El economista Pablo Peña advierte que el reajuste salarial propuesto para 2026 tendría un impacto limitado frente al alza sostenida del costo de vida, la inflación, los combustibles y la baja productividad que sigue afectando a trabajadores y familias chilenas
La discusión sobre el reajuste del salario mínimo volvió a instalar el debate sobre el poder adquisitivo de los hogares en Chile. Aunque la propuesta del Gobierno busca elevarlo hasta los $546.546 en 2026, distintos expertos advierten que el incremento podría resultar insuficiente frente al aumento sostenido del costo de vida, la inflación y las presiones económicas internacionales.
El economista y académico de Ingeniería Comercial de la Universidad de O’Higgins, Pablo Peña, sostiene que el aumento mensual de $7.546 propuesto por el Ejecutivo difícilmente permitirá recuperar capacidad de consumo en los hogares. A su juicio, el problema no sólo responde al reajuste salarial, sino también a un entorno económico marcado por restricciones fiscales, baja productividad y mayores costos energéticos.
“Las familias enfrentan un escenario económico marcado por restricciones internas y presiones externas. Por un lado, el ajuste del gasto público -que incluye recortes en subsidios, programas sociales y el Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO)- ha generado un alza en los precios del transporte, alimentos y comercio”, explica el economista.
El académico añade que la situación internacional también presiona las economías domésticas. “La economía global acusa los efectos de la guerra en Oriente Medio, con un aumento significativo en los precios de los hidrocarburos y posibles consecuencias recesivas para la economía real en el mediano plazo”, sostiene.
Inflación, combustibles y presión sobre los hogares
Peña advierte que la evolución de los mercados energéticos será determinante para la inflación local durante este año y 2026. Según explica, el precio de los combustibles seguirá impactando directamente el gasto de las familias, especialmente en transporte, alimentos y bienes esenciales.
El economista sostiene que también será clave observar las decisiones del Banco Central y el comportamiento de los mercados financieros frente a las reformas económicas en discusión. “Si la estabilidad internacional mejora, Chile podría fortalecer su crecimiento, especialmente si se concretan inversiones en la industria minera, hoy favorecida por los altos precios internacionales”, plantea.
A ello suma que la evolución de la inflación y la política monetaria terminarán impactando directamente el bienestar de los hogares, particularmente de quienes dependen de empleos más vulnerables y salarios mínimos.
Productividad estancada y empleo precario
Más allá de la coyuntura económica, Peña advierte que el problema de fondo está relacionado con el estancamiento de la productividad laboral en Chile durante los últimos 15 años. A su juicio, este fenómeno limita el crecimiento real de las remuneraciones y reduce las posibilidades de mejorar sostenidamente el poder adquisitivo.
“El crecimiento de las remuneraciones nominales de 2025 cercano al 6% convive con un aumento real acotado y un desempleo en torno al 8,5%. Esto refleja un equilibrio frágil, donde la productividad no logra sostener mejoras estructurales”, señala el experto.
El académico agrega que una parte importante de los trabajadores sigue accediendo sólo a empleos precarios y salarios mínimos, situación que dificulta avanzar hacia mejores condiciones económicas para las familias.
Incentivos a la inversión y eficiencia pública
Frente a este escenario, Peña plantea que el Ejecutivo debiera impulsar medidas orientadas a incentivar la inversión y fortalecer el empleo, junto con mejorar la eficiencia de servicios públicos esenciales como transporte, salud y educación.
“El desafío consiste en aplicar políticas que incentiven la inversión y la contratación, especialmente mediante estímulos tributarios y certezas regulatorias que favorezcan la actividad económica”, afirma.
A juicio del economista, sin medidas que impulsen productividad, competitividad y crecimiento económico, los ajustes macroeconómicos seguirán recayendo directamente sobre los presupuestos familiares durante 2026.



