Por Maria Elba Chahúan, Vicepresidenta y Fundadora de Unión Emprendedora
Cuando uno conversa con emprendedores a lo largo de Chile, se da cuenta de que los negocios no parten con grandes planes ni grandes inversiones. Parten con una idea, con una necesidad, con una familia que apoyar o con las ganas de salir adelante. Pero si hay algo que marca la diferencia entre un negocio que sobrevive y uno que crece no es el producto ni el precio: es la planificación, el trabajo en equipo y el sentido de comunidad.
En Chile, las pymes representan alrededor del 97% de las empresas del país y generan más del 60% del empleo, lo que significa que cuando hablamos de emprendimiento, estamos hablando del motor real de la economía. Además, existen cerca de 2 millones de personas microemprendedoras, muchas de ellas trabajando solas o con pocos trabajadores, lo que refleja el carácter familiar del emprendimiento.
Por eso, el sentido de comunidad es tan importante, porque ningún emprendimiento crece solo. Crece cuando tiene redes de apoyo, proveedores, clientes y colaboración entre emprendedores, y cuando puede compartir experiencias y aprendizajes. Los países con más emprendimiento no son los que tienen más competencia, son los que tienen mayor colaboración y articulación entre actores.
Pero junto con la comunidad, otro tema clave es la planificación. Muchos emprendimientos parten por necesidad, pero para crecer necesitan saber cuánto cuesta producir, cuánto vender y cuándo invertir. Emprender sin planificación es como manejar sin mirar el camino: se puede avanzar, pero también existe el riesgo de fracasar.
Y aquí también entra la actitud del emprendedor, porque emprender no es fácil. Hay meses buenos y meses malos, clientes que no pagan, cambios en la economía y problemas internos. El emprendimiento no es sólo un tema financiero, es un tema de actitud: requiere perseverancia, capacidad de adaptación y aprendizaje constante, además de la habilidad de trabajar con otros y levantarse frente a la adversidad.
También es importante entender que los negocios no crecen sólo por el dueño, crecen por los equipos. El trabajo en equipo no es sólo dividir tareas, es confiar, comunicarse y compartir objetivos. Las empresas que logran construir equipos sólidos y comprometidos crecen de forma más ordenada y sostenible en el tiempo.
Finalmente, emprender no es sólo abrir un negocio, es construir algo que impacta a otros. Es generar empleo, aportar al entorno y dinamizar comunidades. Cuando apoyamos a un emprendedor, no solo apoyamos a una persona, sino que fortalecemos el desarrollo local y el tejido social.
Y quizás por eso el emprendimiento no se trata sólo de vender más, sino más bien de crecer con otros. Los negocios que perduran no son los que crecen más rápido, sino los que logran construir confianza, comunidad y propósito y avanzar con una visión de largo plazo compartida.
El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor (a) y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poderyliderazgo.cl



