De los 30 ascensores que alguna vez operaron en Valparaíso, solo ocho figuran en funcionamiento. Gremios y usuarios advierten que los cierres prolongados deterioran la conectividad, afectan barrios comerciales y debilitan la experiencia turística de la ciudad
Por Daisy Castillo Triviños
Hace 23 años, la UNESCO declaró a Valparaíso Patrimonio de la Humanidad. Entre los atributos que acompañaron ese reconocimiento estaban sus ascensores, estructuras que durante más de un siglo conectaron el plan con los cerros y se transformaron, al mismo tiempo, en transporte cotidiano, patrimonio urbano y uno de los símbolos turísticos de la ciudad.
Hoy esa red funciona solo parcialmente. De los 30 ascensores que alguna vez operaron en Valparaíso, el levantamiento realizado para este reportaje identifica ocho en funcionamiento: Cordillera, Espíritu Santo, Concepción, San Agustín, Polanco, Barón, El Peral y Reina Victoria. Otros permanecen detenidos desde hace años o décadas, algunos después de sucesivas licitaciones, proyectos de recuperación inconclusos, problemas técnicos o dificultades administrativas.
La consecuencia trasciende la pérdida patrimonial. Cada cierre modifica la conexión entre el plan y los cerros, obliga a cambiar recorridos y afecta los entornos comerciales y turísticos que durante años crecieron alrededor de estas estructuras.
Una red detenida durante años
Uno de los casos más visibles es el Ascensor Artillería, propiedad del Gobierno Regional desde 2012 y entregado en comodato al municipio para su operación y mantención. Está fuera de servicio desde abril de 2021 debido a una falla en una chaveta que, según los antecedentes municipales recopilados, no puede repararse por las características del material. Su recuperación enfrenta actualmente un cuarto intento de licitación.
El Ascensor Florida, también de propiedad del Gobierno Regional, dejó de operar en 2009. Entre 2017 y 2020 se desarrollaron tres procesos de licitación para recuperarlo, ninguno con resultados positivos. En 2021 se detectó además la necesidad de realizar estudios complementarios que, según los antecedentes reunidos para este reportaje, todavía permanecían pendientes.
Algo similar ocurre con Mariposas. El Ministerio de Obras Públicas impulsó tres procesos para su recuperación. El primero fue revocado en 2018 porque la oferta superó los recursos disponibles; el segundo quedó sin efecto en 2019 debido al riesgo de derrumbe de viviendas cercanas; y el tercero fue declarado desierto en 2020 por falta de oferentes.
El Ascensor Monjas dejó de funcionar en 2009 por problemas de rentabilidad y fallas técnicas. Las obras de recuperación comenzaron en 2017, pero la empresa contratista las abandonó en 2019 cuando registraban, según autoridades de la época, cerca de un 90% de avance.
Larraín permanece cerrado desde 2010. Dos intentos del MOP por licitar su restauración terminaron sin resultados y posteriormente surgieron problemas relacionados con la propiedad de los terrenos donde se ubica la estructura y predios adyacentes.
En Villaseca, las obras comenzaron en 2017 y fueron abandonadas dos años después. En octubre de 2023 se ingresaron antecedentes para reactivar el proyecto de restauración y, en noviembre de ese año, recibió una calificación de incumplimiento normativo que debía ser subsanada para continuar su tramitación.
Otros casos llevan varias décadas sin funcionamiento. Las Cañas dejó de operar en junio de 1980 tras la rotura del eje de uno de sus tambores enrolladores, accidente que provocó la caída de sus carros y destruyó su estación baja. La Municipalidad de Valparaíso lo adquirió en 1992 y en 2011 demolió la estación superior debido a daños asociados al terremoto de 2010. Actualmente solo permanece el terreno.
El Ascensor Santo Domingo, en tanto, dejó de funcionar en 1974 y, según los antecedentes recopilados, no cuenta con un proyecto de recuperación.
La situación contrasta con Cordillera, Espíritu Santo, Concepción, San Agustín, Barón, El Peral y Reina Victoria, que mantienen sus operaciones. Polanco también funciona, aunque registra interrupciones asociadas a las condiciones de humedad de su infraestructura y a fallas en sus sistemas electromecánicos.
El costo para el comercio y los barrios
Para Alejandro Álvarez, vicepresidente de la Cámara de Comercio y Turismo de Valparaíso, el efecto de un ascensor detenido puede observarse con claridad en Artillería, que conecta Plaza Wheelwright con el Paseo 21 de Mayo y durante años concentró una intensa actividad comercial y turística.
“En Artillería había un polo turístico y un polo económico marcado con respecto a lo que era el ascensor, su funcionamiento, todo lo que es la parte alta del ascensor. Hay restaurantes que quebraron, los artesanos bajaron sus ventas casi en un 90%”, señala.
Álvarez agrega que el impacto se extendió al entorno que dependía de ese flujo de visitantes: “Todo el polo económico alrededor del Ascensor Artillería, que era uno de los más demandados, donde se hacían filas para poder subir, desde que está cerrado se ha ido decayendo. El barrio puerto también”.
El dirigente recuerda una experiencia similar con Villaseca. “Se esperaba la apertura del Ascensor Villaseca, pero por problemas con la empresa que estaba a cargo, que se tiró a quiebra, quedó en un 80% de obras y nunca se abrió. Se perdieron 3.200 millones de pesos y la expectativa en un barrio que se iba a transformar en una vitrina turística”.
Para Álvarez, el efecto de estas estructuras excede al transporte. “Los ascensores generan un mundo alrededor que, de repente, no se dimensiona y Valparaíso en estos momentos está al debe con el tema de los ascensores”.
El dirigente gremial contrapone esos casos con lo que ocurre en sectores donde los ascensores sí funcionan. En Barón, señala, la operación permitió mantener actividad asociada a una cafetería, el mirador y la iglesia del sector. Espíritu Santo, agrega, mantiene un flujo permanente de visitantes hacia Bellavista y Florida.
En cambio, “otros que no han funcionado hace años pierden la posibilidad de crear polos turísticos, polos económicos en sus alrededores, como ocurre con los ascensores Villaseca, Monjas y Florida”.
Álvarez apunta también a la responsabilidad pública sobre una infraestructura que, en varios casos, pasó a manos estatales. “Es cierto que muchos fueron comprados por el Estado, pero no hay una capacidad de asumir la responsabilidad histórica de poder hacerlos funcionar”.
Y profundiza: “No hay un compromiso de parte de las autoridades locales, nacionales, del Estado más que nada, en relación a lo que son los ascensores que deberían ser cuidados, porque cuando hablamos de patrimonio debería ser el primer patrimonio que tenemos los porteños y el orgullo de la ciudad, tal como es el trole que funciona tan bien”.
“Una especie de estafa simbólica”
La preocupación también está instalada entre quienes utilizan y defienden este sistema de transporte. Pilar Figueroa, presidenta de la Agrupación de Usuarios y Usuarias de Ascensores de Valparaíso (Ascenval), advierte una contradicción entre la imagen patrimonial que la ciudad proyecta y las condiciones que encuentra quien llega a recorrerla.
“Creo que existe una contradicción muy profunda. Valparaíso se promociona en Chile y en el mundo como la ciudad patrimonial, la postal de Valparaíso al mundo es el ascensor Artillería y Polanco, pero cuando el visitante llega se encuentra con que muchos de esos ascensores están cerrados”, plantea.
Figueroa califica esa distancia entre promoción y realidad como “una especie de estafa simbólica, porque se está vendiendo una experiencia que la ciudad hoy no es capaz de entregar, ni desde la seguridad, ni desde la movilidad”.
Y agrega: “No podemos seguir mostrando en folletos, campañas y discursos una ciudad patrimonial que después no funciona en la vida real”.
Para la presidenta de Ascenval, los ascensores tampoco pueden ser entendidos exclusivamente como atractivo turístico. Cumplen una función de transporte para quienes viven en los cerros y su operación influye directamente sobre los barrios.
“Si queremos que el turismo sea realmente un motor de desarrollo, necesitamos que el patrimonio esté vivo, operativo y conectado con las comunidades. Esto dinamizaría las microeconomías, el turismo, la vida de barrio. Recuperar los ascensores es también una política de desarrollo económico para Valparaíso”, sostiene.
Desde esa perspectiva, Figueroa plantea que “cada ascensor operativo puede convertirse en un eje que articule movilidad, turismo comunitario, comercio y vida de barrio”.
Pero hace una precisión sobre el modelo de ciudad que esperan preservar: “Y hay algo muy importante: no queremos una ciudad convertida en parque temático para turistas. Queremos que el turista pueda conocer el verdadero Valparaíso, porque la ciudad debería funcionar para sus habitantes”.
“Cuando funciona para el porteño, también funciona mejor para quien nos visita”, concluye.
“Valparaíso no puede construirse turísticamente solo desde el municipio”
Desde la Municipalidad de Valparaíso plantean una mirada distinta respecto del impacto que los cierres tienen sobre la experiencia turística. Stephanie Umaña, encargada de Turismo del municipio, reconoce la importancia de estas estructuras, aunque señala que la ciudad dispone de recorridos alternativos cuando alguna queda fuera de servicio.
La funcioanria agrega que “Su funcionamiento puede incidir en los recorridos de los visitantes. Buscamos promover alternativas de conectividad y recorridos. Por ejemplo, en el Cerro Alegre y en el Cerro Concepción, cuando uno de los ascensores está fuera de servicio, existen otras alternativas que permiten acceder y continuar disfrutando de estos barrios”.
Umaña sostiene que el objetivo es que “el visitante pueda seguir recorriendo la ciudad, conociendo sus miradores, patrimonio, gastronomía y comercio local, sin que la experiencia dependa exclusivamente de un ascensor, por lo que no afecta de manera significativa el turismo”.

Y amplía esa mirada sobre la oferta turística: “Valparaíso no son solamente sus ascensores: también son sus cerros, miradores, patrimonio, gastronomía, arte urbano, cultura, museos, barrios y las historias de sus comunidades”.
Umaña plantea además que la gestión turística requiere coordinación con los distintos actores de la ciudad. “Valparaíso no puede construirse turísticamente solo desde el municipio, necesitamos trabajar de manera coordinada con operadores, emprendedores, vecinos y, especialmente, con las asociaciones gremiales vinculadas al turismo y al comercio, con quienes mantenemos un trabajo permanente”.
En esa línea, agrega que “Buscamos generar espacios de coordinación, escuchar las necesidades del territorio y fortalecer la promoción de nuestros barrios y experiencias. Valparaíso tiene patrimonio, identidad, gastronomía, cultura y una comunidad que le da vida”.
“El desafío es poner en valor todo eso y mostrar que la ciudad tiene mucho que ofrecer, mientras seguimos avanzando en aquello que debemos mejorar”, señala.
Una recuperación todavía fragmentada
Los antecedentes reunidos para este reportaje muestran que la situación de los ascensores no responde a una sola causa. Hay fallas electromecánicas, licitaciones frustradas, contratos abandonados, problemas presupuestarios, dificultades con terrenos y estructuras que permanecen cerradas desde hace décadas.
También existen distintos propietarios y organismos involucrados en su recuperación y administración, entre ellos el Gobierno Regional, la Municipalidad de Valparaíso y el Ministerio de Obras Públicas. Esa fragmentación ayuda a explicar por qué los procesos avanzan a velocidades diferentes y por qué varios proyectos acumulan años sin llegar nuevamente a operación.
El contraste permanece a la vista. Mientras ocho ascensores sostienen todavía parte de la movilidad y del atractivo patrimonial de Valparaíso, otros permanecen detenidos y algunos barrios perdieron el flujo de pasajeros y visitantes que durante décadas se articuló alrededor de ellos.
La pregunta ya no se limita a cuánto cuesta reparar una máquina. La situación expone hasta qué punto Valparaíso puede mantener vivo uno de los elementos que definen su identidad patrimonial y, al mismo tiempo, recuperar una infraestructura que cumple funciones concretas para la movilidad, el comercio y el turismo de la ciudad.




