Por: Luis Sepúlveda. CEO de Alaya Digital Solutions y AlayIA Trust
Este 26 de agosto se cumplió un año de la aprobación de la Ley de Protección de Datos Personales en Chile, un acontecimiento que merece ser destacado porque no se trata sólo de una norma más: hablamos de un cambio de paradigma que pone a las personas en el centro, refuerza la confianza en la economía digital y nos alinea con estándares internacionales de protección de datos de primer nivel.
Por primera vez, Chile contará con un regulador especializado y autónomo, la Agencia de Protección de Datos Personales, la cual tendrá la misión de fiscalizar, dictar instrucciones y sancionar a quienes no cumplan. Esto transforma el panorama en un país donde la protección de los datos personales era frágil y difusa.
La ley también amplía de manera concreta los derechos de los titulares de datos personales. Ahora las personas pueden exigir la supresión, oposición, bloqueo temporal y portabilidad de su información. En otras palabras, el control de los datos vuelve al ciudadano.
Este avance se sostiene en principios claros: finalidad, proporcionalidad, seguridad, confidencialidad y responsabilidad proactiva. No basta con prometer el cumplimiento, ahora las organizaciones deberán demostrarlo con políticas de datos, métricas, registros y trazabilidad en cada fase del ciclo de vida de la información.
Otro cambio crucial es el del consentimiento libre, informado, específico, inequívoco y revocable. Si se obtiene bajo presión o sin verdadera necesidad contractual, se presume inválido. Se termina con la letra chica en la protección de datos y con los formularios de aceptación automática que tanto han erosionado la confianza en el mundo digital.
El nuevo régimen sancionatorio de la Ley de Protección de Datos Personales también marca un antes y un después: multas hasta 60.000 UTM para infracciones gravísimas y, en caso de reincidencia, hasta el 4% de los ingresos anuales de una organización. Un incentivo real para que la privacidad digital pase a ser una prioridad de directorio, con comités de datos, auditorías internas y métricas de privacidad como parte de la gobernanza.
¿Qué viene ahora para las empresas que manejan datos personales? Actualizarse cuanto antes e implementar una transformación tecnológica interna donde se deben adecuar los sistemas, softwares y manejo de datos de clientes, proveedores y colaboradores en toda la operación de la empresa. El tiempo corre, ya que este proceso debe estar listo antes del 1 de diciembre de 2026.
A un año de su aprobación, esta ley es mucho más que un marco jurídico: es una señal de madurez digital en Chile, una apuesta por la confianza digital y una invitación a construir un ecosistema donde el desarrollo tecnológico y la protección de datos personales avancen de la mano. Porque en la era de la información, la protección de los datos personales es vital para fortalecer la confianza y asegurar un futuro digital responsable.
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