El proceso para liderar Naciones Unidas entra en una etapa clave, con menos postulantes y apoyos internacionales que comienzan a ordenarse, mientras el respaldo de Brasil y México mantiene a la candidata chilena con opciones reales en la definición
La carrera por la Secretaría General de Naciones Unidas comienza a estrecharse y Michelle Bachelet sigue en competencia. La expresidenta chilena confirmó que mantendrá su candidatura, en un escenario donde el número de postulantes se reduce y los apoyos internacionales comienzan a definir el rumbo del proceso.
El retiro de candidaturas y la falta de respaldo a otros aspirantes han comenzado a ordenar la competencia, en una etapa donde cada definición pesa más. El escenario internacional empieza a despejarse, justo cuando se aproxima una fase decisiva en Nueva York.
Uno de los hitos recientes fue la salida de la nominación de Virginia Gamba, a lo que se suma el debilitamiento de la candidatura de Macky Sall, quien no logró el respaldo requerido en la Unión Africana. Este reordenamiento deja a un grupo acotado de aspirantes en carrera, donde Bachelet comparte escenario con Rafael Grossi y Rebeca Grynspan. La competencia entra así en una etapa más definida, donde los apoyos comienzan a consolidarse.
Apoyo internacional y una candidatura que se afirma
En este contexto, Bachelet reforzó públicamente la vigencia de su candidatura, no solo como una opción personal, sino como una propuesta política dentro del sistema multilateral. “Cuento con el apoyo de Brasil y México y, espero, de otros países. Y vamos a seguir adelante”, afirmó, en una señal que busca proyectar continuidad en la carrera. Luego profundizó el sentido de su decisión, señalando que “cualquiera sea el resultado, vale la pena dar la pelea por la primera mujer secretaria general”, instalando una dimensión histórica en su postulación.
Sus palabras no solo apuntan a confirmar respaldos, sino también a posicionar su candidatura en un plano más amplio. La exmandataria ha insistido en la necesidad de fortalecer el multilateralismo y el diálogo entre países, en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas. Su discurso se alinea con sectores que buscan recuperar espacios de cooperación internacional, lo que le otorga un marco político a su aspiración.
El respaldo de Brasil y México refuerza esa línea. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva afirmó que “Brasil, junto con México, seguirá apoyando la candidatura de Michelle Bachelet”, destacando su trayectoria. En la misma línea, la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que “nosotros vamos a seguir apoyándola (…) los argumentos por los cuales la apoyamos siguen siendo válidos”, enfatizando su experiencia internacional.
Un proceso donde el poder no está en campaña
Bachelet también ha sido clara en explicar las reglas del juego. “Esto es una selección, no una elección”, señaló, en referencia al mecanismo que define el cargo. La decisión final dependerá del acuerdo entre los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, lo que transforma la competencia en un ejercicio de negociación global.
En ese escenario, la exmandataria también advirtió la incertidumbre propia del proceso. “Eso nadie sabe cuándo va a pasar, porque dependerá de cuándo los cinco grandes se pongan de acuerdo”, explicó, subrayando que el calendario no responde a tiempos políticos tradicionales.
De esta forma, la candidatura se mueve así en un terreno donde la discreción y los equilibrios internacionales son determinantes, más que la exposición pública.
La próxima etapa comenzará el 20 de abril en Nueva York, cuando se inicien los interrogatorios a los candidatos. Bachelet llegará a esa instancia con un equipo asesor liderado por Heraldo Muñoz, en un esfuerzo por fortalecer su posicionamiento en una fase clave.
Una candidatura que se juega en el sistema internacional
La carrera por la ONU entra en una etapa donde los nombres comienzan a definirse y los respaldos adquieren mayor peso. La candidatura de Michelle Bachelet se mantiene en un grupo reducido de aspirantes, con apoyos internacionales que le permiten sostener su opción.
El desenlace dependerá de factores que exceden la política nacional. La capacidad de construir acuerdos en el Consejo de Seguridad será determinante, en una competencia donde las decisiones se toman lejos de los focos y donde cada respaldo redefine el escenario.



