Drones, radares y plataformas de vigilancia marcan un cambio en la estrategia de seguridad, con foco en anticipar amenazas en fronteras y espacios críticos
El avance del crimen organizado, el narcotráfico y la presión sobre las fronteras han llevado a Chile a mirar con mayor atención el rol de la tecnología en su estrategia de seguridad. La edición 2026 de la Feria Internacional del Aire y del Espacio (FIDAE) instaló este debate con fuerza, mostrando soluciones orientadas a anticipar amenazas y mejorar el control del territorio.
Así, la tecnología se posiciona como un eje central en la seguridad nacional, mientras las nuevas amenazas obligan a modernizar los sistemas de vigilancia .
El cambio en el comportamiento delictual ya es visible. El uso creciente de drones para transporte ilegal, vigilancia y operaciones ligadas al narcotráfico se suma a la aparición de rutas aéreas clandestinas y al aumento de la pesca ilegal en aguas del Pacífico.
Estas dinámicas han encendido alertas en los organismos de seguridad, donde el uso de drones por organizaciones criminales se vuelve una amenaza concreta, y la expansión de redes ilícitas exige nuevas capacidades de control .
Drones y sistemas antiaéreos: una nueva línea de defensa
Uno de los desarrollos que concentró la atención en FIDAE fue el sistema antidrone “Crow”, una tecnología capaz de detectar, identificar y neutralizar aeronaves no tripuladas en tiempo real. Su implementación ya tiene antecedentes en Chile, incluyendo el resguardo del cambio de mando presidencial y del propio evento aeronáutico.
Este tipo de herramientas marca un punto de inflexión en la protección de infraestructuras críticas, donde los sistemas antidrone pasan de ser una opción a una necesidad operativa, mientras la seguridad aérea incorpora soluciones en tiempo real para enfrentar amenazas emergentes .
El alcance de estas tecnologías se proyecta hacia instalaciones estratégicas como cárceles, aeropuertos y centrales energéticas, ampliando el concepto de seguridad hacia una lógica de monitoreo permanente y protección activa.
Vigilancia integrada y control del espacio aéreo
El desafío no se limita a los drones. Chile enfrenta brechas en el control efectivo de su espacio aéreo, especialmente en zonas fronterizas donde operan rutas del narcotráfico. En ese ámbito, sistemas como “TARSIS” integran múltiples sensores y fuentes de información para construir una visión completa del entorno, facilitando la detección de vuelos irregulares y patrones sospechosos. De esta forma, la vigilancia aérea evoluciona hacia sistemas integrados de monitoreo, mientras la detección temprana se convierte en un factor clave para la seguridad .
A esto se suma el desarrollo de radares de uso dual, capaces de operar en ámbitos civiles y militares. Estas herramientas amplían la cobertura del territorio, permiten identificar vuelos clandestinos y fortalecen el control en zonas aisladas, integrando funciones que cruzan seguridad pública, defensa y soberanía.
Seguridad y tecnología: anticiparse a las amenazas
Los avances presentados reflejan una tendencia que ya se observa a nivel regional. Redes criminales operan de manera simultánea por aire, mar y tierra, aumentando la complejidad de los sistemas de control. Chile enfrenta ese fenómeno con mayores ingresos irregulares, sofisticación del narcotráfico y presión sobre recursos marítimos. Frente a esto, la tecnología deja de ser un complemento y pasa a ser un componente estratégico, mientras la seguridad evoluciona hacia un modelo basado en anticipación y análisis de datos .
Lo observado en FIDAE 2026 muestra un giro en la forma de abordar la seguridad: reducir los espacios que hoy aprovechan las redes criminales mediante monitoreo constante y capacidad de respuesta inmediata. El desafío no solo está en incorporar estas herramientas, sino en integrarlas de forma efectiva en la estrategia de seguridad nacional.



