La PUCV desarrollará en Valparaíso una prueba de concepto que integrará inteligencia artificial geoespacial, BIM, gemelos digitales, movilidad e infraestructura para reunir información dispersa y apoyar decisiones sobre conservación, accesibilidad y desarrollo urbano en zonas patrimoniales complejas
Valparaíso será utilizado como laboratorio para probar una nueva forma de gestionar barrios patrimoniales. La iniciativa busca reunir información sobre infraestructura, movilidad, accesibilidad, territorio y experiencia de sus habitantes para anticipar problemas y orientar intervenciones que hoy suelen analizarse desde organismos y disciplinas distintas.
El proyecto Intelligent Heritage District Management (IHDM) es desarrollado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y fue adjudicado en el Concurso DI Investigación Asociativa Interdisciplinaria 2026. Su primera prueba de concepto se aplicará al Sitio Patrimonio Mundial de Valparaíso mediante herramientas como inteligencia artificial geoespacial, sistemas de información geográfica, BIM y gemelos digitales.
La iniciativa se inserta en una ciudad donde conservar edificios históricos es solo una parte del problema. Movilidad, conectividad, espacio público e infraestructura forman también parte de una agenda que ha comenzado a incorporar la regeneración urbana y recuperación de sectores con valor patrimonial como elementos ligados directamente a la calidad de vida.
Un “tablero de salud” para la ciudad
El punto de partida del proyecto es la dispersión de información. Un mismo sector puede concentrar inmuebles patrimoniales, infraestructura deteriorada, dificultades de acceso y problemas de conectividad, pero esos antecedentes no necesariamente son observados mediante una misma herramienta al momento de decidir una intervención.
Vicente Aprigliano, académico de la Escuela de Ingeniería de Construcción y Transporte de la PUCV y director del proyecto, plantea que el objetivo es entregar una lectura integrada del territorio antes de adoptar decisiones.
“Queremos que quienes gestionan un barrio patrimonial puedan tener una especie de ‘tablero de salud del territorio’, que permita identificar dónde están los problemas, cómo se relacionan entre sí y qué decisiones conviene estudiar antes de intervenir”.
El modelo considera tres dimensiones: Inteligencia Territorial, Inteligencia de Infraestructura e Inteligencia Centrada en las Personas. Esta última incorpora accesibilidad, movilidad cotidiana, participación, percepción del entorno, identidad y calidad de vida, ampliando el análisis más allá de la conservación física de edificios.
La apuesta es que esas variables permitan detectar zonas donde distintas vulnerabilidades se superponen y establecer prioridades con mayor información. Aprigliano sostiene que el punto previo a abordar problemas específicos como incendios, movilidad o deterioro está precisamente en cómo se organizan los antecedentes disponibles.
“Más que comenzar por un único problema —por ejemplo incendios, deterioro de infraestructura o movilidad— queremos abordar un tema previo que afecta a todos ellos: la fragmentación de la información y de la toma de decisiones”.
Tecnología para decidir, no solo para digitalizar
El proyecto utilizará inteligencia artificial geoespacial o GeoAI para analizar relaciones territoriales, mientras BIM permitirá incorporar información sobre infraestructura y los gemelos digitales podrán representar escenarios urbanos antes de que se ejecuten determinadas intervenciones.
La combinación tecnológica adquiere especial relevancia en Valparaíso, donde la condición patrimonial convive con actividad portuaria, infraestructura estratégica y transformaciones urbanas de gran escala. Esa relación también aparece en el avance del Terminal 2 del Puerto de Valparaíso, que ha obligado a compatibilizar crecimiento logístico, ciudad y protección patrimonial.
La investigación, sin embargo, no busca incorporar herramientas digitales como un fin en sí mismo. La información deberá traducirse en decisiones capaces de mejorar la gestión de los barrios y la experiencia cotidiana de quienes los habitan. “La tecnología sólo tiene sentido si permite comprender mejor el territorio y tomar mejores decisiones para las personas”, afirma Vicente Aprigliano.
Por esa razón, la prueba de concepto no comenzará como una plataforma municipal terminada. La primera etapa deberá demostrar que las diferentes capas de información pueden integrarse dentro de un modelo coherente y producir diagnósticos útiles para planificar intervenciones.
De Valparaíso a otras ciudades patrimoniales
Si la experiencia funciona, el desarrollo podría evolucionar hacia mapas de prioridades, indicadores territoriales, plataformas SIG, sistemas de monitoreo y herramientas para comparar distintos escenarios antes de ejecutar inversiones o modificaciones sobre el territorio.
Aprigliano proyecta que Valparaíso permita comprobar esa capacidad y posteriormente extender el conocimiento hacia otras ciudades. “A futuro, si el modelo demuestra ser útil, podría traducirse en sistemas de apoyo a la toma de decisiones, tales como plataformas SIG, mapas de prioridades, indicadores territoriales, sistemas de monitoreo o herramientas para comparar escenarios de intervención”.
La experiencia tiene una ventaja difícil de replicar en un laboratorio convencional: la propia complejidad de Valparaíso. Su geografía, infraestructura, funcionamiento portuario, problemas de movilidad y condición patrimonial ofrecen un territorio donde probar simultáneamente variables que en otras investigaciones suelen observarse por separado.
La meta posterior será determinar cuánto de ese modelo puede trasladarse hacia otras zonas patrimoniales de Chile y América Latina. Si la prueba demuestra utilidad, Valparaíso podría convertirse no solo en el lugar donde se estudió una herramienta tecnológica, sino en el punto de partida de una nueva manera de decidir cómo conservar y transformar ciudades históricas.



