
Entre enero y septiembre ingresaron 46 proyectos energéticos, frente a 132 en igual período de 2025, una caída acumulada del 65%. La inversión declarada también disminuyó, desde US$20.032 millones hasta US$14.485 millones, equivalente a un retroceso cercano al 28%. Esta menor entrada de iniciativas coincide con una etapa en que la transición energética chilena requiere ampliar su infraestructura de transmisión y almacenamiento para aprovechar la creciente capacidad de generación renovable.
Antofagasta concentra la inversión y otras regiones quedan sin nuevos proyectos
La distribución territorial de septiembre muestra una marcada concentración. De los US$908 millones ingresados a evaluación, US$593 millones corresponden a un solo proyecto en Antofagasta, mientras los otros tres se localizaron en la Región Metropolitana, con una inversión conjunta de US$315 millones. Ninguna otra región registró nuevos ingresos energéticos durante ese mes.
La iniciativa de mayor inversión corresponde al Parque Fotovoltaico Antofagasta 1, ubicado en María Elena, desarrollado por Solar Antofagasta SpA, filial de Grenergy. El proyecto contempla generación solar, almacenamiento mediante baterías e infraestructura de conexión al Sistema Eléctrico Nacional, y representa aproximadamente el 65% de toda la inversión energética presentada durante septiembre.
El contraste regional resulta significativo. Atacama pasó de seis proyectos energéticos ingresados en septiembre de 2025 a ninguno este año, mientras O’Higgins retrocedió de tres iniciativas a cero. Tarapacá, Ñuble, Biobío y Los Lagos también registraron ausencia de nuevas presentaciones, luego de contabilizar proyectos durante el mismo mes del año anterior.
La disminución no significa que las inversiones existentes en esas regiones estén paralizadas. Sin embargo, evidencia un menor flujo de nuevas propuestas que, de mantenerse, podría afectar las perspectivas de actividad para constructoras, proveedores, empresas de ingeniería y servicios especializados vinculados al desarrollo energético.
Las aprobaciones mantienen una cartera millonaria
El comportamiento de las autorizaciones ambientales presenta una realidad diferente. Durante septiembre, 13 proyectos energéticos obtuvieron calificación ambiental favorable por US$3.276 millones, encabezados por Atacama, que concentró US$1.057 millones. Le siguieron Valparaíso, con US$555 millones; Antofagasta, con US$500 millones; y la Región Metropolitana, con US$455 millones.
En el balance acumulado de enero a septiembre, el SEA contabiliza 90 iniciativas energéticas aprobadas por US$11.855 millones, una cifra levemente inferior a los US$12.372 millones autorizados durante igual período de 2025. La cantidad de proyectos prácticamente no varió, pero la inversión asociada disminuyó alrededor del 4%.
Esta diferencia entre los nuevos ingresos y las autorizaciones tiene una explicación relevante. Los proyectos que obtienen aprobación pueden haber iniciado su tramitación meses o años antes. Por tanto, el volumen de inversión autorizado refleja decisiones tomadas sobre iniciativas previamente presentadas y no necesariamente una recuperación de la cartera de nuevos negocios.
Al cierre de septiembre, otros 93 proyectos energéticos permanecían en evaluación ambiental, por US$21.060 millones. Antofagasta concentraba US$6.575 millones y Atacama US$3.578 millones, manteniendo al norte del país como uno de los principales polos de inversión energética pendiente de resolución.
Una señal que exige seguimiento para la inversión nacional
La caída en el ingreso de proyectos no demuestra por sí sola una pérdida de atractivo de Chile para la inversión energética. Las presentaciones pueden variar por la magnitud de las iniciativas, sus calendarios de desarrollo y las decisiones particulares de cada compañía. Tampoco permite atribuir el descenso exclusivamente a los plazos de evaluación ambiental, ya que estos datos registran proyectos presentados y no explican por qué otras inversiones todavía no ingresan al sistema.
Sin embargo, el retroceso acumulado constituye un antecedente relevante para evaluar las perspectivas del sector. La aprobación ambiental es apenas una de las etapas necesarias para materializar una inversión, que posteriormente requiere financiamiento, permisos complementarios, construcción y conexión al sistema eléctrico.
Para las regiones, la evolución de esta cartera tiene consecuencias potenciales sobre empleo, contratación de proveedores y actividad empresarial. En el norte, además, la infraestructura energética está estrechamente relacionada con las necesidades de la minería, los nuevos proyectos industriales y el desarrollo de sistemas de abastecimiento de agua.
El crecimiento de otros sectores también depende de contar con capacidad eléctrica suficiente. La expansión de centros de datos y actividades vinculadas a la economía digital, por ejemplo, enfrenta exigencias de conexión eléctrica que pueden condicionar sus decisiones de inversión.
Por eso, la caída de 80% en los ingresos de septiembre plantea una señal que merece seguimiento: Chile mantiene una importante cartera energética autorizada, pero necesita sostener la llegada de nuevas iniciativas y transformar las aprobaciones en infraestructura efectivamente disponible para su desarrollo productivo.



