Iniciativa desarrollada por estudiantes de doctorado obtuvo el primer lugar entre 22 postulaciones y recibió un premio de un millón de pesos
Thermogro fue reconocida como la Innovación del Año PUCV 2025, en una ceremonia que cerró el ciclo anual del Ecosistema de Innovación y Emprendimiento de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. El reconocimiento no solo puso en valor el resultado técnico del proyecto, sino también el rol estratégico de la universidad en la formación de capital humano avanzado, capaz de responder a desafíos productivos y ambientales concretos.
La iniciativa, desarrollada por estudiantes del Doctorado en Biotecnología de la PUCV y la Universidad Técnica Federico Santa María, propone un biofertilizante con bacterias activas en un amplio rango térmico, una característica que permite su aplicación en contextos de altas temperaturas. El proyecto dialoga directamente con el impacto del cambio climático en la agricultura, especialmente en territorios donde los eventos extremos ya condicionan la productividad.
Desde la gobernanza universitaria, el vicerrector de Investigación, Creación e Innovación, Luis Mercado, situó el reconocimiento en una lógica de proceso y no de hito aislado. En ese sentido, explicó que “esta jornada marca el cierre de un trabajo anual enfocado en talento, emprendimiento y formación de estudiantes de pre y postgrado, a través de iniciativas que consolidan competencias en innovación”.
Asimismo, el vicerrector recalcó que este tipo de resultados responde a una planificación institucional de largo plazo, señalando que “el fortalecimiento de capacidades avanzadas está alineado con el Plan de Desarrollo Estratégico 2023-2029, donde la innovación y el emprendimiento son competencias fundamentales”.
Ecosistema, transferencia y proyección territorial
La validación de Thermogro se concretó mediante un pitch de tres minutos, instancia que permitió evidenciar el nivel de madurez alcanzado por la propuesta. Tras recibir el reconocimiento, Johanna Cortés, representante del equipo, destacó el acompañamiento estructural del ecosistema universitario. “Haber ganado fue una sorpresa, pero también una confirmación del apoyo que existe detrás de estos procesos: InES, OTL, Chrysalis, TIM y CREA”, señaló, subrayando que “es un camino largo y acompañado, y hoy se ve el impacto de ese trabajo”.
En esa misma línea, Cortés puso énfasis en el aprendizaje institucional acumulado, indicando que “lo que hoy presentamos no habría sido posible hace un año, y eso es resultado directo del apoyo sostenido de la Universidad”. La afirmación refuerza el valor del ecosistema como plataforma de aceleración de proyectos con potencial de transferencia tecnológica.
Desde la Dirección de Innovación, Macarena Rosenkranz explicó que el foco está puesto en acompañar soluciones con proyección real. Según detalló, “muchos proyectos parten desde una idea inicial y avanzan en su nivel de desarrollo tecnológico, algunos incluso hacia emprendimientos de base científico-tecnológica”, lo que reafirma el rol de la universidad como actor activo en la cadena de valor de la innovación.
Finalmente, el coordinador de Innovación y Emprendimiento, Pablo Zamora, vinculó el reconocimiento con el impacto territorial, destacando que “nuestros estudiantes están próximos a transformarse en emprendedores científico-tecnológicos, con soluciones que responden a necesidades reales, como la agricultura”. En ese marco, agregó que “el ecosistema crece cuando el conocimiento se traduce en respuestas concretas para el territorio”.



