Encuesta de CORPA muestra estabilidad agregada del ahorro, pero revela brechas por edad, género y nivel socioeconómico que reordenan los tramos. El deterioro entre jóvenes y desplazamientos internos tensionan la agenda de empleo, ingresos y focalización de apoyos públicos en la Región Metropolitana.
La capacidad de ahorro en el Gran Santiago se mantiene relativamente estable hacia fines de 2025, pero el detalle del sondeo de CORPA Estudios de Mercado muestra brechas persistentes y reacomodos entre tramos que vuelven a poner presión sobre la agenda de empleo, ingresos y protección social. En el agregado, 46% declara no ahorrar o hacerlo en menos del 10% del salario, sin cambios frente a la medición anterior, mientras solo 9% logra ahorrar más del 50%.
El movimiento ocurre dentro de los tramos: quienes ahorran menos del 25% bajan de 32% a 29% y el grupo que ahorra menos del 50% sube de 13% a 16%, lo que sugiere desplazamientos internos más que una mejora estructural del ingreso disponible. Para la política pública, el punto es dónde se concentran esos cambios y a quién afectan.
“La estabilidad en la capacidad de ahorro refleja un escenario donde los ingresos siguen siendo acotados y el mercado laboral no muestra grandes cambios”, explicó Pavel Castillo, economista y Gerente de Intelligence en CORPA.
Tramos socioeconómicos: reordenamientos con efectos distributivos
Por nivel socioeconómico, el cuadro es heterogéneo. En ABC1, disminuye la proporción que no ahorra (49% a 35%), con un salto de quienes destinan menos del 25% (29% a 46%), señal de recomposición interna. En C2, aumenta la proporción que no logra ahorrar (49% a 52%) y crece el tramo que ahorra menos del 50% (11% a 18%). C3D no presenta variaciones relevantes.
Estas diferencias inciden en la focalización de instrumentos de apoyo: subsidios al empleo, capacitación y educación financiera pueden tener impactos distintos según tramo, aun cuando el promedio metropolitano no se mueva.
Género: avances parciales y señales mixtas
Entre hombres, sube la proporción que no ahorra o ahorra menos del 10% (41% a 46%), pero también crece el grupo que supera el 50% (12% a 17%). En mujeres, mejora levemente la situación: bajan quienes no ahorran o lo hacen bajo 10% (51% a 47%) y suben los tramos intermedios. El resultado es disparejo y vuelve a plantear el vínculo entre ingresos, estabilidad laboral y capacidad de acumular.
Edad: el principal foco de tensión para empleo e ingresos
La variable etaria concentra el mayor desafío. En 18 a 30 años, empeora la capacidad de ahorro: sube de 35% a 45% quienes no pueden ahorrar o lo hacen bajo 10%, y se reduce a la mitad el grupo que supera 50%. En 31 a 44 años, hay mejoras en tramos medios y altos. En 45 a 55 años, se observa el avance más significativo: cae 14 puntos la proporción que no ahorra y aumenta con fuerza la que logra destinar hasta 50%.
Castillo agrega que “el aumento de los jóvenes que no logran ahorrar llama la atención” y lo asocia a bajas ofertas laborales o desempleo en ese segmento, lo que obliga a monitorear si es una tendencia o un efecto estacional.
Implicancias para la agenda pública
El cuadro no cambia el promedio, pero sí cambia el mapa: los jóvenes concentran el deterioro y los reordenamientos por tramo plantean ajustes en políticas de empleo, ingresos y protección social.
Por ende, el siguiente paso es seguir la evolución en próximas mediciones y calibrar instrumentos para distinguir movimientos coyunturales de tendencias estructurales que afecten la capacidad de ahorro en la Región Metropolitana.



