La casa de estudios superiores ordena su ecosistema científico en cinco niveles, refuerza adjudicaciones competitivas y amplía alianzas globales para pasar de proyectos individuales a centros de excelencia en biomedicina, biotecnología y bienestar, fortaleciendo capacidades institucionales y formación de capital humano avanzado con impacto público medible
La Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) activó una reorganización profunda de su sistema de investigación para escalar impacto, fortalecer la colaboración interdisciplinaria y proyectar su trabajo hacia desafíos de alcance nacional e internacional.
La decisión se enmarca en el Plan de Desarrollo Estratégico Institucional 2023–2029, que prioriza investigación de frontera y generación de conocimiento con incidencia regional, nacional y global. El eje del cambio es pasar del esfuerzo individual a estructuras colaborativas capaces de abordar problemas complejos.
Para ello, la PUCV formalizó una estrategia de investigación asociativa que organiza la actividad científica en cinco niveles: investigación individual, grupal, programa, núcleo y centro, recogiendo experiencias de universidades de referencia a nivel mundial.
“Creemos que esta estructura fortalece la investigación desde la formación inicial hasta equipos consolidados con proyección internacional”, explicó la directora de Investigación, Mónica Cárdenas-Claros, subrayando que el diseño facilita avanzar hacia proyectos de mayor envergadura como Anillos, Milenio y Centros Basales, además de consolidar equipos y ampliar redes de colaboración.
Más proyectos, más masa crítica
Los resultados ya se reflejan en indicadores concretos. Durante 2024, la PUCV adjudicó 12 proyectos Fondecyt de Iniciación, 30 Regulares y 13 de Postdoctorado, beneficiando a 159 académicos. En 2025, el alcance se amplió con 14 proyectos de Iniciación, 30 Regulares y 11 Postdoctorado, sumando 99 académicos adicionales. A ello se agregan dos Núcleos Milenio en Ciencias Naturales y Exactas, un Anillo Regular en Tecnología y un proyecto de equipamiento científico-tecnológico mayor.
Para el vicerrector de Investigación, Creación e Innovación, Luis Mercado, este crecimiento responde a una convicción estratégica: “El desarrollo de países como el nuestro depende del impulso a la investigación, la innovación y el conocimiento. Los programas de doctorado y postdoctorado, la formación de investigadores, la investigación asociativa y la internacionalización nos permiten compartir lo que somos capaces de crear e innovar, y nutrirnos de la experiencia de otros”.
Más allá del volumen, la apuesta es construir masa crítica y continuidad, dos condiciones clave para migrar desde proyectos aislados hacia agendas de investigación con impacto sostenido y mayor capacidad de incidencia en políticas públicas, industria y sociedad.
Internacionalización como palanca estratégica
La PUCV integró la dimensión internacional como componente estructural de su investigación y de la formación de pre y postgrado. Hoy contabiliza 322 proyectos en ejecución: 82 internos, 223 externos nacionales y 18 internacionales, una señal de diversificación de fuentes, redes activas y estabilidad del ecosistema científico.
Un ejemplo es el programa “Colaboración Internacional Interuniversitaria en Investigación y Desarrollo (CIIRID)” con la Auckland University of Technology (AUT) de Nueva Zelanda, orientado a generar colaboraciones en I+D+i con impacto real en la sociedad.
“La internacionalización de la investigación es una prioridad para la PUCV”, recalcó Cárdenas-Claros, destacando que trabajar con universidades y centros internacionales no solo fortalece capacidades, sino que permite abordar desafíos globales con una mirada colaborativa y de frontera.
Biomedicina, biotecnología y bienestar: el próximo salto
La estrategia no se queda en la arquitectura institucional. Uno de los hitos en proyección es la formulación del Centro de Investigación Interdisciplinaria en Biomedicina, Biotecnología y Bienestar (CID3B), concebido como plataforma para consolidar capacidades en salud y bienestar, integrando investigación biomédica, biotecnológica y comunitaria.
El CID3B tendrá foco en comprensión de enfermedades, prevención y tratamiento, con el objetivo de liderar avances transformadores a nivel nacional e internacional. En un país que enfrenta presiones crecientes en envejecimiento, acceso a salud y bienestar, articular ciencia, tecnología y comunidad se vuelve una decisión estratégica de desarrollo.
La señal institucional es nítida: mover la investigación del laboratorio al país, convertir conocimiento en capacidad instalada, formación de capital humano avanzado y soluciones con impacto social, y sostener ese tránsito con gobernanza, colaboración e internacionalización. Más que un ajuste administrativo, es una apuesta por el rol público de la universidad en el Chile que viene.




