Por Alfonso Sánchez Díaz, presidente de la Cámara Chilena de la Construcción Calama
Recientemente hemos conocido el anuncio del Gobierno respecto de la ampliación y modernización del Aeropuerto El Loa de Calama, una iniciativa que valoramos y que responde a la necesidad de proyectar infraestructura acorde al crecimiento y relevancia estratégica de nuestra comuna.
Calama es la capital minera de Chile. Desde aquí se genera una parte importante de la riqueza del país y diariamente miles de trabajadores, profesionales, proveedores y emprendedores se movilizan hacia distintos puntos del territorio nacional. Por eso, contar con un aeropuerto moderno, eficiente y con capacidad para atender una mayor demanda es una noticia positiva para el desarrollo de la ciudad y de toda la Región de Antofagasta.
Sin embargo, esta importante inversión también nos invita a reflexionar sobre un desafío que persiste desde hace años: la conectividad aérea efectiva entre las regiones del norte de Chile.
Hoy resulta paradójico que, mientras avanzamos hacia un aeropuerto más grande y con mejores estándares, sigamos enfrentando enormes dificultades para trasladarnos entre ciudades que comparten una misma realidad productiva y territorial. No existen vuelos regulares y permanentes que conecten directamente Calama con Arica, Iquique o Copiapó, y las alternativas con Antofagasta son limitadas y poco competitivas, obligando en muchos casos a realizar escalas en Santiago para recorrer distancias que geográficamente son cercanas.
Esta situación no solo afecta a quienes viajan por motivos laborales. También impacta a estudiantes, familias, emprendedores, profesionales de la salud, representantes del mundo público y privado, y a todas aquellas personas que necesitan desplazarse dentro de la macrozona norte para fortalecer vínculos económicos, sociales y culturales.
La descentralización no debe entenderse únicamente como una transferencia de competencias o recursos. También requiere generar condiciones reales para que las regiones puedan relacionarse entre sí de manera eficiente. Un territorio conectado es un territorio con mayores oportunidades de crecimiento, inversión y desarrollo humano.
La macrozona norte concentra actividades estratégicas para el país, como la minería, la energía, la logística, el comercio internacional y el turismo. Ciudades como Arica, Iquique, Calama, Antofagasta y Copiapó cumplen roles fundamentales dentro de esta red de desarrollo. Sin embargo, seguimos observando una estructura de transporte aéreo excesivamente centralizada, donde la mayoría de las rutas obligan a pasar por Santiago, aun cuando el origen y destino se encuentren dentro del mismo norte chileno.
Lo anterior no es un fenómeno nuevo. A comienzos del presente milenio y posteriormente entre los años 2009 y 2014 existieron esfuerzos de compañías aéreas que apostaron por desarrollar rutas interregionales dentro de la macrozona norte. Estas iniciativas demostraron que existía interés y demanda por conectar ciudades como Arica, Iquique, Calama, Antofagasta y otros centros urbanos estratégicos del norte del país.
Dichas experiencias no lograron consolidarse. La entrada de operadores de mayor tamaño en las mismas rutas, con tarifas significativamente más bajas, generó condiciones de competencia que las aerolíneas regionales no pudieron sostener en el tiempo. Como consecuencia, estas compañías terminaron retirándose del mercado y, una vez desaparecida esa oferta, las rutas volvieron a quedar sin cobertura permanente, dejando nuevamente a la zona norte desconectada y obligando a miles de personas a realizar escalas innecesarias para desplazarse entre regiones vecinas.
Ahí surge una reflexión importante. Calama sabe de conectividad, porque alguna vez la tuvo. Durante años existieron alternativas que permitían unir ciudades del norte de manera más directa, fortaleciendo el intercambio económico, social y humano entre territorios que comparten desafíos y oportunidades comunes. Por eso, cuando hablamos de conectividad aérea, no estamos planteando una aspiración imposible, sino recuperando una capacidad que el norte ya conoció y que hoy necesita volver a desarrollar.
Esta experiencia deja una lección importante: la conectividad regional no depende únicamente de la infraestructura aeroportuaria ni de la voluntad empresarial. También requiere un marco regulatorio moderno que entregue certezas y condiciones adecuadas para el desarrollo de nuevas alternativas de transporte aéreo.
Por ello, creemos que el debate sobre el futuro del Aeropuerto El Loa debe incorporar una mirada más amplia. No basta con aumentar metros cuadrados, posiciones de embarque o capacidad operativa. También es necesario avanzar en políticas públicas que permitan fortalecer rutas interregionales permanentes y sostenibles en el tiempo.
Resulta pertinente analizar mecanismos legislativos que incentiven la llegada e instalación de líneas aéreas medianas y regionales, estableciendo reglas claras, certezas jurídicas y condiciones que promuevan una competencia sana. Asimismo, es importante contar con herramientas que permitan prevenir, controlar y sancionar eventuales prácticas que puedan afectar el desarrollo de nuevos operadores y limitar las alternativas de conectividad para las regiones.
La infraestructura es una herramienta para el desarrollo, pero su verdadero valor se materializa cuando responde a las necesidades de las personas y de los territorios. Un aeropuerto más moderno representa una gran oportunidad, pero esa oportunidad será aún mayor si va acompañada de una oferta de vuelos que acerque a las regiones, fortalezca la integración del norte y contribuya a construir un país más conectado y menos centralizado.
Desde la Cámara Chilena de la Construcción Calama creemos que este es el momento adecuado para abrir esta conversación. Porque el desafío no es solo contar con un aeropuerto más grande; el desafío es contar con una conectividad aérea que esté a la altura de la importancia estratégica que tienen Calama, Antofagasta, Copiapó y toda la macrozona norte para Chile.
Ese es el verdadero salto que necesitamos dar. La conectividad no se mide por el tamaño de un terminal aéreo, sino por las oportunidades reales que tienen las personas para encontrarse, trabajar, estudiar y desarrollarse. Un aeropuerto más grande es importante; un norte verdaderamente conectado es indispensable.
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