Por Osvaldo Mañán Arce, Administrador Público. Doctorado (c) en Procesos e Instituciones Políticas
El desarrollo económico regional no debe entenderse como un resultado automático del crecimiento nacional, sino como un objetivo estratégico que exige planificación, liderazgo institucional y coordinación público-privada. Toda autoridad subnacional debe asumir este desafío, impulsando iniciativas en infraestructura, industria, servicios y especialmente en innovación y desarrollo (I+D).
Nuestra región posee ventajas comparativas relevantes, así como son los recursos agrícolas, minería, turismo e infraestructura, pero transformar ese potencial en ventajas competitivas sostenibles y atractivas requiere una hoja de ruta actualizada.
La última Estrategia Regional de Desarrollo (2011-2020) ya no responde al contexto actual ni a los desafíos emergentes. Esta falta de planificación impide articular inversiones, orientar políticas públicas y generar valor agregado territorial.
El desafío de la coordinación multinivel
La experiencia comparada demuestra que las regiones exitosas no son aquellas con mayor dotación de recursos naturales, sino las que construyen ecosistemas institucionales robustos. En O’Higgins enfrentamos el riesgo de la descoordinación sectorial: mientras algunos municipios avanzan en modernización digital, otros mantienen brechas de conectividad; mientras existen clústeres agroindustriales consolidados, persisten déficits críticos en formación de capital humano especializado.
Necesitamos articulación efectiva entre Gobierno Regional, SEREMIs, CORFO, Academia y municipios, donde la eficacia institucional sea clave. Urge avanzar hacia una relación policéntrica que coordine decisiones y recursos, superando la fragmentación actual. Este modelo de gobernanza colaborativa debe incluir mecanismos de seguimiento, evaluación de impacto y rendición de cuentas transparente.
I+D: de la retórica a la inversión estratégica
El fomento al I+D debe dejar de ser marginal: sin ciencia, tecnología e innovación aplicada al territorio, no habrá transformación real ni diferenciación frente a otras regiones. Los datos son contundentes: según el último informe de CONICYT, O’Higgins invierte apenas el 0,12% de su PIB regional en I+D, muy por debajo del promedio nacional de 0,36% y dramáticamente inferior al 2-3% de regiones desarrolladas internacionalmente.
Necesitamos centros de investigación aplicada en sectores estratégicos: tecnologías de precisión agrícola, procesamiento de minerales con menor huella ambiental, energías renovables aprovechando nuestro potencial solar y eólico, y turismo sustentable con base científica. La Universidad de O’Higgins representa una oportunidad única para anclar este ecosistema de innovación si logramos vincular efectivamente su investigación con las necesidades productivas territoriales.
Competitividad territorial: construyendo el futuro
Además, nuestras comunas compiten con otros territorios por inversión, talento y proyectos. Para destacar, debemos garantizar bienestar, calidad de servicios, empleo decente y oportunidades de desarrollo personal. Sin estos pilares, cualquier estrategia de desarrollo será frágil. La competitividad regional ya no se mide solo en indicadores macroeconómicos, sino en calidad de vida, seguridad, acceso a servicios de salud y educación, espacios públicos dignos y cohesión social.
La evidencia internacional muestra que las regiones con alta calidad institucional atraen 3,5 veces más inversión extranjera directa que aquellas con instituciones débiles, incluso controlando por dotación de recursos naturales. O’Higgins debe invertir en fortalecimiento de capacidades técnicas municipales, digitalización de procesos y ventanillas únicas de inversión que reduzcan la burocracia.
El momento es ahora
Hoy la pregunta clave no es si tenemos potencial, más bien es si tenemos la capacidad institucional, visión estratégica y voluntad política para convertirlo en desarrollo efectivo. ¿Cuál será nuestra ventaja competitiva en los próximos 10 años? ¿Qué alianzas y capacidades necesitamos construir hoy para lograrlo?
El desafío es pasar del diagnóstico compartido a la acción coordinada. Necesitamos un nuevo pacto territorial que integre a sector público, empresariado, academia, sociedad civil y ciudadanía. Solo mediante esta coalición estratégica podremos dar el gran salto que O’Higgins necesita y merece.
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