Un estudio liderado por la UCSC proyecta la energía e infraestructura de carga que requerirán Chillán y Chillán Viejo para electrificar su transporte público hacia 2050, advirtiendo brechas energéticas, inversión pendiente y oportunidades ambientales para la calidad de vida urbana
Cambiar buses diésel por eléctricos no depende solo de comprar nuevos vehículos. Detrás de la electromovilidad en Ñuble existe un desafío menos visible, pero decisivo: contar con la capacidad eléctrica e infraestructura de carga necesarias para sostener esa transformación en el transporte público.
Esa fue la pregunta central de una investigación liderada por el Centro de Energía de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, enfocada en el futuro del transporte público de Chillán y Chillán Viejo. El estudio proyectó la demanda energética y los requerimientos de infraestructura que implicaría avanzar hacia una flota completamente eléctrica de aquí a 2050.
La investigación, publicada en el Journal Systems de MDPI, fue desarrollada en el marco del proyecto FIC-R “Plan de acción para la adopción de la electromovilidad en Ñuble”, financiado por el Gobierno Regional y ejecutado por la UCSC. Su objetivo fue identificar brechas en capital humano, infraestructura y difusión para impulsar una transición regional ordenada hacia la movilidad sustentable.
El problema no está solo en los buses
El director alterno del Centro de Energía UCSC y director del proyecto FIC, Eduardo Espinosa, explicó que el punto de partida fue dimensionar el impacto real de una eventual sustitución completa de la flota. “El primer problema, en concreto, fue estimar la potencia requerida y la energía que se consumirá ante un recambio del 100% a buses eléctricos a batería”, señaló.
Aunque la cantidad de cargadores puede estimarse con parámetros definidos por el Ministerio de Transportes y Telecomunicaciones, el estudio advierte que existe mayor incertidumbre en el consumo energético real de los buses. Factores como estado de las baterías, estilo de conducción, climatización y sistemas auxiliares pueden modificar significativamente la demanda proyectada.
Ñuble deberá fortalecer su red eléctrica
El análisis reveló que Ñuble requerirá un fortalecimiento relevante de su red eléctrica para sostener la transición del transporte público de pasajeros hacia la electromovilidad. “Este recambio va a depender en gran medida del apoyo que hagan tanto el gobierno central como el regional”, afirmó Espinosa.
El académico también advirtió que ciudades intermedias como Chillán enfrentan desafíos distintos a los de grandes capitales, especialmente por retrasos históricos en obras de transmisión y distribución eléctrica. “Ñuble todavía tiene ciertos retrasos que se están trabajando para superarlos. Ya en eso, tanto la participación del sector público como la del privado en conjunto han hecho esto, pero todas estas medidas, una vez aprobadas, no tienen una ejecución instantánea”, indicó.
Energía, prioridades y decisiones públicas
La investigación instala una pregunta de fondo para la planificación regional: cómo priorizar el uso de la energía disponible cuando múltiples sectores compiten por el mismo recurso. Hospitales, transporte público, industrias, hogares y nuevos proyectos requerirán mayor capacidad, lo que obliga a mirar la electromovilidad como parte de una estrategia energética territorial.
En esa línea, Espinosa sostuvo que “hay un tema, finalmente, energético y también de prioridades: qué se prefiere, o sea, entre poner energía, en este caso, en un hospital, y un transporte público”.
Para Ñuble, el debate no se limita a tecnología. También involucra inversión pública y privada, coordinación institucional, planificación urbana y una mirada de largo plazo sobre cómo se moverán las ciudades en las próximas décadas.
Beneficios para la ciudad y el medio ambiente
Más allá de la infraestructura, el estudio proyecta beneficios directos para la calidad de vida urbana. De acuerdo con el investigador, “el bus eléctrico genera una sensación de mayor confort para el pasajero: no hay vibraciones ni ruido, y ese ruido también se reduce para los peatones cercanos a la ruta por donde transita un bus eléctrico”.
La reducción del ruido podría contribuir a una ciudad más amable para sus habitantes. A ello se suma el impacto ambiental asociado a un recambio completo de la flota de transporte público, especialmente en una zona donde la calidad del aire durante el invierno sigue siendo un problema crítico.
“En otro estudio vimos que, si hoy en día hiciéramos un recambio total de la flota, bajaríamos en un 65% las emisiones de gases de efecto invernadero en la ciudad de Chillán”, afirmó Espinosa, apuntando al potencial ambiental de una transición bien planificada.
Una base técnica para decidir hacia 2050
El estudio plantea distintos escenarios de transición, desde uno acelerado hasta otro más pesimista, y proyecta que Chillán podría contar hacia 2050 con una flota completamente eléctrica. Incluso abre la puerta a tecnologías complementarias, como el hidrógeno, en futuros modelos de transporte limpio.
El principal aporte del trabajo, según el investigador, es entregar insumos concretos para orientar decisiones públicas y privadas. “Se entrega al Gobierno Regional de Ñuble esto como base, diciendo: aquí están los puntos importantes en los que hay que poner énfasis”, concluyó.
La investigación entrega una señal clara: la transición hacia buses eléctricos exige mirar más allá del vehículo. Para que la electromovilidad avance en Ñuble, será necesario preparar redes, definir prioridades, invertir con anticipación y coordinar decisiones entre gobierno, academia, sector privado y comunidades.



