Por Katherine López – Observatorio de Industria y Negocios Sostenibles (INSOS), Universidad de Las Américas
Chile está elevando su estándar de gobernanza empresarial y 2026 marca un punto de convergencia regulatoria que redefine el rol estratégico de los directorios. No se trata únicamente de nuevas exigencias de reporte, sino de una transformación estructural en la forma en que las organizaciones abordan la sostenibilidad, la gestión de riesgos y la toma de decisiones.
Por una parte, la Comisión para el Mercado Financiero estableció mediante la Norma de Carácter General N°519 la adopción de los estándares internacionales de sostenibilidad IFRS S1 y IFRS S2. Estas normas determinan cómo las empresas deben reportar información sobre sostenibilidad y cambio climático, integrando los riesgos climáticos y los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en la estrategia corporativa.
Esto implica un cambio profundo en la lógica empresarial. La sostenibilidad deja de ser un ámbito comunicacional o reputacional y pasa a formar parte del núcleo estratégico del negocio, obligando a los directorios a incorporar el análisis de riesgos climáticos, impactos sociales y gobernanza en sus decisiones.
Al mismo tiempo, el país avanza en otra dimensión clave del gobierno corporativo. La Ley 21.757, conocida como “Más Mujeres en Directorios”, introduce un mecanismo progresivo para limitar la sobrerrepresentación de un mismo sexo en los directorios de sociedades anónimas abiertas y empresas del Estado.
La normativa establece que entre 2026 y 2028 ningún sexo podrá superar el 80% de representación en los directorios, avanzando gradualmente hacia un equilibrio más sostenido en el tiempo. El objetivo es corregir una brecha histórica en la participación femenina en los espacios de decisión empresarial.
A primera vista, podría pensarse que se trata de dos agendas distintas: sostenibilidad y equidad de género. Sin embargo, ambas responden a un mismo principio: fortalecer la calidad del gobierno corporativo y elevar los estándares de gobernanza empresarial.
La sostenibilidad, entendida bajo el marco ASG, no se limita al impacto ambiental. Incluye también dimensiones sociales y de gobernanza, y dentro de estas últimas, la composición del directorio es un elemento estructural.
Por eso, la diversidad en los directorios no es solo una señal reputacional, sino un factor que incide directamente en la calidad de la gestión estratégica. La evidencia internacional muestra que equipos directivos más diversos tienden a mejorar el debate estratégico, ampliar la mirada sobre los riesgos y reducir sesgos en la toma de decisiones.
Diversos estudios en gobernanza corporativa han demostrado que directorios con mayor diversidad de género fortalecen la supervisión estratégica, mejoran la gestión de riesgos y generan decisiones más robustas en contextos complejos.
Esto adquiere especial relevancia en un entorno empresarial marcado por transformaciones profundas: cambio climático, transición energética, nuevas exigencias regulatorias y mayor presión social por la sostenibilidad.
En ese contexto, la ley de participación femenina en directorios no puede entenderse como un gesto simbólico de equidad, sino como parte de un cambio estructural en la manera en que se concibe la gobernanza corporativa moderna.
El estándar que comienza a consolidarse en 2026 es claro: las empresas deberán ser capaces de integrar sostenibilidad, diversidad y gestión de riesgos en el corazón de su estrategia.
Esto significa que el rol del directorio también evoluciona. Ya no basta con supervisar resultados financieros o aprobar planes de inversión. Los directorios deberán demostrar capacidad para comprender riesgos climáticos, impactos sociales y exigencias regulatorias cada vez más complejas.
En ese escenario, la calidad del gobierno corporativo se vuelve un activo estratégico. Una gobernanza sostenible no depende únicamente de políticas internas o de la existencia de comités especializados. Depende, sobre todo, de la calidad, diversidad y competencia de quienes toman las decisiones.
Chile está avanzando hacia ese nuevo estándar. Y el desafío para las empresas no será simplemente cumplir con la normativa, sino entender que la sostenibilidad y la diversidad son hoy componentes esenciales de la competitividad empresarial.
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