Por María José Escudero, Directora de Incidencia y Desarrollo en Fundación Ronda
El 20 de diciembre es el Día Internacional de la Solidaridad, un valor que se materializa en acciones concretas que promueven la equidad, la participación y la eliminación de barreras. Desde Fundación Ronda, todo nuestro quehacer gira en torno a darle voz a las personas con discapacidad, a las personas cuidadoras y a las mujeres, quienes muchas veces deben enfrentar mayores dificultades para ser escuchadas y alcanzar la visibilidad que requieren.
Nos especializamos en impulsar una transformación cultural en materia de inclusión, acompañando a empresas y organizaciones en la gestión del talento diverso y en el valor de las diferencias.
La solidaridad no es una moda ni una acción puntual, ni tampoco puede reducirse a campañas aisladas. Es una forma de enfrentar la vida y relacionarse con el prójimo. En medio de días marcados por símbolos, recogimiento y consumo, resulta pertinente reflexionar sobre su sentido profundo.
Jesús nació en condiciones humildes y, a lo largo de su vida, sus enseñanzas estuvieron centradas en apoyar al desposeído, al marginado, a las personas con discapacidad y en relevar el rol de las mujeres, incluso acogiendo a quienes eran socialmente excluidos. En ese sentido, podría considerarse el primer vocero histórico contra la discriminación.
La solidaridad fue parte central de su discurso y de sus acciones: compartir, acoger, reconocer al otro como persona con necesidades reales, actuar con compasión y empatía. Más allá de credos o espiritualidades, estos principios constituyen valores universales indispensables para construir una sociedad más justa, consciente e igualitaria.
Es fundamental que estos valores se traduzcan en acciones concretas, tanto en personas como en organizaciones públicas y privadas. Cumplir activamente las leyes de inclusión laboral, avanzar en la implementación de la Norma Chilena 3262 de igualdad de género, y promover liderazgos empáticos y responsables es parte de ese camino.
Formarse en inclusión, desaprender prejuicios y reconocer el valor intrínseco de las personas es clave para generar cambios reales. Desde Fundación Ronda, aspiramos a que los liderazgos en Chile comprendan que impulsar organizaciones solidarias, conscientes y con impacto social es una inversión de largo plazo, que trasciende los resultados financieros y contribuye al futuro de la humanidad.
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