Encuentro en Concepción reunió a más de 400 actores del mundo académico, industrial y regulatorio, poniendo el foco en las brechas formativas frente a un sistema cada vez más electrificado
La electrificación de la economía avanza a un ritmo que empieza a exigir nuevas capacidades técnicas y estándares más exigentes en seguridad. En ese proceso, especialistas reunidos en la Expo Internacional de Seguridad Eléctrica 2026 coincidieron en un diagnóstico que comienza a instalarse con fuerza: la formación en seguridad eléctrica no está avanzando al mismo ritmo que la electromovilidad y la expansión de los sistemas eléctricos, abriendo un flanco crítico para el desarrollo productivo.
El encuentro, organizado por la Universidad del Bío-Bío junto a ESYS, convocó en Concepción a más de 400 representantes de la academia, la industria y organismos reguladores. La convocatoria refleja un cambio de enfoque que ya cruza al sector energético: la seguridad eléctrica dejó de ser un asunto técnico para convertirse en una condición base del funcionamiento de industrias completas, desde la minería hasta la movilidad.
Formación bajo presión
Uno de los puntos más reiterados durante la jornada fue la distancia entre lo que exige el sistema y la preparación de los profesionales. A medida que la electromovilidad amplía su presencia y se multiplican las infraestructuras eléctricas, la falta de formación específica comienza a perfilarse como una brecha estructural, especialmente en etapas tempranas de formación.
El director de la Escuela de Ingeniería Civil Eléctrica de la Universidad del Bío-Bío, Fredy Muñoz, lo planteó con claridad al señalar que, pese a su carácter normativo, la seguridad eléctrica todavía no se aborda con la profundidad necesaria en los programas formativos. La necesidad, explicó, pasa por acercar estos contenidos a estudiantes y profesionales, conectando la formación con las exigencias reales de la industria.
Electromovilidad y estándares
En paralelo, el avance de la electromovilidad tensiona esa brecha. A medida que crecen los sistemas eléctricos asociados al transporte y a los procesos productivos, la confiabilidad de las instalaciones y la protección de las personas se vuelve un requisito para sostener la transición energética, lo que obliga a incorporar estándares internacionales como NFPA 70E y 70B en la operación cotidiana.
Desde la organización, el gerente general de ESYS, Guido Pardo, planteó que el desafío no se limita a la normativa, sino a la instalación de una cultura preventiva. La meta es avanzar hacia una reducción sostenida de accidentes eléctricos, ampliando el acceso a información técnica y fortaleciendo la formación, en un escenario donde la brecha no solo es local, sino que también se replica a nivel latinoamericano.
Industria y desafío operativo
Desde la industria, la preocupación apunta a la distancia entre formación y operación. El especialista en sistemas eléctricos de Minera Escondida, Juan Reinaga, destacó que estos espacios permiten acercar a estudiantes y docentes a los desafíos reales de terreno, donde la gestión del riesgo eléctrico se integra desde el diseño de los equipos y no como una etapa posterior.
La presencia de actores como Codelco, ENAP, Minera Los Pelambres y BHP, junto a organismos como la SEC y NFPA Latinoamérica, da cuenta de un fenómeno que cruza sectores. La seguridad eléctrica dejó de ser un tema específico para instalarse como una preocupación transversal en el desarrollo productivo, especialmente en un entorno cada vez más electrificado.
El avance de la transición energética abre una exigencia que ya no es teórica. Si la formación no se ajusta a esta nueva realidad, la brecha en seguridad eléctrica puede transformarse en un riesgo operativo y humano en sectores clave, donde la continuidad depende de sistemas cada vez más complejos.



