Por Gonzalo Muñoz Abogabir y Daniel Vercelli Baladrón, cofundadores de Manuia Consultora y Ambition Loop
Chile está eligiendo a su próximo gobierno, pero hay una discusión muy importante que ha estado ausente: nuestro futuro económico depende de cómo enfrentemos el cambio climático. No en abstracto, sino con una estrategia que combine competitividad, tecnología y sostenibilidad.
Más que un slogan, este objetivo tiene una evidencia clara: es posible crecer y, al mismo tiempo, bajar las emisiones de gases de efecto invernadero. De hecho, esto aumenta la competitividad en los mercados globales. Varias economías avanzadas y en desarrollo alrededor del mundo ya lo lograron, desacoplando su PIB de las emisiones de CO₂. En otras palabras: la acción climática no empobrece y, bien gestionada, ofrece incluso el potencial de enriquecer.
Para Chile esto es algo concreto. Somos uno de los pocos países con cuatro ventajas decisivas para la transición energética: energía solar y eólica de clase mundial; cobre clave para la electrificación global; litio para el almacenamiento; e hidrógeno verde con potencial exportador. Todo eso, junto a infraestructura portuaria y una ubicación privilegiada, nos deja en una posición única.
Con esa mirada queremos analizar las propuestas de José Antonio Kast y Janette Jara, más allá de la coyuntura electoral.
El programa de Kast acierta en algo urgente: necesitamos volver a invertir. La burocracia, los permisos eternos y los criterios cambiantes frenan proyectos, incluidos los necesarios para descarbonizar la economía. Agilizar, ordenar y modernizar el Estado es indispensable, al igual que avanzar en infraestructura hídrica.
¿Dónde está la oportunidad? En sumar propósito. No basta con acelerar todo: hay que priorizar proyectos que reduzcan emisiones o fortalezcan la resiliencia, definir metas climáticas sectoriales y avanzar en eficiencia energética, hídrica y de materiales. También es clave un multilateralismo activo que permita acceder a financiamiento y mercados con exigencias de baja huella de carbono. Kast trae velocidad; falta asegurar la dirección.
En tanto, el programa de Jara reconoce la magnitud de la crisis climática y el rol del Estado en una transición justa. Su enfoque institucional, territorial y de justicia ambiental es valioso, pero requiere mayor concreción en política productiva.
La oportunidad está en clusterizar cobre bajo en carbono, litio con valor agregado, hidrógeno verde y puertos preparados para exportaciones climáticas, además de asegurar estabilidad regulatoria y fortalecer la transmisión eléctrica. Jara tiene claridad en el “por qué”, pero debe profundizar el “cómo”.
Ambos programas contienen piezas complementarias, pero el desafío es mayor: Chile necesita una Estrategia Nacional de Desarrollo Climático-Competitivo que trascienda gobiernos. Más allá del ganador, debe ganar Chile y su futuro sustentable, con descarbonización acelerada de exportaciones, reforma profunda al sistema de permisos, gobernanza moderna del agua, multilateralismo activo y una transición justa para todas las regiones.
Chile tiene una ventana histórica que no va a durar para siempre. El mundo avanza hacia una economía baja en carbono y con trazabilidad rigurosa. Si no actuamos ahora, perdemos desarrollo, competitividad y empleos. Si lo hacemos bien, podemos convertir esta crisis en la mayor oportunidad económica, tecnológica y ambiental de los próximos 50 años.
El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor (a) y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poderyliderazgo.cl



