Estudio Ipsos revela alta apertura a la electromovilidad en Chile, junto con cambios en hábitos de transporte y apoyo a políticas urbanas, aunque persisten brechas en confianza, infraestructura y decisiones de compra que condicionan la transición tecnológica
El interés por los vehículos eléctricos en Chile muestra una señal clara de cambio en el comportamiento de los consumidores, ya qye según el último informe de Ipsos, el 57% de los chilenos declara interés en conducir un vehículo eléctrico, superando en 10 puntos porcentuales el promedio global, fijado en 47%.
El estudio —basado en más de 23 mil encuestas en 31 países— posiciona a Chile entre los mercados con mayor apertura hacia la electromovilidad. El país se ubica entre los tres con mayor interés a nivel global, y marca distancia frente a economías del G7, donde predomina el escepticismo hacia estos vehículos.
Interés creciente, pero decisiones conservadoras
El avance en percepción convive con un comportamiento de compra más tradicional. El 62% de los consumidores prefiere adquirir vehículos de marcas automotrices establecidas, mientras las empresas tecnológicas capturan solo un 14% de las preferencias en el mercado local.
El Country Manager de Ipsos Chile, Nicolás Fritis, explicó que el fenómeno responde a una combinación de factores culturales y económicos. “En Chile observamos una combinación interesante: el consumidor no declara una dependencia tan alta del automóvil como en otros mercados, pero sigue siendo el medio de transporte preferido”.
El ejecutivo resaltó también que los vehículos eléctricos surgen como una alternativa que conecta la urgencia climática con el impacto del precio de los combustibles en los hogares.
El automóvil sigue siendo central en la vida cotidiana
El informe también muestra que, pese a la apertura al cambio, el automóvil mantiene un rol dominante. Uno de cada cuatro chilenos (24%) considera imposible vivir sin auto, mientras el vehículo particular sigue siendo el medio de transporte preferido en el país.
A nivel global, la tendencia es similar, aunque más marcada. El 43% de los encuestados declara no poder prescindir del automóvil, lo que refleja la persistencia de factores prácticos y emocionales en la elección del transporte.
Movilidad versus Electromovilidad
| Indicador | Chile | Promedio global | Implicancia |
|---|---|---|---|
| Interés en vehículos eléctricos | 57% | 47% | Alta apertura del consumidor |
| Preferencia por marcas tradicionales | 62% | 51% | Conservadurismo en compra |
| Preferencia por empresas tecnológicas | 14% | — | Baja adopción de nuevos actores |
| Personas que no pueden vivir sin auto | 24% | 43% | Menor dependencia relativa |
| Apoyo a ciclovías | 77% | 67% | Alta aceptación urbana |
| Apoyo a tarifas de congestión | 52% | 46% | Disposición a regulación |
Cambios en hábitos y espacio urbano
El estudio también revela una transformación en las preferencias de movilidad. El 66% de los chilenos prefiere caminar o usar bicicleta para mantenerse activo, mientras el 77% respalda el desarrollo de ciclovías exclusivas por sobre el promedio global.
A esto se suma un mayor respaldo a políticas urbanas. El 52% apoyaría tarifas de congestión para reducir el uso del automóvil, y el 75% está a favor de priorizar peatones en zonas comerciales.
Seguridad y confianza en nuevas tecnologías
La seguridad vial aparece como una preocupación transversal en el país. El 74% de los chilenos declara estar preocupado por la seguridad en las calles, mientras el 78% apoya endurecer las leyes de tránsito para mejorar las condiciones viales.
En paralelo, la adopción de nuevas tecnologías enfrenta desafíos de confianza. La percepción sobre vehículos autónomos se mantiene dividida, y los niveles de inseguridad superan levemente a quienes confían en este tipo de sistemas.
Una transición en desarrollo
El informe plantea que Chile enfrenta una oportunidad relevante para avanzar en electromovilidad. El alto interés del consumidor abre espacio para acelerar la adopción, mientras las brechas en infraestructura, confianza y hábitos siguen condicionando el ritmo del cambio.
En ese equilibrio, la evolución del mercado dependerá de políticas públicas, inversión y adaptación del sistema. La electromovilidad se consolida como un eje de transformación del transporte, mientras el desafío será traducir el interés en decisiones concretas de compra y uso.



