El exministro de Hacienda cuestiona el relato de un Estado quebrado, advierte presiones fiscales reales y plantea que el foco debe estar en crecimiento, calidad del gasto y acuerdos políticos que permitan sostener la estabilidad económica del país
Chile enfrenta un momento de definiciones en materia fiscal, marcado por un estrechamiento de las holguras presupuestarias, presión sobre el gasto público y un bajo dinamismo económico. El debate se ha polarizado entre diagnósticos extremos, instalando interpretaciones que dificultan la construcción de acuerdos en un ámbito clave para la estabilidad del país.
El punto de partida, sin embargo, no es el colapso. Las finanzas públicas muestran un deterioro en su trayectoria, pero mantienen fundamentos que alejan un escenario de crisis inmediata.
En esa línea, Ignacio Briones -exministro de Hacienda, economista y exdecano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez- advierte que el diagnóstico debe ser más preciso y menos efectista: “tenemos un problema fiscal que hay que hacerse cargo, pero eso es muy distinto a decir que Chile está quebrado o al borde de una crisis. Este no es un país que se cae a pedazos, y es importante decirlo con claridad porque si no terminamos instalando diagnósticos que no ayudan a tomar buenas decisiones”.
El error del “Estado quebrado” y sus efectos en la credibilidad
La discusión escaló luego de que se instalara la idea de un “Estado quebrado”, en medio del debate por el alza de combustibles y las restricciones fiscales. Para Briones, ese tipo de afirmaciones no solo es impreciso, sino que introduce un problema mayor en la discusión pública.
Con experiencia directa en la conducción de la política fiscal durante un periodo de alta complejidad —marcado por la pandemia y el despliegue de ayudas económicas—, el economista cuestiona el uso del concepto desde una base técnica. A su juicio, equiparar la situación fiscal del país con una quiebra es derechamente incorrecto y puede generar efectos indeseados.
“Cuando se habla de un Estado quebrado se comete un error conceptual serio. Los países no quiebran como una empresa, y en el caso de Chile seguimos teniendo acceso a financiamiento, credibilidad y un riesgo país acotado. Por eso digo que la ignorancia es atrevida, porque ese tipo de afirmaciones distorsiona el debate”, sostiene.
El punto no es menor. Desde su perspectiva, confundir deterioro fiscal con insolvencia soberana no solo afecta el diagnóstico interno, sino que también puede enviar señales equívocas hacia los mercados. La credibilidad financiera —un activo construido durante décadas— depende en gran medida de la consistencia del discurso político y económico, especialmente en contextos de mayor incertidumbre.
Crecimiento y sostenibilidad fiscal: el verdadero nudo
Más allá del conflicto comunicacional, Briones instala el foco en una discusión estructural que ha quedado en segundo plano. El desafío no es únicamente ordenar las cuentas fiscales, sino hacerlo sin afectar la capacidad de crecimiento del país.
En ese equilibrio se juega gran parte del escenario económico de los próximos años. “El verdadero desafío es cómo ordenamos las finanzas públicas sin matar el crecimiento, porque si la economía no crece, cualquier esfuerzo de ajuste se vuelve mucho más complejo, más lento y también más costoso desde el punto de vista social”, advierte.
El bajo dinamismo económico aparece como el principal factor de riesgo. Sin expansión de la actividad, la recaudación se estanca y las presiones sobre el gasto se intensifican. “Si no recuperamos el crecimiento económico, vamos a estar permanentemente corriendo detrás del déficit. Por eso el crecimiento no es un tema secundario, es la base para poder sostener cualquier política pública”, agrega.
Gasto público y calidad del debate: el punto ciego
El análisis también introduce un matiz que suele quedar fuera de la discusión política. Más allá del nivel de gasto, el foco debe estar en su calidad y sostenibilidad.
Desde su mirada, forjada tanto en la academia como en la gestión pública, Briones advierte que el debate fiscal se ha simplificado en exceso. “Aquí no basta con discutir si subimos o bajamos el gasto. El punto de fondo es cómo se gasta, qué tan eficiente es ese gasto y si es sostenible en el tiempo. Sin esa conversación, el debate fiscal queda incompleto”, señala.
La crítica se extiende al tono de la discusión pública. Para el exministro, la proliferación de consignas ha desplazado el análisis técnico, debilitando la capacidad de construir acuerdos. “Me preocupa el nivel del debate público, porque muchas veces se instalan frases efectistas que no resisten análisis técnico. Aquí se requiere más seriedad, más responsabilidad y menos simplificación en un tema que es clave para el país”, advierte.
Un ajuste inevitable que exige decisiones políticas
El diagnóstico final evita el catastrofismo, pero también descarta la inacción. Chile no enfrenta una crisis inmediata, pero sí un proceso de ajuste que exigirá definiciones claras y sostenidas en el tiempo.
En ese escenario, la clave no estará solo en las cifras, sino en la capacidad de articular una estrategia coherente. La combinación de disciplina fiscal, crecimiento económico y acuerdos políticos aparece como el eje central para sostener el desarrollo, en un entorno donde las restricciones son cada vez más evidentes.



