Con más del 88% de la población en zonas urbanas, el país enfrenta presiones en movilidad, energía y servicios. Estudios muestran que la interoperabilidad de datos permite reducir hasta 20% el consumo de recursos y anticipar riesgos operacionales y climáticos.
La transformación urbana entró en una fase de escala y ejecución. Las llamadas ciudades inteligentes —que integran inteligencia artificial (IA), Internet de las Cosas (IoT) y análisis de datos en tiempo real con infraestructura digital— se consolidan como un eje para la gestión urbana eficiente y la competitividad empresarial. Las proyecciones del mercado apuntan a que el segmento podría duplicar su tamaño hasta US$ 1,45 billones al 2030, desde un nivel actual cercano a US$ 700 mil millones.
En Chile, el contexto acelera esta agenda. Más del 88% de la población vive en zonas urbanas, según el Banco Mundial, lo que tensiona sistemas de movilidad, energía, agua y servicios públicos en un escenario de mayor variabilidad climática. La discusión ya no es si incorporar tecnología, sino cómo integrarla para resolver cuellos de botella estructurales y reducir costos operativos con impacto medible.
Datos, interoperabilidad y eficiencia
El estudio “Ciudades cada vez más inteligentes” de KPMG (enero de 2025) subraya que la integración de datos urbanos y la interoperabilidad entre sistemas aceleran ganancias de eficiencia tanto para gobiernos como para empresas. Sectores como retail, logística, energía, salud y manufactura ya reportan reducciones de hasta 20% en desperdicio de energía y agua, además de mejoras en productividad y operaciones más predecibles.
La lógica es conocida en el mundo empresarial, pero su traslado a la gestión urbana supone un cambio de escala: sensores, plataformas de datos y analítica permiten pasar de decisiones reactivas a modelos predictivos, con capacidad para anticipar riesgos climáticos y operacionales y optimizar el uso de infraestructura existente.
“Las smart cities representan el epicentro de la revolución urbana: tecnología, datos, inteligencia artificial e IoT son palancas fundamentales que permiten a empresas de todos los sectores optimizar sus operaciones en tiempo real”, afirma Marjorie Ann Guerra Neira, gerente de Digital Studios de TIVIT Latam. En su visión, la convergencia entre eficiencia y sostenibilidad se traduce en impactos concretos: ciudades más ordenadas, menor huella ambiental y servicios más fluidos.
Referentes internacionales y aprendizajes para Chile
A nivel global, Zúrich y Oslo suelen citarse como casos de uso: despliegue de sensores y plataformas de datos para optimizar iluminación urbana, movilidad eléctrica y monitoreo ambiental. Más que vitrinas tecnológicas, estos ejemplos muestran el valor de integrar capas de información para mejorar decisiones públicas y coordinar actores.
Para Santiago y otras ciudades del país, la oportunidad es doble. Por un lado, modernizar la gestión pública y mejorar la prestación de servicios esenciales; por otro, habilitar un entorno donde empresas puedan innovar, reducir fricciones y escalar productividad. En un mercado donde la urbanización seguirá creciendo —con proyecciones de hasta 68% de la población mundial en ciudades hacia 2050—, la infraestructura digital integrada aparece como un habilitador clave.
De la infraestructura a la gobernanza digital
La discusión no se agota en hardware o software. Avanzar hacia ciudades inteligentes implica estándares de datos, ciberseguridad, gobierno de plataformas y capacidades de operación interinstitucional. Desde la perspectiva de proveedores tecnológicos, el despliegue de nube, automatización, IA y soluciones SaaS se cruza con una demanda por medición de resultados y retornos claros en eficiencia y resiliencia.
En términos de política pública y estrategia empresarial, el desafío es priorizar casos de uso con impacto en movilidad, energía, clima y servicios; asegurar interoperabilidad; y construir capacidades de análisis que sostengan decisiones basadas en evidencia. La promesa de las smart cities, en ese marco, no es solo tecnológica: es operativa y fiscal, al permitir hacer más con los mismos recursos en ciudades bajo presión.



