Inversión, gobernanza territorial y desafíos para escalar conocimiento productivo
Chile alcanzó en 2023 un 0,41% del PIB en gasto en investigación y desarrollo (I+D), el nivel más alto registrado en su historia reciente. Es un avance relevante, pero todavía insuficiente frente al estándar de países OCDE, que promedian cerca de 2,7% del PIB. El problema no es solo de monto: es de estructura, gobernanza y conexión con la economía real.
El sistema chileno de ciencia, tecnología e innovación (CTI) muestra cuatro tensiones centrales:
- Bajo esfuerzo relativo de inversión.
- Alta concentración territorial.
- Articulación débil con la política productiva.
- Inversión privada aún concentrada en sectores tradicionales.
El desafío no es “gastar más” de forma inercial, sino invertir mejor, con foco territorial, demanda tecnológica y escalamiento productivo.
1. Inversión en I+D: avance estadístico, rezago estructural
Según datos oficiales:
- 0,41% del PIB en I+D en 2023 (preliminar).
- En 2022, el gasto fue 0,39% del PIB.
- Promedio OCDE: ~2,7% del PIB.
Este salto confirma una tendencia positiva, pero deja a Chile aún lejos de economías que usan la ciencia como eje de competitividad. En términos simples: el país ha mejorado, pero sigue operando con un sistema de I+D de escala pequeña para los desafíos que enfrenta.
No es solo un problema de volumen. También lo es de composición:
- El gasto se distribuye casi en partes iguales entre empresas (42%) y educación superior (42%).
- El resto se reparte entre Estado y entidades sin fines de lucro.
Esto muestra un equilibrio interesante, pero todavía con baja masa crítica para crear industrias tecnológicas nuevas.
2. Ciencia y economía: una relación aún débil
La experiencia internacional muestra que la ciencia cambia economías cuando:
- Existe demanda tecnológica estructurada.
- Hay empresas dispuestas a invertir a largo plazo.
- El Estado compra innovación y reduce riesgo.
En Chile, la relación ciencia–economía sigue siendo desigual:
-
En minería, energía, forestal y acuicultura, la innovación se usa sobre todo para:
- Reducir costos
- Cumplir estándares ambientales
- Mejorar eficiencia operacional
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En sectores como salud, biotecnología avanzada, materiales o inteligencia artificial, la inversión sigue siendo baja y fragmentada.
Esto genera un patrón claro: La ciencia es funcional al modelo productivo existente, pero aún no es una palanca potente para transformarlo.
3. Ley I+D: termómetro de la inversión empresarial
El instrumento más trazable para medir I+D privada es la Ley de Incentivo Tributario:
- 2025: $268.534 millones certificados en proyectos de I+D.
- Acumulado histórico supera los $1,26 billones desde su creación.
Este dato es clave: demuestra que sí existe interés empresarial por innovar. Pero también revela límites:
- Alta concentración sectorial.
- Proyectos de corto y mediano plazo.
- Poca conexión con grandes agendas nacionales (salud, clima, envejecimiento, ciudades, soberanía tecnológica).
La Ley I+D ha sido eficaz como incentivo, pero todavía no como motor de transformación estructural.
4. Territorio: ciencia concentrada, problemas distribuidos
Uno de los grandes nudos es territorial. Aunque no existe aún un consolidado oficial único de inversión total en I+D por región, sí hay señales claras:
- La mayor parte de las capacidades científicas, centros y decisiones estratégicas sigue concentrada en la Región Metropolitana.
- Las regiones enfrentan los principales desafíos productivos y ambientales:
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- Agua y desertificación en el norte
- Reconversión productiva en zonas industriales
- Crisis forestal, pesquera y climática en el sur
| Región / Macro-zona | Polos (referenciales) | Especialización dominante (tendencial) |
|---|---|---|
| Norte (Arica–Antofagasta–Atacama) | Arica, Iquique, Antofagasta/Calama, Copiapó | Desierto, agua, energía solar; minería, litio, procesos, astronomía |
| Centro (Valparaíso–RM–O’Higgins–Maule–Ñuble) | Valparaíso/Viña, Santiago, Rancagua, Talca, Chillán | Océanos y logística; salud/IA/materiales; agroindustria, riego, clima |
| Sur (Biobío–Araucanía–Los Ríos–Los Lagos) | Concepción, Temuco, Valdivia, Puerto Montt/Osorno | Manufactura/forestal; agro/biotec; biodiversidad; acuicultura/biotec |
| Austral (Aysén–Magallanes) | Coyhaique, Punta Arenas | Clima, ecosistemas australes, energía en condiciones extremas |
Esto genera una asimetría crítica: Los problemas están en los territorios, pero muchas soluciones se diseñan desde el centro.
Sin sistemas regionales de innovación robustos, la ciencia llega tarde, fragmentada o desconectada de la realidad productiva local.
5. Infraestructura estratégica: el caso del Centro Espacial Nacional
La inauguración del Centro Espacial Nacional (CEN) en 2025 marca un hito:
- Infraestructura para control de misión, ensamblaje satelital y ciencia de datos.
- Potencial para aplicaciones en:
-
- Agricultura
- Clima
- Océanos
- Gestión de riesgos
- Seguridad hídrica
Pero la infraestructura por sí sola no transforma economías. Su impacto dependerá de:
- Modelo de gobernanza.
- Acceso real para universidades, startups y regiones.
- Demanda pública que use esos datos para resolver problemas concretos.
El riesgo es convertirlo en un símbolo.
La oportunidad es convertirlo en una plataforma productiva de datos y servicios tecnológicos.
6. Gobiernos regionales: la palanca subutilizada
Los gobiernos regionales manejan recursos relevantes vía FNDR, pero su rol en ciencia sigue siendo desigual:
- Algunos financian innovación y transferencia.
- Otros siguen priorizando casi exclusivamente infraestructura dura.
- En muchos casos no existen agendas científicas regionales.
Para dar un salto cuantitativo real, los gobiernos regionales deberían:
- Definir misiones territoriales (agua, minería verde, agro resiliente, océanos, energía).
- Crear líneas FNDR permanentes para I+D aplicada.
- Exigir impacto productivo y social verificable.
- Construir equipos técnicos especializados en CTI.
Sin este liderazgo, la descentralización científica seguirá siendo más retórica que política efectiva.
7. Los cuatro nudos estructurales
El análisis permite identificar cuatro bloqueos principales:
- Escala insuficiente de inversión frente a desafíos globales.
- Concentración territorial que debilita soluciones locales.
- Débil articulación con política industrial.
- Inversión privada concentrada en sectores tradicionales.
Estos nudos no se resuelven solo con más presupuesto.
Se resuelven con reforma de gobernanza del sistema CTI.
8. Líneas estratégicas para un salto real
Para transformar ciencia en desarrollo, Chile necesita:
- Un compromiso gradual hacia 1% del PIB en I+D.
- Demanda pública de innovación (salud, clima, agua, ciudades).
- Coinversión estructurada público–privada.
- Sistemas regionales de innovación con poder real.
- Infraestructura científica conectada a problemas productivos.
Conclusión
Chile dio un paso importante al alcanzar el 0,41% del PIB en I+D. Pero el dato, por sí solo, no cambia el modelo de desarrollo. El verdadero desafío es político, institucional y productivo: decidir si la ciencia será un adorno moderno o el eje de una estrategia país.
El desarrollo basado en conocimiento no ocurre por acumulación espontánea de proyectos.
Ocurre cuando el Estado, las empresas, las regiones y la academia se alinean detrás de misiones claras.
La pregunta de fondo ya no es si Chile puede invertir más en ciencia.
La pregunta es si está dispuesto a reordenar su modelo de desarrollo alrededor de ella.



