Informe de la CChC, basado en la Casen 2024, advierte que el problema se concentra en Arica y golpea sobre todo a hogares unipersonales y trabajadores de clase media que no acceden ni a subsidios ni a crédito, pese al fuerte aumento del presupuesto habitacional
En Arica y Parinacota, la crisis habitacional dejó de ser una estadística y se convirtió en una experiencia cotidiana para miles de familias. Según el informe “Balance de Vivienda 2025” de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), elaborado con datos de la Casen 2024, la región enfrenta un déficit de 15.104 viviendas. Detrás de ese número hay hogares hacinados, allegados, arriendos inestables y proyectos de vida en pausa.
El estudio reconoce avances del Plan de Emergencia Habitacional (PEH), que a nivel regional superó la meta de 7.540 soluciones, pero advierte que la urgencia social sigue intacta. En la práctica, la presión se concentra casi totalmente en la comuna de Arica (98,8%), donde el desajuste entre oferta y demanda golpea tanto a familias chilenas (80,8% del déficit) como extranjeras (19,2%).
La CChC subraya un dato clave: la crisis se desplazó hacia trabajadores de clase media que no califican para subsidios tradicionales y tampoco acceden a crédito en condiciones acordes a una zona extrema.
Cuando la ciudad no alcanza
El informe también muestra un cambio silencioso en la forma de vivir. Hoy, los hogares unipersonales concentran 5.518 requerimientos (21,2% del total), seguidos por hogares uniparentales (4.774) y biparentales (4.382).
La lectura social es directa: la ciudad sigue ofreciendo vivienda pensada para una familia que ya no es mayoritaria, mientras crece el número de personas que viven solas o en estructuras familiares distintas y quedan fuera de la oferta formal.
Ese desajuste no es neutro. Se traduce en más hacinamiento, más informalidad, más gasto en arriendo y menos estabilidad. Para miles de personas, el déficit no es una cifra: es postergar estudios, cambiar de barrio una y otra vez, vivir lejos del trabajo o compartir espacios que no alcanzan.
Más recursos, mismas urgencias
En paralelo, el presupuesto SERVIU regional creció 222% y alcanzará los $210 mil millones en 2026. Aun así, la CChC advierte un desequilibrio crítico en el programa de mejoramiento DS 27, que recibe $7.273 millones (3,4% del total).
Esa cifra resulta insuficiente frente al 24,3% de déficit cualitativo (Casen 2024) y al 32,9% de viviendas irrecuperables identificadas por el gremio. El riesgo social es evidente: si no se recupera el parque existente, la precariedad se reproduce y vuelve a aparecer como nuevo déficit.
Para la CChC, la respuesta no puede limitarse a construir más unidades. El problema incluye suelo, planificación urbana e infraestructura básica, en especial certeza hídrica mediante una planta desaladora y la actualización del Plan Regulador Comunal. Sin esas condiciones, los proyectos se retrasan, se encarecen o simplemente no llegan, y quienes esperan siguen viviendo en condiciones provisorias.
El presidente de la CChC Arica, Juan Vásquez Manlla, fue claro al dimensionar el impacto humano: “Sigue habiendo familias que no tienen una vivienda digna para vivir. Esto representa una crisis humanitaria que exige colaboración entre sector público, privado, sociedad civil y comunidades, además de recuperar crecimiento y empleo. También es clave avanzar con el plan regulador comunal y la planta desaladora que garantice el suministro hídrico domiciliario”.
Un problema regional con espejo nacional
A nivel país, el déficit alcanza 980 mil viviendas. La Región Metropolitana concentra 42% de los requerimientos (348.610), aunque con una baja de 11% respecto del informe anterior. En el último período, las mayores reducciones se registraron en La Araucanía, Tarapacá, Atacama, Magallanes y Antofagasta. Arica y Parinacota, en cambio, aumentó 3%, quedando a contracorriente de la tendencia.
En ocho de las 16 regiones predomina el déficit por allegamiento por incapacidad financiera; en siete, el principal factor son las viviendas irrecuperables. Ambos escenarios tienen un mismo rostro social: familias viviendo peor de lo que deberían en un país que prometió mejorar sus condiciones de vida.
La conclusión es incómoda, pero necesaria. Más presupuesto ayuda, pero no reemplaza la planificación ni la mirada social. En Arica y Parinacota, las 15.104 viviendas faltantes no son solo un desafío técnico. Son 15.104 historias de espera, de inestabilidad y de oportunidades postergadas. Y mientras esas historias sigan acumulándose, la crisis habitacional seguirá siendo, ante todo, una deuda con las personas.





