El sector forestal chileno enfrenta un escenario de alta complejidad, marcado por la caída del fomento productivo, tensiones sociales y desafíos de infraestructura, pero también por oportunidades de reactivación si se adoptan definiciones estratégicas desde la política pública.
En ese contexto, Ignacio Vera Izquierdo, gerente general de Forestal Santa Blanca, advierte que la administración que asumirá el próximo 11 de marzo recibirá una industria afectada por múltiples factores acumulados. El ejecutivo describe este escenario como una “tormenta perfecta”, en la que confluyen restricciones económicas, pérdida de incentivos y dificultades para sostener el desarrollo del mundo rural.
Fomento y rol de las pymes forestales
Uno de los ejes centrales, según Vera, es la pérdida de protagonismo de las pymes forestales, especialmente tras el término de políticas de apoyo vigentes hasta 2012, por lo mismo el gerente general subraya que la silvicultura presenta particularidades estructurales que requieren una mirada de largo plazo, distinta a otros rubros productivos.
En esa línea, plantea que se ha pasado por alto que la silvicultura es un “negocio de paciencia”, dado que, a diferencia de los cultivos agrícolas de retorno más corto, una plantación de pino requiere ciclos productivos de alrededor de 20 años. Esta condición, señala, dificulta que pequeñas y medianas empresas puedan inmovilizar capital por largos periodos sin respaldo estatal.
Asimismo, el ejecutivo plantea que las pymes forestales fueron históricamente un motor del desarrollo rural, impulsadas por instrumentos de fomento que hoy no existen. En la misma línea, advierte que reactivar este segmento permitiría recuperar empleo local, actividad productiva y encadenamientos en territorios rurales.
Modelo productivo, sostenibilidad e infraestructura
Al diagnóstico económico se suma, según Vera, una discusión cultural en torno al sector, ya que Vera sostiene que la industria forestal ha sido objeto de cuestionamientos, particularmente en relación con el uso del pino. En ese marco, plantea que en zonas erosionadas del secano costero, esta especie ha permitido generar cobertura vegetal y contener procesos de desertificación.
Como alternativa, propone avanzar hacia un modelo de mosaicos forestales, que combine áreas productivas con conservación, cortafuegos biológicos y manejo integrado del paisaje. Este enfoque, según expone, permitiría operar bajo estándares de sostenibilidad actuales y fortalecer la validación social del sector, especialmente para las pymes.
Por su parte, la infraestructura aparece como un factor crítico para la viabilidad del sector. Vera advierte que proyectos estratégicos, como el nuevo puerto comercial en Constitución —con una inversión estimada de US$ 532 millones—, podrían perder impacto si no se ejecutan obras complementarias clave.
En ese sentido, menciona la necesidad de avanzar en la doble vía San Javier–Constitución (Ruta L-30-M), infraestructura que considera relevante tanto para la seguridad vial como para la conexión de productores forestales con mercados nacionales e internacionales.
Finalmente, el gerente general de Forestal Santa Blanca plantea que el Presidente electo, José Antonio Kast, enfrenta el desafío de liderar una alianza público-privada más amplia, incorporando no solo a grandes compañías, sino también a pymes forestales en la discusión de políticas sectoriales.
En ese marco, concluye que “Su administración debe ser la encargada de sincronizar la inversión en obras públicas con el fomento productivo, promoviendo una silvicultura que, lejos de ser el problema, sea parte de la solución para la recuperación de suelos degradados y el motor de desarrollo para miles de familias”.



