Diagnósticos recientes advierten que la protección de datos se ha transformado en un desafío urgente para las organizaciones chilenas, en un contexto de mayor fiscalización, digitalización acelerada y uso intensivo de información personal.
En 2026, la protección de datos personales dejó de ser un ejercicio de preparación y se transformó en un desafío operativo y estratégico inmediato para las organizaciones en Chile. A menos de un año de la entrada en vigencia plena del nuevo marco regulatorio, distintos estudios y diagnósticos advierten brechas relevantes en gobernanza, cultura organizacional y capacidades internas, en un entorno marcado por la digitalización y el uso intensivo de datos.
En el contexto del Día Internacional de la Protección de Datos Personales, que se conmemora cada 28 de enero, el tema se posiciona como una preocupación central para el mundo empresarial, especialmente ante un escenario regulatorio más exigente y con mayores niveles de fiscalización. Las organizaciones enfrentan la necesidad de articular de manera integrada gobierno de datos, tecnología y seguridad de la información, superando enfoques fragmentados.
Distintos diagnósticos coinciden en que la ausencia de una visión transversal del dato como activo estratégico se ha convertido en una de las principales brechas. Esta falta de integración dificulta la adaptación a las nuevas exigencias normativas y aumenta el riesgo operativo y reputacional, particularmente en sectores intensivos en información.
Rezagos en estrategia y gobernanza de datos
Un estudio reciente de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile evidenció niveles limitados de preparación en el ecosistema empresarial. La primera encuesta nacional sobre seguridad y protección de datos, realizada entre junio y julio de 2025 a 986 ejecutivos de empresas y entidades públicas, mostró que solo un 29,11% cuenta con una estrategia clara de protección de datos personales.
Asimismo, el 39,96% de los encuestados reconoció no saber si su organización está preparada para enfrentar los cambios regulatorios, lo que refleja incertidumbre y debilidades en la planificación estratégica frente al nuevo escenario.
Desde Axity advierten que estos resultados dan cuenta de una aproximación tardía y fragmentada al desafío. “Muchas empresas todavía ven la protección de datos como un proyecto puntual, desconectado de su estrategia tecnológica y de su gobierno de datos”, señalan desde la compañía, agregando que este enfoque resulta insuficiente frente a las exigencias actuales.
En ese contexto, destacan que la protección de datos debe construirse como una capacidad permanente del negocio, sostenida por tecnología, procesos y cultura organizacional, y no como una iniciativa aislada.
Desafíos operativos, cultura y rol de la alta dirección
Uno de los principales focos de riesgo identificados se relaciona con la gestión de los derechos de los titulares de datos, como acceso, rectificación, eliminación u oposición. En muchas organizaciones, estos procesos siguen siendo manuales, poco trazables y con tiempos de respuesta extensos, lo que incrementa el riesgo de incumplimiento normativo.
“La gestión de derechos no puede depender de correos o formularios dispersos. Requiere plataformas tecnológicas que aseguren automatización, trazabilidad y responsabilidades claramente definidas”, explican desde Axity, subrayando el rol de la tecnología como habilitador del cumplimiento y la eficiencia operativa.
A ello se suma la baja sistematicidad en las evaluaciones de impacto en privacidad, especialmente relevante en un escenario de creciente uso de inteligencia artificial, analítica avanzada y modelos automatizados, donde los datos personales influyen directamente en la toma de decisiones. Sin un adecuado gobierno de datos, estas iniciativas pueden amplificar riesgos legales, éticos y reputacionales.
Otro desafío estructural identificado es la cultura organizacional. En muchas compañías, la protección de datos no está plenamente internalizada, lo que se traduce en brechas de capacitación y una débil conciencia sobre los riesgos asociados al tratamiento de información personal. Esta situación impacta directamente en la seguridad de la información, considerando que una parte relevante de los incidentes tiene su origen en errores humanos.
“El diseño de una estrategia de protección de datos debe ir necesariamente acompañado de una estrategia robusta de seguridad de la información. No es posible proteger datos personales sin controles técnicos, monitoreo continuo y una arquitectura de seguridad alineada con los riesgos del negocio”, enfatizan desde la consultora.
El diagnóstico también evidencia un bajo involucramiento de los directorios en esta materia. El nuevo marco regulatorio exige un rol más activo de la alta dirección, incorporando la privacidad como eje central de la gestión de riesgos y de la estrategia corporativa.
“La protección de datos no puede quedar confinada a las áreas legales o de TI. Requiere patrocinio desde el directorio y la gerencia general, porque impacta decisiones de negocio, modelos operativos, uso de tecnología y la relación con clientes, colaboradores y terceros”, agregan desde Axity.
Un año decisivo para la adaptación organizacional
Con la cuenta regresiva en marcha, 2026 se perfila como un año clave para las organizaciones en Chile. La protección de datos se consolida como un desafío transversal, que va más allá del cumplimiento formal y obliga a repensar procesos, roles y tecnologías, integrando gobierno de datos, seguridad de la información y transformación digital.
En este escenario, las organizaciones que no aceleren su adaptación enfrentarán mayores riesgos regulatorios, operativos y reputacionales, en un entorno donde la protección de los datos personales dejó de ser opcional y se convirtió en una exigencia estructural del mercado.



