Por Bernardita Espinoza, vicepresidenta Coordinador Eléctrico Nacional
El apagón del 25 de febrero de 2025 (25F) fue un hecho lamentable y duro para el sector eléctrico, en especial para el Coordinador Eléctrico Nacional, organismo encargado de coordinar la operación y el mercado, entre una serie de funciones adicionales.
Sin embargo, como ocurre con toda crisis, también ha sido una oportunidad para observar el desempeño del sistema en condiciones extremas, revelándonos aspectos como comportamientos no lineales e interdependencias críticas, y las limitaciones de los supuestos de diseño bajo condiciones de estrés. Todo esto es imposible de analizar en una situación normal.
Esta experiencia, seguida de la serie de análisis propios y de prestigiosas instituciones independientes, entre ellas la Universidad de Chile y el Electric Power Research Institute (EPRI), se han traducido en aprendizajes que nos permitieron identificar brechas críticas en cumplimiento normativo e innovación tecnológica, así como la necesidad de ajustes regulatorios relevantes para fortalecer la capacidad de respuesta de un modelo cuya complejidad ha aumentado exponencialmente.
En los últimos años, el sistema eléctrico ha evolucionado desde una estructura centralizada hacia una matriz más atomizada con alta penetración de energías renovables variables, generación distribuida y almacenamiento. Este cambio ha elevado sustantivamente la complejidad operativa, exigiendo mayores niveles de coordinación, flexibilidad y resiliencia que superan los supuestos sobre los cuales fueron diseñadas muchas normativas vigentes.
Por eso, el 25F debe ser entendido no solo como una falla de la red, sino como una llamada de atención estructural al modelo eléctrico chileno. Debemos transformar este aprendizaje en acciones concretas: modernizar la planificación, acelerar la inversión en transmisión y fortalecer estándares de desempeño y fiscalización.
Es indispensable comprender que la seguridad y eficiencia de la red dependen de la coordinación de todos los actores, institucionales y privados. No podemos actuar como adversarios; debemos conciliar posiciones para garantizar seguridad y continuidad del suministro eléctrico, con una actitud autocrítica y colaborativa.
La transición energética no se detiene, pero requiere una institucionalidad robusta y normativa actualizada, junto a un compromiso ineludible con la excelencia técnica. Lo ocurrido el 25F nos duele, pero también nos moviliza para avanzar hacia un sistema eléctrico chileno más resiliente y moderno.
El contenido expresado en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor (a) y no representa necesariamente la visión ni línea editorial de Poderyliderazgo.cl



