Por Danilo Naranjo, presidente ejecutivo de Wingsoft
La agenda digital de un país no puede reducirse a anuncios o a lanzamientos de estrategias; debe ser valorada por su coherencia, avances concretos, institucionalidad, impacto ciudadano y sustentabilidad a largo plazo. En ese sentido, lo presentado por el gobierno —incluyendo el reciente lanzamiento de las Estrategias Nacionales de Biotecnología y Tecnologías Cuánticas 2025/2035— se inscribe en un esfuerzo más amplio por reposicionar a Chile en la economía del conocimiento y la innovación científica.
El desafío es monumental. Chile ha venido transitando, desde hace décadas, hacia un Estado digital y una sociedad más conectada, con iniciativas como la Estrategia de Transformación Digital del Estado, la modernización del Estado y la digitalización de servicios públicos.
La administración actual ha mostrado una clara voluntad de articular una visión estratégica de largo plazo de ciencia, tecnología y digitalización. El hecho de desarrollar estrategias que apuntan hacia 2035, e integrar áreas emergentes como biotecnología y tecnologías cuánticas con la transformación digital del Estado, da cuenta de una comprensión amplia del rol de la tecnología en el desarrollo nacional.
Chile Digital 2035 representa una hoja de ruta ambiciosa que busca coordinar políticas públicas, reducir brechas digitales y transformar la relación tecnológica entre el Estado y la ciudadanía. La integración de agendas globales, como la cooperación internacional y las políticas de ciberseguridad, demuestra que el país busca insertarse en marcos colaborativos internacionales.
Existen logros concretos que no pueden soslayarse: digitalización de trámites públicos, plataformas transversales de interoperabilidad, apoyo internacional y financiero externo, e iniciativas de conectividad rural y reducción de brechas territoriales.
Se han impulsado avances normativos, como la Ley Marco de Ciberseguridad y reformas orientadas a una institucionalidad tecnológica más robusta. No obstante, estos avances coexisten con desafíos estructurales que se remontan a períodos anteriores.
Una agenda digital moderna exige gobernanza sofisticada, talento humano preparado y una ejecución técnica que trascienda los cambios de administración. Las estrategias actuales incluyen formación de capital humano, modernización institucional y gobernanza digital. Sin embargo, la prueba de fuego estará en cómo estas estrategias se implementan de forma coherente y sostenida.
La agenda digital no solo debe pensarse como un conjunto de tecnologías o plataformas, sino como una transformación cultural profunda. Esto implica: inclusión digital real, que conecte ciudadanía, pequeños emprendedores y territorios apartados; educación digital integral, basada en alfabetización crítica; y ética y regulación, especialmente en Inteligencia Artificial y protección de datos.
El actual gobierno ha dado pasos importantes en la definición de una agenda digital ambiciosa e integradora, con aspiraciones de largo plazo. La incorporación de biotecnología y tecnologías cuánticas demuestra una voluntad por avanzar hacia una economía basada en conocimiento e innovación. Sin embargo, el liderazgo real se medirá por su ejecución efectiva, impacto social y capacidad de sostenerse en el tiempo.
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