La principal empresa estatal de Chile enfrenta menor producción que en 2018, costos más altos, deuda neta sobre US$25 mil millones, cuestionamientos por seguridad y reportes internos, además de una nueva conducción mandatada a recuperar confianza
Codelco inicia una nueva etapa bajo una presión poco habitual para la principal empresa estatal del país. La compañía sigue siendo un actor central del cobre mundial, mantiene activos estratégicos, aporta recursos al Fisco y conserva un peso decisivo en regiones mineras.
Sin embargo, sus cifras recientes muestran una operación más estrecha que hace siete años: produce menos, enfrenta costos más altos, acumula mayor deuda y debe responder a cuestionamientos sobre seguridad, reportes internos y control institucional.
La producción total de la estatal bajó desde 1.806 ktmf en 2018 a 1.439.732 tmf en 2025, cifra equivalente a 1.440 ktmf al expresarla en miles de toneladas métricas finas. En el mismo período, el costo directo C1 subió desde 139,1 a 208,6 centavos de dólar por libra, mientras la deuda financiera neta aumentó desde US$13.905 millones a US$25.117 millones.
La empresa cerró 2025 con US$6.670 millones de Ebitda, US$2.423 millones de utilidad consolidada y US$1.778 millones de aporte al Fisco, pero esos resultados conviven con una trayectoria operacional que mantiene abiertas las dudas sobre la velocidad y profundidad de su recuperación.
Ese contraste cruza hoy el debate sobre Codelco. La estatal sigue generando recursos relevantes, pero ya no opera con los volúmenes de años anteriores. Sus yacimientos son más maduros, los proyectos estructurales requieren inversiones de largo plazo, la seguridad volvió al centro de la discusión tras el accidente de El Teniente y la auditoría interna por producción 2025 instaló nuevas preguntas sobre sus sistemas de reporte y supervisión.
Una empresa atractiva, pero con señales de desgaste
Antes de dejar la presidencia del directorio, Máximo Pacheco buscó encuadrar el debate en una mirada de largo plazo. No desconoció los problemas productivos ni los retrasos de los proyectos estructurales, pero defendió la fortaleza económica de la compañía. “Es verdad que estamos preocupados por la caída en la producción y el retraso de los proyectos estructurales, pero desde el punto de vista financiero el negocio sigue siendo muy atractivo”, sostuvo ante parlamentarios.
La frase refleja la situación actual de la estatal. Codelco conserva activos de clase mundial y una posición estratégica en un mercado marcado por la demanda de minerales críticos, pero su desempeño reciente muestra una caída relevante frente a los niveles de 2018. La baja productiva no ha sido un episodio aislado: después de mantenerse sobre 1.727 ktmf en 2020 y 2021, la producción total cayó a 1.446 ktmf en 2022, luego a 1.424 ktmf en 2023, y se estabilizó en 1.442 ktmf en 2024 y 1.440 ktmf en 2025.
En esa etapa, Pacheco también intentó mostrar que la empresa estaba impulsando acuerdos capaces de abrir nueva producción futura. Uno de los casos más relevantes fue el entendimiento entre Codelco Andina y Anglo American para integrar Andina y Los Bronces.
Tras la visita de la contralora Dorothy Pérez a la faena, el entonces presidente del directorio afirmó que “después de 15 años intentando este acuerdo entre Codelco y Anglo American, logramos con nuestros equipos una fórmula robusta y potente que nos llena de satisfacción, porque representa un valor inmenso para nuestro país y para Codelco en su División Andina”.
El proyecto apunta a sumar producción en el mediano plazo, pero también evidencia el tipo de camino que deberá recorrer Codelco para recuperar escala: asociaciones complejas, mayor fiscalización, permisos exigentes, inversión intensiva y ejecución disciplinada en operaciones que ya no admiten grandes márgenes de error.
Los datos detrás de la presión
La serie 2018-2025 muestra con claridad el cambio de escala operacional y financiera que enfrenta Codelco. La empresa no solo produce menos cobre que hace siete años; también lo hace con mayores costos, menores leyes promedio y una deuda financiera neta considerablemente más alta.
| Año | Producción total de cobre | Cash Cost C1 | Ley promedio de cobre | Deuda financiera neta |
|---|---|---|---|---|
| 2018 | 1.806 ktmf | 139,1 USc/lb | 0,67% | US$13.905 millones |
| 2019 | 1.706 ktmf | 141,6 USc/lb | 0,68% | US$16.221 millones |
| 2020 | 1.727 ktmf | 129,4 USc/lb | 0,69% | US$16.171 millones |
| 2021 | 1.728 ktmf | 132,7 USc/lb | 0,70% | US$15.990 millones |
| 2022 | 1.446 ktmf | 165,4 USc/lb | 0,70% | US$16.342 millones |
| 2023 | 1.424 ktmf | 203,1 USc/lb | 0,64% | US$19.255 millones |
| 2024 | 1.442 ktmf | 199,1 USc/lb | 0,64% | US$22.413 millones |
| 2025 | 1.440 ktmf | 208,6 USc/lb | 0,63% | US$25.117 millones |
Fuente: serie oficial de información financiera y operacional de Codelco. La producción total incluye la participación de Codelco en El Abra, Anglo American Sur y Quebrada Blanca. En 2025, la producción total exacta informada fue de 1.439.732 tmf.
La presión de Codelco no se limita a la cantidad de cobre producido. La ley promedio de cobre a planta bajó desde 0,67% en 2018 a 0,63% en 2025, con un deterioro más marcado frente al 0,70% registrado en 2021. En minería de gran escala, esa diferencia obliga a mover más material, procesar mayores volúmenes y usar más energía e insumos para obtener una cantidad equivalente de cobre fino.
Ese deterioro técnico se refleja en el costo directo. El Cash Cost C1 llegó a 208,6 centavos de dólar por libra en 2025, frente a 139,1 centavos en 2018. Codelco explicó que el aumento de costos de 2025 frente a 2024 se relacionó principalmente con mayores servicios de apoyo a la producción, recuperación del desarrollo mina mediante arriendo de equipos, efecto IPC y mayor actividad operacional en Rajo Inca y Radomiro Tomic.
La combinación de menor producción, menores leyes y costos más altos reduce la holgura operativa de la compañía. También vuelve más exigente el financiamiento de proyectos estructurales, en un período en que la deuda financiera neta superó los US$25 mil millones.
El Teniente reordenó la discusión sobre seguridad
La seguridad operacional se transformó en un punto central tras el accidente ocurrido el 31 de julio de 2025 en El Teniente. El hecho golpeó a una de las divisiones más relevantes de la estatal y obligó a suspender operaciones, revisar condiciones técnicas y coordinar un retorno gradual.
Pacheco ya había fijado antes un criterio que cobró mayor relevancia tras el accidente: “Ningún resultado o meta justifica que expongamos a personas a riesgos no controlados”. Luego, ante la Comisión de Minería y Energía del Senado, explicó que “desde el momento del accidente, suspendimos las operaciones, y tras la resolución de Sernageomin, paralizamos toda la operación subterránea de la División El Teniente”.
El retorno, agregó, se realizaba “en forma segura, en estrecha colaboración con empresas contratistas y organizaciones de trabajadores”.
El presidente ejecutivo de Codelco, Rubén Alvarado, también reforzó esa línea al señalar que “el cuidado y la seguridad de nuestros trabajadores son siempre la primera prioridad”, al abordar el plan de retorno seguro y paulatino de El Teniente. Desde el mundo sindical, Amador Pantoja, presidente del Sindicato Unificado de Sewell-Mina El Teniente y expresidente de la FTC, planteó que los trabajadores quieren participar de los cambios: “No queremos dejar pasar esto. Queremos ser parte de los cambios”.
La discusión sobre seguridad se incorporó así al debate productivo. Codelco necesita recuperar toneladas, pero esa recuperación deberá convivir con mayores exigencias sobre control de riesgos, coordinación con contratistas, participación laboral y revisión técnica de las operaciones subterráneas.
La deuda estrecha el margen de la estatal
La deuda financiera neta pasó desde US$13.905 millones en 2018 a US$25.117 millones en 2025, mientras la deuda financiera bruta aumentó desde US$15.366 millones a US$26.328 millones en el mismo período.
La cifra se explica por una combinación de inversiones estructurales, activos maduros, menor ley mineral, continuidad operacional y necesidad de financiar proyectos para sostener producción futura. La presión es relevante porque Codelco cumple dos funciones al mismo tiempo: competir en el mercado global del cobre y aportar recursos al Estado.

Ese equilibrio aparece ahora en el centro del mandato de la nueva conducción. La empresa debe invertir para no seguir perdiendo escala, pero también necesita cuidar su posición financiera y sostener su capacidad de generar excedentes. En una compañía estatal, esa tensión tiene impacto económico, político y fiscal.
Trabajadores y Congreso entran al debate
La discusión sobre deuda, productividad y gobierno corporativo abrió un frente sindical. Desde la Zonal Norte de la Federación de Trabajadores del Cobre, el mensaje apuntó al carácter público de la minera y al riesgo de que la crisis sea usada para debilitarla. El gremio sostuvo que Codelco no pertenece “a un gobierno de turno, ni a un grupo económico”, sino que a Chile, y llamó a las autoridades a “fortalecer a Codelco y su rol 100% estatal”.
La advertencia sindical se resume en una frase que ha acompañado históricamente las discusiones sobre propiedad y gestión de la estatal: “Codelco no se vende, Codelco se defiende”. Para los trabajadores, la solución a los problemas de la empresa debe venir por inversión, eficiencia, seguridad, control y fortalecimiento institucional, no por una reducción de su carácter público.
El debate también llegó al Congreso. En entrevista con Poderyliderazgo.cl, el senador por Antofagasta Pedro Araya sostuvo que la nueva administración encabezada por Bernardo Fontaine debe avanzar en “una gestión seria, responsable y a la altura de los importantes desafíos que enfrenta la principal empresa estatal del país”, porque Codelco es “un patrimonio que pertenece a todos los ciudadanos”.
Araya puso el foco en productividad, sostenibilidad operacional, eficiencia y fortalecimiento institucional. También defendió una fiscalización activa, pero orientada a robustecer a la empresa. “La fiscalización no busca debilitar a la empresa. Al contrario, apunta a fortalecerla institucionalmente y asegurar que opere bajo criterios de eficiencia, probidad y responsabilidad pública”, señaló.
El parlamentario también abordó el carácter estatal de Codelco en medio de las dudas que ha abierto la discusión sobre deuda, gobernanza y control. A su juicio, el objetivo debe ser asegurar que la compañía “siga siendo, sin ambigüedades, una empresa 100% estatal, al servicio del desarrollo y bienestar de todos los chilenos”.
La auditoría que tensionó la confianza interna
El punto más sensible de los últimos meses fue la auditoría interna sobre producción 2025. Codelco informó que detectó desviaciones en el reconocimiento de 20 mil toneladas métricas finas contenidas en óxidos de Chuquicamata y 6.875 toneladas contenidas en arsenito de calcio de Ministro Hales. Según la propia empresa, esos materiales requerían procesamiento posterior y no cumplían plenamente las condiciones internas para ser considerados producto terminado.
La estatal resolvió desvincular a un ejecutivo, aplicar medidas disciplinarias, revisar su normativa interna, recalcular incentivos variables asociados a indicadores de producción y presentar una denuncia ante el Ministerio Público. Aunque la empresa indicó que no correspondía modificar sus estados financieros auditados de 2025, el caso abrió preguntas sobre los procesos de validación, reporte y supervisión de resultados operacionales.
La reacción del Gobierno elevó el tono político. El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, afirmó que “lo llevamos advirtiendo desde el 11 de marzo. Codelco está fuera de control”, y agregó que el Ejecutivo tenía “el deber de recuperar la transparencia”. Esa declaración ubicó el caso en una discusión más amplia sobre gobernanza, auditorías y estándares de control dentro de la empresa pública más importante del país.
En Codelco, los reportes de producción no son solo una cifra operacional. Inciden en metas internas, incentivos, evaluación de desempeño, planificación financiera, señales al mercado y confianza pública. Por eso, la auditoría se transformó en uno de los primeros grandes desafíos para la nueva administración.
Fontaine instala cuatro prioridades para la nueva etapa
Bernardo Fontaine asumió la presidencia del directorio en este clima de presión. Su llegada marcó una señal política del Gobierno de José Antonio Kast hacia una empresa que concentra debates sobre eficiencia estatal, minerales críticos, aporte fiscal, seguridad y control institucional.
En su primera sesión al mando del directorio, realizada el 28 de mayo de 2026, se incorporaron además los nuevos directores nombrados por el Presidente de la República: Luz Granier, Alejandro Canut de Bon y Daniel Díaz, este último en representación de la Federación de Trabajadores del Cobre.
Fontaine abrió la reunión con un mensaje orientado a alinear a la administración, trabajadores y contratistas: “Este directorio va a trabajar con los ejecutivos, trabajadores y contratistas para fortalecer Codelco y recuperar confianzas”.
La definición más nítida de esa primera sesión fue productiva, financiera y operacional al mismo tiempo. Fontaine subrayó que “nuestro mandato no es producir por producir, sino hacerlo de manera segura, eficiente y rentable”. La definición no es menor para una empresa que necesita recuperar producción, pero que al mismo tiempo enfrenta una deuda financiera neta superior a US$25 mil millones.
En ese marco, Fontaine planteó que la responsabilidad con Chile exigirá cambios de fondo: “Tenemos una responsabilidad enorme con Chile. Vamos a tener que ser creativos, atrevernos a impulsar cambios profundos para construir un Codelco más sólido y preparado para los desafíos de largo plazo. Estoy convencido de que podemos lograrlo, porque Codelco puede más”.
El directorio acordó cuatro pilares estratégicos. El primero fue seguridad, con la creación de un Comité de Seguridad El Teniente, integrado por Eduardo Bitrán, Ricardo Álvarez y Alejandro Canut de Bon, para hacer seguimiento a materias vinculadas al accidente del 31 de julio de 2025. Además, el Comité de Sustentabilidad pasará a ser de Seguridad y Sostenibilidad.
El segundo pilar apunta a maximizar los aportes al Fisco, buscando no aumentar la deuda, una definición relevante para una empresa que pertenece al Estado y cuya administración exige resguardar recursos públicos.
El tercer eje será “ordenar la casa con mano firme y transparencia”, para lo cual el directorio encargó al Comité de Auditoría, Compensaciones y Ética contratar y conducir una auditoría forense externa sobre el cálculo de la producción 2024-2025 y los costos de la renovación del edificio de Casa Matriz. El cuarto pilar será la sostenibilidad operacional, económica, ambiental y social.
En la misma sesión, el directorio designó como representantes de Codelco en Novandino a Bernardo Fontaine y Luz Granier, quienes se suman a Alfredo Moreno. La decisión confirma que el nuevo ciclo de la estatal no solo mirará la recuperación del cobre, sino también su posición en minerales críticos y nuevas asociaciones estratégicas.
Los desafíos de Codelco
A mayo de 2026, la situación de Codelco combina fortalezas relevantes y riesgos abiertos. La empresa mantiene activos estratégicos, sigue siendo un actor global del cobre, conserva capacidad de generación de caja y participa en nuevas apuestas vinculadas a minerales críticos. Al mismo tiempo, opera con menor producción que en 2018, mayores costos, deuda neta sobre US$25 mil millones, presión por seguridad y cuestionamientos sobre reportes internos.
La nueva etapa no parte desde una empresa paralizada, pero tampoco desde una posición cómoda. Codelco deberá recuperar producción, contener costos, ejecutar proyectos, reforzar seguridad, sostener inversión, mejorar controles y responder a una fiscalización política, sindical y pública más intensa.
La primera sesión del directorio encabezado por Fontaine dejó instalado el marco de gestión: seguridad, aportes al Fisco sin aumentar deuda, auditoría forense externa, sostenibilidad y revisión rigurosa de inversiones.
El desafío será transformar esos lineamientos en resultados verificables para una empresa que sigue siendo decisiva para Chile, pero que enfrenta una presión operacional, financiera e institucional mucho mayor que hace una década.



