Por Viviana Rodríguez La Pietra, Académica de Terapia Ocupacional en la U. Central
En la era de la conectividad, Chile ha avanzado en digitalizar servicios esenciales: trámites, salud, educación, etc. Sin embargo, esta “comodidad digital” oculta desigualdades profundas.
La inclusión digital en Chile aún no abarca a todos: un 81% de adultos mayores no realiza trámites en línea sin ayuda, y solo 54% usa un smartphone para comunicación básica, según cifras del Informe sobre inclusión digital en Chile (Ministerio de Desarrollo Social y Familia, INE & PNUD 2021).
Desde la Terapia Ocupacional, sabemos que las ocupaciones —actividades con sentido y propósito— no son indiferentes al entorno. La digitalización redefine la vida cotidiana: comprar, informarse, socializar y trabajar.
La sociedad demandante exige nuevas habilidades, y quienes no están preparados enfrentan exclusión ocupacional, entendida como una forma de injusticia ocupacional, en la cual personas, colectivos o comunidades son impedidos de participar en ocupaciones significativas que promuevan su salud y bienestar. Esta limitación no responde a causas individuales, sino a barreras estructurales, sociales, económicas, culturales o ambientales.
Para jóvenes, personas mayores o migrantes con acceso limitado, la digitalización deja de ser una oportunidad y se transforma en una barrera ocupacional. Esto ocurre porque la participación en actividades significativas —estudiar, trabajar, realizar trámites, mantener vínculos sociales— depende cada vez más de competencias digitales y conectividad. Cuando estas condiciones no están garantizadas, se restringe la autonomía y se vulnera el derecho a elegir ocupaciones que aporten bienestar.
El Plan Brecha Digital Cero (2022-2025), iniciado por el gobierno en alianza con la SUBTEL, contempla cuatro ejes: regulación, infraestructura digital, proyectos de ley y conectividad para todos y todas. Incluye subsidios, fibra óptica y 5G, con énfasis en zonas urbanas marginales y rurales.
Asimismo, en octubre de 2024 la CEPAL, ONU Chile y el gobierno presentaron un programa para llevar conectividad de alta calidad y servicios digitales (telemedicina, educación) a Ñuble y La Araucanía, con perspectiva de género e inclusión.
Estos ejemplos muestran no solo la expansión de infraestructura, sino también capacitación, inclusión digital y enfoque diferencial por género y territorio. Son esfuerzos concretos que impactan positivamente las posibilidades ocupacionales en comunidades históricamente excluidas.
La “comodidad digital” chilena puede ser una cárcel para quienes no acceden: una prisión ocupacional. La justicia ocupacional exige que todas las personas puedan participar, crear y elegir sus ocupaciones, sea en línea o en persona.
Desde la Terapia Ocupacional, podemos cerrar la brecha digital y abrir caminos inclusivos. Porque en esta nueva era, las herramientas digitales no son solo una ventaja, sino un derecho ocupacional.
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